Un voto para 
tres retos

Un voto para 
tres retos

04/06/2021

Por José Miguel García Vales

Hay un desafío impostergable, superar la crisis derivada por la pandemia de la Covid-19. Salir a votar el 6 de junio, es la mejor herramienta que tenemos los ciudadanos para elegir las opciones políticas que puedan implementar las mejores acciones que resuelvan esta crisis.

Desde luego, existen otros problemas públicos y disputas políticas. A nivel nacional, las campañas y el debate se ha centrado en la conformación de la Cámara de Diputados con el objetivo de respaldar el proyecto presidencial o ampliar la capacidad de la oposición. 

En términos generales se ha planteado que el número de curules para uno u otro bando determinará cómo se estructurará el presupuesto -y con ello el dinero destinado a los programas sociales y obras públicas-, si saldrán adelante reformas constitucionales o la situación de los organismos autónomos.

A diferencia de otros estados que elegirán a gobernadores, en Yucatán la política local se ha enfocado en la elección de un nuevo alcalde para Mérida, así como en los restantes 105 municipios. Está en juego como quedará la correlación de fuerzas territoriales de los partidos políticos, sin embargo, el tema central ha sido si Mérida reelegirá a su alcalde o si lo cambiará. 

Mérida tiene ante sí, su eterna paradoja, la desigualdad; y por tanto, el voto serviría para elegir cual gobierno será más efectivo para reducirla. Tan solo un ejemplo: el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señala en su Índice de Competitividad Urbana del 2020 que, si bien Mérida ocupa la tercera posición más alta entre las ciudades de más de un millón de habitantes, en el indicador de la población que vive por debajo de la línea del bienestar tiene una calificación de 69.63; es decir, el 7 de cada 10 personas no tiene suficientes ingresos para cubrir todas sus necesidades. 

En este indicador, Mérida está 6 puntos por encima del promedio nacional. Y si lo comparamos con una ciudad como Querétaro, muchas veces puesta como aspiración de desarrollo, la diferencia es abismal. Apenas el 8.39% de la población de la ciudad del Bajío está por debajo de la línea de bienestar.

Así las cosas, a nivel nacional se juega el proyecto político presidencial para la segunda mitad del periodo de Andrés Manuel López Obrador. En Mérida, cómo resolver, desde el ámbito municipal, la paradoja del desarrollo desigual.

Pero a mi juicio, lo más importante, tanto en términos inmediatos como estructurales, está relacionado en cómo superar la crisis de la Covid-19. 

En ese sentido, considero que la reflexión del voto, es decir por quién o por cuál partido votar, debería valorarse en función de sus propuestas en tres retos prioritarios: el empleo de las mujeres, la atención médica y la recuperación de la educación.

Presentaré unos datos y reflexiones que nos muestran por qué estos tres problemas públicos son prioritarios. 

Primero, las mujeres han sido las más afectadas por la caída de la actividad productiva. Si bien la incorporación laboral de las mujeres había sido tenue desde el 2005, al pasar de 41% al 45% de las mujeres económicamente activas, la pandemia ha ocasionado regresar a los mismos niveles de hace 15 años. 

Otra forma de verlo es que de los 2.1 millones de empleos perdidos, 1.5 millones fueron mujeres; 7 de cada 10.

Entre las razones de este descenso se pueden encontrar la mayor presencia de mujeres en sectores golpeados como el turismo, restaurantes y diversos servicios. Otro, la decisión de familias, voluntaria u obligada, de que la mujer renunciara a su trabajo para dedicarse al cuidado de hijos o familiares. 

La pandemia aún no termina, pero el 6 de junio debería ser un punto de inflexión para que los nuevos servidores públicos pongan las condiciones para recuperar los empleos femeninos perdidos y especialmente protegerlos ante las debilidades productivas y sociales. Es esencial elevar el empleo formal. 

También se debe recuperar el nivel de ingresos de las mujeres de manera individual y de las familias que han perdido el salario aportado por las mujeres. 

Si no se aborda este problema desde una perspectiva de género, valdrá verlo desde una perspectiva meramente económica. De acuerdo al IMCO, “en 2030, el PIB de México puede ser 15% mayor que el de 2020 si sumamos a 8.2 millones más de mujeres a la economía en los próximos 10 años”. Por eso, este es un asunto prioritario en la agenda pública.

Segundo, los 3.7 millones de muertos en el mundo, de los cuales 228 mil han sido mexicanos y 40 mil de ellos han fallecido en Yucatán, han hecho emerger las fallas de los sistemas de salud. 

Vendrá el tiempo de hacer auténticas autopsias para revelar por qué y cómo colapsaron los sistemas de salud; ya sean tan robustos como los europeos, de calidad pero privatizados como los de Estados Unidos o débiles como el mexicano.

Seguramente, se pondrán en marcha acciones para construir infraestructura hospitalaria. Si bien necesario, considero que hará falta plantearse para qué se edificará esas instalaciones. 

Las actuales o nuevas autoridades deberán contar con planeación y estrategias para atender las secuelas de quienes sufrieron la Covid19, tendrán que ir más allá de protocolos de higiene y contar con catálogos de los pacientes y enfermedades no atenidas durante la pandemia en adultos mayores, así como las deficiencias en el crecimiento de la infancia. Tal vez, las generaciones de 2018, 2019, 2020, 2021 y 2022, presenten consecuencias en su salud que debemos prever.

Sirva el indicador de mortalidad materna, como una forma de abordar los problemas de salud pública. En 2020 se registró una razón de mortalidad materna por cada 100 mil nacimientos de 47.4, un nivel similar a los de 2007 y cuando en 2019 fue de 34.2. 

Posiblemente, por el confinamiento las mujeres recibieron menor atención durante el embarazo, llegando a tener como consecuencia un mayor riesgo de muerte. Asumamos que ese fenómeno, se han dado en otros segmentos de población y enfermedades. 

Más hospitales sí, pero ante todo, una verdadera planeación de salud pública, nuevas estrategias de cuidados sociales y formación de nuevos especialistas.

Tercero, el 7 de junio comenzaran a regresar a clases presenciales los estudiantes. Lo harán de manera desigual y con incertidumbre. El regreso es necesario. Pero será aún más importante cómo recuperar los aprendizajes y las habilidades perdidas durante más de un año frente a las pantallas de televisión o un sistema de videoconferencias, dependiendo si la educación es pública o privada.

La desigualdad es manifiesta, pero los conocimientos tendrán que ser evaluados a detalle. En un editorial, Alejandra Zapata, especialista en política educativa, alertaba que “la pérdida de aprendizaje que ya se ha dado le va a costar a cada estudiante de México, en promedio, una pérdida de 8% de sus ingresos futuros por el resto de su vida, de acuerdo con el Banco Mundial”.

No bastará el regreso a clases. Habrá que poner en marcha medidas de acompañamiento pedagógico. Ser creativos en como sumar a especialistas en distintas áreas que complementen el trabajo de los docentes. 

Activar todos los programas e instalaciones públicas con el propósito de crear comunidades de aprendizaje extra escolares. Capacitar a los estudiantes y egresados universitarios. Entre otras alternativas.

Sería un error, que después de votar y al día siguiente dejar en la puerta de la escuela a los hijos, cerremos los ojos. No sólo está en juego los ingresos futuros de esos niños, sino cómo van a vivir en una sociedad que por una pandemia los botó a un costado.

Así, que las mujeres obtengan un empleo formal, que los sistemas de salud asuman desde hoy las consecuencias de los padecimientos futuros y que la educación tenga la capacidad de nivelar los conocimientos, tienen que ser las bases esenciales de una auténtica recuperación. 

Sin ellas, tanto las disputas políticas del momento, como el resto de asuntos públicos en la agenda como es seguridad, calentamiento global, transformación productiva, tendrán cimientos endebles.

Los nuevos gobernadores, alcaldes, regidores, diputados federales y locales, no cumplirán con los ciudadanos si no entienden que sus bailes de Tik Tok se desvanecerán en el olvido digital. 

El desafío en estos tres problemas públicos es mayúsculo. Y sólo podrá ser resueltos si los gobiernos municipales, estatales y nacional, de distinto color político, comparten una hoja de ruta. Sólo podrán resolverse, si los poderes legislativos federal y estatales, así como los cabildos, acuerdan presupuestos dirigidos -considerando sus atribuciones- a políticas públicas en empleo, salud y educación. 

Y también sólo podrán resolverse, si el sector público y el privado (empresas, organizaciones civiles, activistas, ciudadanos individuales) convergen en sus esfuerzos.

Mi voto será para los candidatos que más se acerquen a resolver estas prioridades.