XXII misterio: The Royalties at The Yucatan

XXII misterio: The Royalties at The Yucatan

09/05/2022

Por El Conde de Montecristo

Estimado Jon:

Acabo de mandar un paquete de salsas picantes yucatecas y una botellita de miel a una familia que vive allá en Hitchin, Herdforshire, un poquito al norte de Londres, pues como sabrás, todavía conservo algunas amistades que no tienen la fortuna, como tú, de poder venir a México a conocer sus maravillas culinarias. De seguro lo harán pronto. 

Lamento mucho la situación que te obligó, con un certero disparo digital, reventar con tus redes sociales el corazón donde palpita la memoria de las élites de la Ciudad Blanca. 

La gente lo ve como un misterio. Pero no es así. Quizá el simple hecho de haber mencionado a un restaurante de Paseo de Montejo trajo viejos fantasmas del pasado que costaron mucho trabajo exorcizar: en el 2013, más o menos cuando andabas de Embajador en Chile, donde por esa misma red social tuviste  un desencuentro con un diputado que te acusó de meterte en la vida política de su país. ¿Te acuerdas?

Pienso que alguien debió haberte explicado que en ese mismo año acá en Yucatán un desaseado manejo de la información sobre la intoxicación de una familia de Campeche provocara que el prestigio de una reconocida franquicia de alimentos se viniera abajo. 

Para el presidente de la Canirac de aquella época, el joven Alvaro Mimenza, fue muy difícil lidiar no sólo con ese incidente sino también con la explosión de la Nao de China y hasta de un restaurante en Plaza Fiesta, amén de los restaurantes chinos que florecían como hongos, pero no deseaban afiliarse a la delegación local de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados. 

Ojalá alguien te hubiera aconsejado por el peculiar nombre de esa cámara empresarial, cuyas siglas finales se refieren precisamente a los “alimentos condimentados” ¿No te suena algo extraño? ¿Acaso existirán cámaras de restaurantes  de alimentos “no condimentados”? 

Lo cierto es que prevaleció la prudencia, pues luego del cierre de estos establecimientos por la pandemia, en un incidente de éste tipo nadie hubiera salido ganando. 

Pero verás, los yucatecos hemos tenido un poco de mala suerte en el tema de los alimentos y tus paisanos. En su “Viaje al Yucatán” tu paisano John Loyd Stephens narra cómo en el Día de Todos los Santos, pero de 1841, un vecino del barrio de San Cristóbal le regaló un mucbilpoll, al que calificó como algo “tan recio como un tablón de encina” y como de seis pulgadas de espesor. 

Junto a su compañero Frederick Catherwood intentaron comerlo , pero en un arrebato de desesperación, por no saber cómo poderlo comer, optaron por arrojarlo al patio y enterrarlo en un hoyo. 

Los ingleses narraron que cuando el vecino les preguntó qué tal había estado, ellos mostraron sus platos vacíos, expresando al vecino su reconocimiento por la bondad de aquel acto, pero justo en ese momento “un malvado perro” que acompañó al vecino en su visita escarbó y luego se presentó en la sala, atravesándola y saliendo por la puerta del frente llevando en la boca el enorme pastel, que parecía haber aumentado sus dimensiones después de enterrado.

El historiador y heraldista don Juan Francisco Peón y Ancona en un artículo escrito a mediados de la década de los noventa, narra como en ocasión de la visita a Mérida de la reina Juliana de Holanda y el príncipe Bernardo, la alta sociedad meridana preparó un almuerzo especial a la familia real, que había visitado las ruinas de Uxmal. 

Entre estos platillo destacó el famoso queso relleno, preparado con el queso holandés, popularmente conocido como “Queso de Bola”, pero al ver el singular platillo, bañado en una col amarillenta y una salsa de tomate y pasitas, los integrantes de la casa real holandesa rechazaron el platillo. Es más, no lo tocaron, según relata la crónica de don Juan. 

Ni qué decirte cuando vino la reina Isabel a Yucatán. Por cierto, nos dicen que ella ya te ha recibido tres veces, pues ella ofrece habitualmente –sin pandemia– una audiencia con el cuerpo diplomático del Estado en el palacio de Buckingham cada año durante la primera semana de diciembre. 

Supongo que tal vez pudo haberte dicho algo sobre el país del cual eres jefe de misión. 

Pues bien, cuando la reina Isabel de Inglaterra y su esposo Felipe, duque de Edimburgo, anhelaban conocer los vestigios y la grandeza de la civilización maya,  aprovecharon su visita a México en 1975 para trasladarse a Yucatán.

La pareja apenas llegó al al recién estrenado aeropuerto de Mérida, en donde fue recibida por el presidente Luis Echeverría y el entonces gobernador de Yucatán Carlos Loret de Mola Mediz, dejó sus maletas en un hotel del Centro Histórico y se dirigieron a las ruinas de Uxmal, donde fue recibida por el dios Chaac con un impresionante chubasco. 

Nos contaba el difunto catedrático Eduardo Tello Solís cómo durante la lluvia la Reina se refugió en uno de los edificios mayas, cuyas piedras empezaban a sudar convirtiendo el amontonamiento real y sus invitados en un verdadero sauna. Sin embargo, la reina Isabel 
no se inmutó en lo absoluto. Es raro, porque era el mes de febrero, cuando todavía no iniciaban las lluvias. 

El menú de la cena incluyó ensalada de langosta en su concha y, como platillos fuertes, faisán y codorniz adobado; de postre, helado de guanábana con merengues. El maestro Tello Solís nos narró que un determinado momento; una libélula (turix en maya) terminó ahogado en su plato, pero ella, como si nada, siguió comiendo. 

Ni qué decirte de la visita del canciller alemán Helmut Kohl a Yucatán: fue durante su primera visita a México para fortalecer las relaciones con México, y aprovechó para conocer las maravillas mayas: dada su gran corpulencia, hubo que pedirle al gobernador interino Víctor Cervera Pacheco que prestara las sillas del Palacio de Gobierno para que pudiera sentarse en las salas exclusivas del aeropuerto meridano. 

Se dice que un equipo de logística contratado por Cervera Pacheco contactó a los integrantes de la familia Schirp, en su casa de la colonia García Ginerés, para poder ofrecerle un almuerzo con algunos alimentos “compatibles” con su dieta, pero el ex canciller de la reunificación alemana se negó a probar otra cosa que no fueran platillos yucatecos. 

Puedo contarte de los intensos preparativos para la visita del príncipe Naruhito a Yucatán: su avanzada imperial citaba cada tres días a los integrantes de Logística y Protocolo del gobierno de Patricio Patrón. Durante la primera semana todo transcurrió con calma y cordialidad; para la segunda semana hubo algunos acuerdos, para la tercera semana ya los integrantes del Palacio de la 60 estaban hartos del extenuante ánimo japonés que buscaba la perfección absoluta para la visita de su Majestad.

Así transcurrieron dos meses de planeación por parte de la avanzada que exigía a los reporteros que no vieran a los ojos a su alteza durante su visita y que cada japonés que viviera en Yucatán debería ponerse al servicio de dicha visita si así fuera requerido.

Nieto del emperador Hirohito, ya había visitado en compañía de su hermano el príncipe Fumihito Akishino el Castillo de Chichén Itzá, en distintos años de la década de los noventa, pero de incógnitos,  y quedaron maravillados de las pirámides, en parte por su amor a la historia y a su pasión por la arqueología.

Cuando el enorme avión con el símbolo del sol japonés aterrizó en la pista la recepción fue impresionante: ya se había previsto por la agencia de protocolo real japonés que por el enorme contraste entre las estaturas físicas del gobernador Patrón Laviada y el del príncipe oriental, el gobernante yucateco se detuviera a la mitad de la escalinata de la nave para saludarlo, unos cuantos escalones debajo del heredero de la casa real y de ésta manera ambos puedan posar para la foto en igualdad de condiciones.  

El hijo del ex emperador Akihito no perdió detalle alguno de la pirámide de Kukulcán. Subió sus 91 escalones y recorrió lentamente la parte superior del edificio. Al bajar exclamó: “Esto es una maravilla”.

Al terminar, disfrutó de un bufé de comida yucateca en un hotel cercano. Probó de todo un poco y comió un tamal entero, cuyo sabor no olvidó. Cuando regresó a Uxmal en marzo, ante una mesa de mariscos dispuesta por sus anfitriones, preguntó: “¿No hay tamales?”.

Durante su visita en 2006 hubo varios incidentes en la cena de bienvenida, desde que no le vino la guayabera que debía usar el entonces príncipe, hasta que unos pequeños bailarines se cayeron durante su presentación. La cena debía durar dos horas y se extendió cuatro. Pero dicen que él estaba feliz y nunca dejó de sonreír.

Quizá la más afortunada de las visitas reales fue la de la reina Sofía de España en 1991: en términos gastronómicos no faltó un solo platillo o vino por consumir que no cumpliera los estándares exigidos por el protocolo real que la Casa de España y la Liga de Acción Social llevaron a buen término.

Fue don Agustín Crehueras y Vallcorba quien atestiguó el momento culmen, cuando la Reina develó un óleo con su imagen al grito de ¡Viva España! ¡Viva la Reina Sofía! 

Y mientras don Miguel Hidalgo y Costilla se revolcaba en su tumba, la comunidad española también le ofreció una comida en la hacienda Teya y a partir de entonces  se comienza a conocer en todo el Estado y a lo largo de estos años ha recibido a destacadas personalidades de la política, como embajadores, cancilleres y presidentes. Incluso la recámara donde pasó la noche, hoy lleva su nombre. 

Como verás estimado Jon, en Yucatán no hemos sido tan afortunados con el tema de la comida y las personalidades; pero afortunadamente en tu caso; las cosas no salieron tan mal si se toma en cuenta que quizá planeaste un viaje durante la temporada de las más altas temperaturas, entre inicios de abril y antes del Cordonazo de la Santa Cruz, lluvia que lleva ya más de cinco días atrasada por un tema que conoces bien y que impulsas en nuestro país como lo es la lucha contra el Cambio Climático. 

Quizá una llamada al Cónsul Honorario de tu país y Belice, don Miguel Alfredo Dutton Delorme, cuya familia ha representado a la Corona Británica por décadas, hubiera evitado éste incidente que disparó el morbo; el deseo enfermizo de buscar culpables pero también mensajes cariñosos de pronta recuperación. 

Ahora que te recobraste, veo que ya estás de visita por Quintana Roo viendo la forma de ayudar con el tema del sargazo y el desastre que ese implica para el turismo. 

Qué bueno, ojalá y puedas ayudar más y que esas celebraciones en el Consulado de Inglaterra en la Ciudad de México, como la del cumpleaños oficial de la reina Elizabeth II, los cocteles con single malts, la visita de los Rolling Stones, las fiestas del Gran Premio de México y los meet and greet, con ingleses distinguidos en México como la gastrónoma Diana Kennedy, condecorada con la Orden Mexicana del Águila Azteca ayuden a promover más tu preocupación por el medio ambiente, los derechos humanos y la recuperación de turistas británicos en nuestro país, después de la pandemia. 

¿Y porqué no? Tal vez una nueva visita de Su Majestad a Yucatán. Después de todo, dicen mis paisanos, ella ya probó lo que es “tomar agua de pozo”.