Que no es cobarde ni timorato

Que no es cobarde ni timorato

31/05/2019

A latinoamericanos demócratas nos ha apenado que México haya optado por una posición neutral ante lo que está ocurriendo en Venezuela, como si se pudiera ser neutral frente a la peste bubónica. Esta durísima recriminación la hizo esta semana Mario Vargas Llosa. Tal y como sucedió décadas atrás, cuando el autor de La fiesta del Chivo calificó al régimen del PRI como la dictadura perfecta, la maquinaria se activó para lincharlo. En el pasado, fue la troika la que se encargó de denostar al autor, a quien por años se le consideró persona non grata. Ahora, fue la guardia pretoriana lopezobradorista la que lo quemó en leña, tan verde como la casa en la que se desarrolla la novela del génesis vargasllosiano. Pero Vargas Llosa tiene razón.  Específicamente en la política internacional, hay situaciones en las que México no se puede parapetar en la doctrina Estrada. Venezuela es una de ellas, y la forma en la que se ha conducido la administración encabezada por López Obrador más que obedecer un principio se guía por las filias del partido en el poder. Basta con ver a la presidenta de Morena felicitando a gorilas cubanos o lanzando órdagos a politburós chinos. Ayer, el presidente estadounidense Donald Trump anunció aranceles de 5 por ciento a partir del 10 de junio a todos los productos importados desde México, en represalia porque considera que el país no redobla esfuerzos para detener migrantes. Los aranceles permanecerán hasta que se detenga el flujo de migrantes ilegales que pasan por México, agregó. Además, amenazó con aumentarlos gradualmente «hasta que se resuelva el problema de la migración ilegal». El gobierno de López Obrador no sólo ha rehuido al debate con Trump, sino que incluso le ha hecho el trabajo sucio, como en el caso de los migrantes centroamericanos, reducido el país a mezquino filtro, a cadenero de indeseables. En la negociación del tratado de libre comercio, mientras México era tratado como tapete, triste punching bag, aquí López Obrador respondía las preguntas que leía el reportero Molécula y se reía cuando Sandy lo comparaba con un maratonista keniano. Veamos cómo reacciona esta cuatro te ante la bravuconada de Trump, pero lo más probable es que se opte de nuevo por la inacción, la pasividad; el país será, de nuevo, sodomizado diplomáticamente.  La carta con la que respondió ayer López Obrador así lo demuestra. A pesar de que la maquinaria de propaganda intentó mostrar al presidente como un «estadista» por enviarla, la forma y el fondo de la misma demuestran lo contrario. Así, mientras el núcleo duro lopezobradorista, desde Ebrard hasta Sheinbaum,  se deshacían, como polvorones, en elogios —mexicanos al grito de «es un honor estar con Obrador»—, se leía atónito a un presidente mexicano recalcar que no era cobarde ni timorato, especificando siempre que su respuesta era en «son de paz».  Las reminiscencias históricas inútiles, la tácita aceptación de hacer el trabajo sucio estadounidense y ese golpecito endeble contra el lema de campaña de Trump no convierte a nadie en estadista...