Gran Sol

Gran Sol

14/09/2021

Desde hace décadas, hombres de mar se juegan la vida en el más feroz de los caladeros, conocido como Gran Sol; el serengueti de los océanos. Está al suroeste de las islas británicas, y así como es es abundante en pesca, lo es en peligro. Una nación líquida compartida por españoles —principalmente gallegos, carallo—, portugueses, franceses, ingleses e irlandeses, hermanados por la muerte que navega con ellos, en esas turbulencias saladas llenas de atunes y promesas. País de hombres curtidos, bautizados por tormentas; el que no ha naufragado, muere ahogado. En el atracadero de las barras de los pubs, puertos seguros siempre, esos hombres, que aún en tierra sienten la marea, narran taciturnos su felicidad, y aseguran que sus raunds con el océano valen la pena, “vaya que vale la pena faenar ahí”. Ahí, entre los paralelos 48 y 60, debajo del bravo océano hay alimento para media humanidad; bailando en frenético vaivén ocasionado por lluvias eternas, los lobos de mar se enfrentan a krákenes, a bestias imaginadas por Lovecraft, por esa captura; se la arrebatan al egoísta mar, que, sin embargo, les da todo, hasta dejarlos sin nada. Cigarrillos empapados en las comisuras de rostros que pocas veces sonríen, sólo en los esporádicos desembarcos a su hogar, sea ella quien sea, esté donde esté. Barbas conquistadas por cristales de sal, donde podrían cultivarse algas; bosques con canas, hirsutas antesalas de maldiciones bíblicas: contra contra el mar, contra el cielo, contra los muertos de todos. El bramido humano contra el bramido de los elementos; dos fuerzas de la naturaleza, en un pulso continuo y constante, con crestas y valles.  Hijos de Conrad y de Melville, de Hemingway y de Mutis, todos hemos sido salpicados por esa tinta con sabor a mar que intoxica y provoca visiones, como ciertos hongos. De una u otra forma, todos hemos tentado al Gran Sol, hemos faenado ahí, en busca del gran pez. Por eso ahora, en estas aguas turbulentas, sé que abajo, muy abajo, hay un cardumen que me espera, tornasol; un atún de plata, una merluza arcoiris. No le temo al temporal porque la vida revolotea a mis pies, ajena, ignorante del cielo que se cae pedazos.