Los agachados

Los agachados

03/06/2019

POR: EL CONDE DE MONTECRISTO 

Cumplidos los primeros ocho meses del segundo gobernador panista que hoy gobierna Yucatán vale la pena recordar aquella serie de caricaturas de Eduardo del Río (Rius), titulada 'Los Agachados', serie que surgió luego de que el caricaturista tuviera problemas con la editorial Meridiano, que publicaba a 'Los Supermachos'.

Se trataba de una serie de personajes de “Chayotitlán” otro mítico pueblo de la provincia mexicana -el primero fue “San Garabato de las Tunas Cuc” en la serie de “Los Supermachos”-un pueblito representativo del entorno político predominante en la época de los años 40's, 50's, 60's y 70's. 

Los “Agachados” contaba las aventuras y desventuras de aquellos mexicanos que no pertenecían a lo que Octavio Paz, en su ensayo “El Laberinto de la Soledad” llamaba el grupo de “Los Chingones”, es decir, aquellos compatriotas pobres que como Chon Prieto, sufren una debilidad profunda a causa de la cooptación, el engaño, la deformación y la manipulación de otros mexicanos que por su propia “chingonería” son dignos de admiración por parte de los “Agachados”.

Hoy me referiré a aquellos agachados que no lo son tanto. Se trata de personajes políticos que como la jerga del dominó cubano, “pasan agachados” como los jugadores que saben que llevan un número de ficha muy bueno pero simplemente no la ponen al centro de la mesa para luego sorprender a sus oponentes o bien, porque simplemente no son tan tontos para revelarse antes de tiempo.

De esta manera me referiré al primer agachado y el más notorio: Joaquín Díaz Mena, cuyo silencio es proporcionalmente inverso a su interés de aparecer en los actos de la vida pública en Yucatán.

El ex panista pasa agachado cuando contempla el desastre que el inicio de la Cuarta Transformación ha dejado a su paso por Yucatán: despidos en la administración pública, restricciones nunca vistas en el ámbito académico, el desastre en la integración de padrones de becas y apoyos a los yucatecos, la indefinición en delegaciones claves en Yucatán como el Infonavit y la propia Secretaría del Medio Ambiente, además de la afectación por los recortes presupuestales al sector salud por poner un solo ejemplo. 

Para “Huacho” parecen no aumentar las listas, y las filas para cobrar las diversas transferencias de dinero a estudiantes, jóvenes, adultos mayores, productores, artesanos, pescadores, personas con discapacidad, padres con niños en edad de crianza…Según él, se trata de un tema de logística que poco a poco se irá resolviendo en una lógica que parece ignorar y pasar por alto ese austericidio federal que ahoga ya a los más pobres de Yucatán, pues se trata de una austeridad que daña la calidad de vida de sus destinatarios, como sería el caso de los yucatecos más vulnerables que padecen cáncer.

Nada de eso existe para el ex panista y ex priista que pasa agachado ofreciendo lo que no puede ofrecer y al mismo tiempo exigiendo derecho de Pernada para someter los presídiums en actos oficiales y colgarse de la poderosa narrativa de AMLO; que con niveles de credibilidad inéditos en la historia contemporánea nacional, a decir de algunos, ha podido sortear tropiezos diversos: desde la cancelación del NAIM hasta el malestar por recortes presupuestales, pasando por el desabasto de gasolinas.

La segunda agachada es Rosa Adriana Díaz Lizama: desde que asumió el liderazgo de la bancada panista en la actual legislatura la política de Buctzotz se ha caracterizado por sus indefiniciones y su constante coqueteo con la fracción priista en el Congreso local. 

Más allá de sus aspiraciones personales que iniciaron bajo el cobijo de Beatriz Zavala Peniche en tiempos de Felipe Calderón, la diputada panista ha sido incapaz de transparentar una estrategia política que distinga las conjuras de las alianzas ahora que el PAN no es mayoría en la actual Legislatura. 

El discurso panista en el Congreso local ha dejado de señalar realidades tangibles y poderosas como la crisis financiera en que se recibió el gobierno del Estado, el deterioro crónico del sistema de salud con las listas de espera, la falta de quirófanos, el desabasto de medicinas, personal médico y equipo insuficiente que viene desde los tiempos de Rolando Zapata Bello. 

Sólo la mezquindad podría adjudicarle al actual gobierno el deterioro del sistema de salud, pues la crisis del menor fallecido en brazos de su madre, en las aceras del Hospital O’ Horán fue un dardo que la diputada esquivó en silencio,  omisión que lastimó el corazón de la campaña que colocó al PAN de nuevo en la gubernatura. 

Una sola palabra suya tampoco salió para defender desde el principio de la actual administración la negociación de un presupuesto que Felipe Cervera y Alejandro Cuevas regatearon al gobernador Vila Dosal  para medirle el agua a los camotes antes de que los diputados afines a Jorge Carlos Ramírez Marín salieran a defenderlo. 

Porque para Rosa Adriana Díaz Lizama fue más importante asegurar los derechos paritarios de la clase política con su iniciativa de reforma electoral que asegurar el derecho al matrimonio igualitario de una clase social que asegura que a la larga, cobrará el costo político y electoral al PRI y al PAN para seguir haciendo el caldo gordo a los progresistas más recalcitrantes. 

Es el pragmatismo de aguantarle desplantes a Felipe Cervera, con el objetivo de que la relación entre el PAN y el PRI siga fluyendo y la foto entre ambos sea para presumir el gatopardismo de una parte del sistema panista yucateco que finge que algo se cambia para que las cosas sean igual.

El silencio agachado de Rosa Adriana parece no admitir que la cosa estaba mal. Pero se puso peor. Como cuando quitas las cubetas que contenían el agua de las goteras y la humedad hace destrozos.

El último de los agachados y por rebote es el presidente estatal del PAN, Asís Cano Cetina: incapaz de argumentar y exponer, el joven político es apenas la sombra de quienes han dirigido este instituto político en tiempos boyantes y también en tiempos difíciles y de incertidumbre.

Para Asís Cano se vive en Yucatán el mejor de los mundos posibles: con un gobernador y un alcalde panista pareciera que el adoctrinamiento es un fantasma del pasado que no tiene caso convocar para no generar falsas expectativas.

Atrapado entre en éste limbo político sufre la presión de los liderazgos panistas emergentes como Renán Barrera Concha, Cecilia Patrón Laviada y Elías Lixa, corriendo el peligro de ser calificado como el presidente de una institución política conocida como “H”, porque es muda y no se pronuncia.

No ha sido capaz de vislumbrar los problemas de Yucatán ante una Cuarta Transformación en la que el reparto de dinero sólo alimentará el clientelismo sin modificar de fondo la estructura de desigualdad de la entidad. 

Tampoco pudo emitir ningún pronunciamiento ante las consecuencias negativas por la desaparición de los programas tradicionales de la extinta Sedesol: Progresa, 3x1, estancias infantiles subsidiadas y apoyos a organizaciones de la sociedad civil. 

Como una calculadora china, este joven llega luego de varios meses en el cargo sin sumar o restar al liderazgo del gobernador Vila Dosal que todas las semanas gestiona en la capital del País todas las ayudas posibles ante un Presidente que a pesar de todo tiene arrastre popular, credibilidad y una alta expectativa de cambio. 

Cano Cetina se desdibuja, se agacha porque no es un liderazgo que confronte o descalifique a la oposición, tampoco cuestiona a los llamados organismos autónomos, no se relaciona con las organizaciones de la sociedad civil y ya no digamos con otras autoridades de su partido. 

Existen “Agachados” en todos los partidos, sin embargo, estos tres políticos no han captado que hoy viven en una clase política que necesita acercarse más a la realidad y menos al verbo, menos austericidio, más esperanza y menos dislates.