El agridulce aliento de López Obrador al despertar

El agridulce aliento de López Obrador al despertar

07/06/2021

¿No sintió feo que en la alcaldía donde está Palacio Nacional, Cuauhtémoc, no ganara su movimiento?, le preguntaron esta mañana a Andrés Manuel López Obrador. “En la casilla donde voté, ganamos”. Y soltó una carcajada, forzosamente macabra.

Y es que, en realidad, aunque haya perdido su partido, Morena, el presidente cree que en, lo personal, él ganó, y eso es lo que celebra con sus burlas. 

En efecto: Morena perdió. Hasta hoy, el partido en el poder tiene un pánzer en el Congreso, que le permite, por ejemplo, ampliar el mandato del presidente de la Suprema Corte. Ese acorazado quedará reducido a una rafaelita, esa aplanadora de bolsillo que sirve para rellenar baches. 

Los principales bastiones del morenismo —como la Ciudad de México, como Valladolid— se balcanizaron o votaron por otro partido, como fue el caso de la ciudad yucateca. El brazo electoral del gobierno federal avanzó en los estados, pero a un precio muy alto; abandonó sus trincheras para aventurarse en campos minados.  

Esta derrota, sin embargo, López Obrador la considera ajena, y en parte tiene razón. En su estilo totalitarista, consideró que él, y sólo él bastaba para ganar la elección, y no fue así; el pedestal se tambaleó. Lo que sigue es que el presidente marcará distancia con su creación; López Obrador ya no será sinónimo de Morena. Y él se encargará de ello.

El estamos-al-cien-con-ya-sabes-quien tuvo la eficacia de la vacuna Patria, y en muchos lugares, López Obrador no pudo transmitir, por ósmosis, su aprobación ciudadana —que, ojo, aún es una muralla. La soberbia impidió a los morenistas darse cuenta, y recorrieron un camino cuajado de errores. 

En Yucatán, por ejemplo, se impuso a Verónica Camino Farjat como candidata a la alcaldía de Mérida; ningunearon a los morenistas yucatecos y dinamitaron toda posibilidad de victoria —que, sin embargo, tenían al principio. El error de esta ocurrencia es cuantitativo: Fernando Xacur García, en la anterior contienda, obtuvo el 23.90% de los votos, mientras que Verónica Camino sólo el 22.33%.

El error igual es cualitativo: Verónica Camino es la antítesis del lopezobradorismo, tanto en lo político como en lo personal: una morena de cabello platinado es una contradicción. 

En nuestro Estado —específicamente en Mérida— Morena no sólo perdió la oportunidad ya no de ganar pero sí de desplazar al PRI sino que retrocedió visiblemente. Al final, los morenistas de cepa yucatecos tenían razón; los únicos que pensaban que Verónica Camino no era un sinsentido fue el grupo que se empeñó en su candidatura. En estos momentos, tanto ella como ellos guardan silencio, rumiando el resultado.

Errores como el de Verónica Camino se repitieron en diversas latitudes, y la consecuencia es la que arrojan ahora los resultados del conteo rápido. 

A nivel nacional, los resultados de la elección poco tuvieron qué ver con el papel que jugó la oposición; fue Morena la que se asomó al precipicio. Sólo en pocos estados tuvo un contrincante de peso. Por ejemplo, en la Ciudad de México fue la tragedia del metro; en Yucatán, el PAN. 

Aquí, Mauricio Vila Dosal tiene una aprobación incluso mayor que la de López Obrador, pero la campaña no se recargó sólo en sus hombros, como la pesada losa que cargó el moderno pípila de Palacio Nacional. Los panistas, con la memoria fresca, trabajaron en equipo y coordinados, e impidieron las fracturas que antaño los lastraron. 

Los egos de los cuartos de guerra se domaron con el objetivo que se reflejó en las actas.

El partido del gobernador Vila Dosal no sólo igualó, incluso superó los resultados de sus mejores épocas, cuando coincidieron presidente, gobernador y alcalde de ese instituto político, cuando fluyeron recursos de excedentes petroleros y del hoy desaparecido Fonden. La adversidad de la pandemia —y de las tormentas y huracanes— funcionó el llamado de estar unidos como uno solo. E pluribus unum, recitaría nuestro latinista favorito.