XII misterio: Una cruzada ofuscada

XII misterio: Una cruzada ofuscada

17/01/2022

Por El Conde de Montecristo

Los efectos de pandemia al inicio de 2021 en la reactivación económica y los rumores sobre la salud del Pbro. Álvaro García Aguilar a mediados del año pasado trajeron a colación una de las interrogantes más populares a principios de la década de los noventas, cuando en Yucatán apenas se empezaba a establecer la empresa de marketing con estructura piramidal llamada Amway.

Se trataba de obtener respuestas al origen de las acusaciones que por aquel entonces pesaban sobre la firma de ventas directas y que en el imaginario de un sector de la sociedad yucateca era calificada poco menos como una “secta”.

Corría el primer semestre de 1995 y en Yucatán ya se sentían los efectos del llamado “error de Diciembre”. Con ésta expresión se le recuerda  a una de las peores crisis de nuestro país, en la que el peso se devaluó más del 100% y el Producto Interno Bruto cayó al 6.2%.

Durante dicha crisis, quebraron bancos, empresas y millones de mexicanos perdieron su patrimonio. El expresidente Carlos Salinas de Gortari le llamó así debido a las supuestas malas decisiones que tomó Ernesto Zedillo a finales de Diciembre.

Todo había comenzado en 1994, cuando Carlos Salinas de Gortari, ex presidente de México, dejó el poder e inició Ernesto Zedillo, los cuales se acusaron mutuamente de crisis. Al subir a la presidencia, Zedillo anunció a los empresarios que el peso se iba a devaluar un 15% para evitar la fuga de dólares, pero esto afectó más la crisis. 

Tras anunciar que el gobierno dejó de controlar el precio del dólar, el peso perdió la mitad de la mitad de su valor.  Como las deudas estaban en dólares, el país se hundió en una crisis económica de gran magnitud y Yucatán no fue la excepción: las prósperas franquicias yucatecas como Chicken Express, que dirigió Mario Correa Ponce, por ejemplo, fueron cerrando operaciones y numerosas franquicias extranjeras que ya se instalaban en Mérida y que también operaban en dólares cerraron sus puertas.

A pesar de ofrecer los populares “Precio Pacto” (en alusión al Pacto Económico que impulsaba el gobierno federal con la iniciativa privada) almacenes locales que ofrecían electrodomésticos a crédito tuvieron numerosas dificultades para recuperar su cartera vencida, tales como Galerías y Mericolor, que a fines de los ochentas ofrecían una consola de Atari en $395,000.

Miles de yucatecos con créditos hipotecarios dejaron de pagar sus casas y optaron por esperar a que los bancos se las quitaran, otros más cambiaron de giro y numerosos emprendedores se fueron en busca de un empleo que no llegaba.


En el ámbito político los yucatecos apenas se recuperaban de la incredulidad por los acontecimientos por la sucesión presidencial de 1994, con tensiones y enfrentamientos internos que al final generaron un clima propicio para el asesinato del candidato del PRI a la presidencia de la república, Luis Donaldo Colosio,  el 23 de marzo de 1994.

El Instituto Patria, promovida por el Pbro. García Aguilar estaba en su mejor momento, captando a numerosos alumnos que por diversas razones no encontraban cupo en las limitadas preparatorias particulares de Mérida. 

Cuna de diversos movimientos apostólicos entre la juventud económicamente favorecida, el púlpito de la sede parroquial de María Inmaculada empezó a ser usado para denostar a los promotores de Amway que de manera inesperada, empezaron a escuchar duras arengas, incluso de su propio vicario, en aquel entonces, el Pbro. Jorge Herrera Vargas, quien durante muchos años se desempeñó como párroco In Solidum de dicha sede.

Se acusaba a la firma de ocasionar una desvertebración de los movimientos apostólicos como consecuencia de sus actividades y entre otros argumentos, se aludía a un presunto origen acuariano de la Nueva Era el nombre de la propia empresa (I´m the Way); en contraposición a las palabras de Nuestro Señor Jesucristo que señalan que únicamente Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6).

En otras intervenciones se acusaba que numerosas familias dejaban de dedicar tiempo a las actividades parroquiales para dedicarlas a formar grupos de integración cuyo fin último era el enriquecimiento por conducto de una filosofía orientada al bien particular más que al Bien Común.  

Se llegó al punto de mencionar que la metodología y los programas de reclutamiento, promoción y recompensas de Amway dividía a las familias y a las viejas amistades, rompiendo esquemas de relaciones entre amigos y parientes que de alguna forma se sentían usados para un presunto fin materialista e individualista, cargado de orientaciones distintas a la idiosincrasia del yucateco. 

El escándalo no se hizo esperar. Fue así que un grupo de seglares solicitó al Arzobispo Manuel Castro Ruiz su intervención para frenar las consignas contra la firma. 

Cuidadoso y con el don de escucha y prudencia que le caracterizaba, Monseñor Castro Ruiz integró una comisión para investigar el caso, formada por los Pbros. Carlos Ceballos, en aquel entonces párroco de la Purísima Concepción y San José de Progreso, su vicario, Jorge Menéndez y Alfredo Cirerol, vicario de Chixchulub Puerto. 

La comisión entrevistó a varias personas de la sociedad yucateca, entre ellas, al arquitecto, Manuel Castillo Rendón para conocer de cerca en qué consistía el proceso de operación de Amway.

Programada la reunión, se explicó con detalle en qué consistía el proceso de venta directa y de qué manera la firma le daba a la gente oportunidades de cambiar su estilo de vida teniendo su propio negocio vendiendo productos de cuidado personal y para el hogar, entre otros, ya sea empleando medio o tiempo completo, con un mínimo de riesgo y una inversión mínima y con crecimiento potencial. 

También se expuso a la comisión nombrada por la Arquidiócesis el tema de las sesiones de entrenamiento que comprendían sesiones de motivación para optimizar el potencial de hacer negocios de los participantes que incluían a hombres y mujeres de diferentes estratos socioeconómicos y estilos de vida que deseaban tener independencia económica además de darles un fuerte sentido de autorrealización. 

Una vez desglosados los argumentos la comisión determinó que Amway no infringía daño alguno a los movimientos parroquiales de María Inmaculada, pues se comprobó que la motivación principal de sus promotores era tener un ingreso extra ante la aguda crisis económica que se padecía con productos de utilidad, de buena calidad aunque un poco más caros de lo normal. 

Según los grupos promotores de Amway; el propio Pbro. Carlos Ceballos llegó a ser un entusiasta promotor de un sistema que con el paso de los años y como muchas otras cosas que suceden en el seno de la sociedad yucateca, se volvió algo tan normal como cualquier forma de ganarse la vida. 

Detrás de Amway vendrían firmas como Herbalife, Omnilife, Mari Kay, entre otras. A raíz de la pandemia, la firma que ya cumple más de 30 años en México vió caer sus ventas en un 15%, aunque en mayo y junio mejoraron al flexibilizar sus requisitos y empujar el mercado digital con más inversiones. 

Antes de la pandemia, el 75% del abasto de sus comisionistas se daba en las 19 tiendas que posee y hoy ese mismo porcentaje es lo que se abastece en línea con “flete gratis”. Ahora opera en 100 países y tiene ventas por 8,400 millones de dólares con mercados en Corea, Japón y Vietnam.

Hoy ya hasta existe la Asociación Mexicana de Ventas Directas y numerosos emprendedores copian esquemas similares a estas firmas para promover sus productos.

Al recordar aquellos tiempos, un amigo promotor de Amway comentó que si las redes sociales y los teléfonos inteligentes hubieran existido en aquella época de inicios nadie se hubiera escandalizado. Pero éramos un pueblito, y los yucatecos somos muy celosos de todo aquello que altere nuestras costumbres inerciales. Satanizamos todo aquello que no nos parece y hasta colgamos letras escarlatas. Así somos.  Hasta que una crisis te cambia la manera de ver la vida,-puntualizó.