Gobernar con un fantasma

Gobernar con un fantasma

04/06/2019

En Lomas Taurinas hubo dos asesinatos: el de Luis Donaldo Colosio y el de las aspiraciones presidenciales de Manuel Camacho. La tragedia de ese 1994 apagó la voracidad de poder del político, entonces priista; mejor pasar a la historia como perdedor que como mercader de tragedias. Miguel Barbosa no tuvo tantos escrúpulos que Camacho, y cuando aún no se confirmaba la muerte de Martha Erika Alonso, ya había levantado la mano para contender por la gobernatura de Puebla… Otra vez. Incluso los engranajes de Morena, que se mueven aceitados por una sed de totalitarismo, chirriaron con el oportunismo de Barbosa. Sin embargo, el descaro triunfo sobre el decoro y el otrora rival de la gobernadora fallecida se convirtió en candidato… Otra vez. Barbosa sabía que su única fortaleza electoral era la inercia de las elecciones en las que arrasó Andrés Manuel López Obrador, certeza que se reflejaba en sus discursos. El abanderado morenista repetía, hasta la ronquera, términos como la cuatroté y frases como me canso, ganso; tal vez el único ingrediente original de su mensaje fue los conozco, mosco. Beneficiado por la tragedia, Barbosa ganó. Sin embargo, una vez digeridas las cifras de la votación, lo hizo por poco. Sólo quince poblanos de cada cien que podían hacerlo votó por él —665,102 votos, el 14.49 por ciento del padrón. Su partido, Morena, fue tachado en 383,135 boletas, mientras que el PAN, 412,019. Es decir, en un uno a uno, el partido oficial hubiera perdido. En realidad, Barbosa es gobernador gracias al PT y al Verde Ecologista: por eso Fernández Noroña se pavoneaba el domingo en la angelópolis y protagonizaba diabluras en Twitter.  El porcentaje de votación sólo de Morena en Puebla descendió más del diez por ciento de 2018 a 2019, porcentaje similar en los otras entidades que coincidieron en las urnas, resultado, desde mi óptica, a la sobreexposición mediática de López Obrador y a la zigzaguente administración de resentidos. A pesar de haber perdido dos de sus principales bastiones: además de Puebla, Baja California, el PAN se consolida como el partido de oposición más fuerte, en contraste con el PRI, que se debate entre quebrarse o doblarse. Morena, que ahora atraviesa un valle —muy bien ocultado por la neblina de la propaganda: «¡Arrasamos!» «¡Fue una barrida!» «¡Aplanadora!»— puede fortalecerse una vez que esté al cien la entrega de los programas sociales, cuyo único fin es, no nos hagamos, proselitista. Este es el escenario con el que comienza la cuenta atrás de las elecciones intermedias, en las que se definirá si el resultado de las elecciones del año pasado fueron sólo la llamarada de un líder carismático o el génesis de un nuevo régimen.