Sabotaje me suena a ficciones de espías

Sabotaje me suena a ficciones de espías

12/04/2019

La palabra sabotaje no debe tomarse a la ligera o ser esgrimida con fines políticos, ya que tiene connotaciones bélicas, de confrontación, incluso violenta. Tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador como el director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Barlett Díaz, la mencionaron ayer, como quien se saca un conejo de la chistera; un conejo explosivo. Ambos plantearon la duda sobre los motivos del apagón que se registró la semana pasada y que afectó toda la Península. Que Lopez Obrador acepte la posibilidad de que la falla fue ocasionada, que tuvo intenciones políticas es sumamente grave, ya que es la aceptación implícita de la existencia de grupos opositores capaces de recurrir a tácticas violentas para desestabilizar al poder institucional. Estas supuestas fuerzas opositoras, al atacar infraestructura clave para la economía del país, estarían demostrando que parte de la población ha renegado de la democracia y ha optado por diversas vías, violentas e ilegales. Claro, tanto López Obrador como Barlett Díaz calificaron a esos supuestos saboteadores como “neoliberales”. El presidente —de 65 años de edad— y el director de la Comisión Federal de Electricidad —de 82 años— son integrantes de generaciones en las que proliferaron grupos políticos armados, tanto de derecha como de izquierda. El presidente, incluso, coqueteó con algunos, y mostró sus simpatías abiertamente; también, en varias ocasiones, amagó precisamente con sabotear instalaciones petroleras de Tabasco. Barlett, desde otra trinchera, combatió a esos grupos en ese episodio de la historia conocido como “guerra sucia”.  Ambos, anclados en el pasado, no han advertido de lo peligroso que representan sus declaraciones, de lo anacrónicas y peregrinas. Tanto el presidente como el tránsfuga fueron poco serios, irresponsables al lanzar este tipo de molotov; saboteadores metafóricos de una calma que ahora se muestra chicha, como la que antecede a las peores tormentas. Los políticos como López Obrador y Barlett están en extinción, precisamente por el meteoro de la democracia que se ha consolidado en el país; pueden ellos pensar que vivimos en los setenta u ochenta, pero es nuestro deber recordarles, constantemente, la fecha correcta.  No bastan sus sospechas: hay que mostrar pruebas.