XXII Misterio: El turismo de divorcios en Yucatán

XXII Misterio: El turismo de divorcios en Yucatán

15/06/2022

Por El Conde de Montecristo

En febrero de 2013, al aprobarse en Yucatán el divorcio incausado, figura del Código de Familia que permite la solicitud de divorcio sin que tenga que comprobarse alguna causal prevista en la Ley, la comunidad norteamericana que vive en Mérida recordó que una ley similar, establecida a principios del siglo pasado por el gobernador Felipe Carrillo Puerto detonó en la entidad el llamado “turismo de divorcios”.

Iniciaba la emancipación de la mujer en Yucatán y la hermana del gobernador, Elvia Carrillo Puerto, sospechaba que la ley de divorcio que decretó su hermano en 1923 —la cual también podía efectuarse a solicitud de sólo uno de los cónyuges— sostenía una falsa utopía como la de pensar que la infidelidad ya no tendría cabida a raíz de su aplicación. 

De hecho, aunque la ley sin precedente reflejaba el “amor libre”, en realidad conservaba la doble moral de la anterior pues los hombres podían volver a casarse inmediatamente, mientras que las mujeres debían esperar 300 días antes de hacerlo. 

Esta limitación no impidió que durante más de una década decenas de hombres y mujeres norteamericanos de los más altos estratos sociales de la Costa Este de los Estados Unidos arreglaran viajes a Yucatán para conseguir un acta de divorcio. 

Y mientras la amistad del periodista Carlos Menéndez González y la del gobernador  Carrillo Puerto se cimbraba por la ley progresista, la crema y nata de Nueva York ya contrataba paquetes de visita al estado, que incluían paseos a Chichén Itzá, Uxmal, haciendas henequeneras, el centro y el Paseo de Montejo así como reservas a los hoteles “El Gran Hotel”, sobre la calle 60 por 59,  o  el “Colón”. en la calle 62 entre 59 y 57, que todavía no inauguraba sus modernos baños de vapor. 

La fiebre por viajar a Yucatán para divorciarse llegó a tal grado que numerosos abogados mexicanos abrieron oficinas en Manhattan para promover el “turismo de divorcios”, siendo el caso más destacado el de Randolph Melgarejo, un ex juez de Chihuahua quien aprovechó la fiebre para publicar su obra “Yucatán, su Ley de Divorcio y otra invaluable información”.

En la guía del exitoso neoempresario se agradece al Congreso del Estado su disposición para crear una ley de vanguardia e incluso abunda en el procedimiento advirtiendo que la Ley requería  que al menos uno de los interesados debería de probar una estancia previa de 30  días en Yucatán y por ello sugería pasar “15 días Progreso, 8 en Izamal y la última semana en Mérida, el sitio designado para obtener el divorcio”.

Al referirse a la capital yucateca la describía como un sitio donde se fabricaban cigarros, popotes, sombreros, jabón, hamacas siendo una ciudad moderna y bella, con hoteles en plan americano donde todos vestían “de blanco, zapatos blancos y sombreros panamá”.

Muchos mordieron el anzuelo y tres años bastaron para que la prensa norteamericana empezara a dar cuenta de los divorcios entre conocidas familias de la sociedad neoyorquina que apenas estaban por entrar al fenómeno de la Gran Depresión. En ese lapso las cortes norteamericanas señalaban a Yucatán como “la amenaza más grande para aquellas mujeres que de la noche a la mañana se enteraban que sus maridos ya estaban divorciados contra su consentimiento o cuando la separación ya era un hecho”. 

Así, el 7 de Julio de 1925 el New York Times dio cuenta del sonado escándalo que ocasionó en New Heaven, Connecticut; el divorcio en Mérida entre el prominente empresario Milton M. Stone y de su esposa Rose Stone, quien a su vez contrademandó a su marido por usar esa acta sin su consentimiento y casarse rápidamente con su secretaria Alice Larsen.

Lo mismo ocurrió ese año con el divorcio en Mérida de la señora  Kastner de su esposo Thomas Kirkpatrick. Ella era hija de Edward Kastner, director general de la mundialmente conocida firma de plumas fuente Waterman Fountain Pen, cuya empresa estaba avecindada en la 191 de la calle Broadway de Nueva York. 

El 17 de marzo de 1926, el Fiscal General de los Estados Unidos, George W. Coles, cuestionó la participación del Vice Cónsul Americano en Progreso, Yucatán, Herman C. Vogenitz, al aparecer su firma en 100 actas de matrimonio expedidas desde Mérida. El departamento de Estado ya había iniciado una investigación sobre anuncios para divorciarse en Yucatán con “paquetes todo incluido” enviados desde el Servicio Postal a los hogares de Filadelfia. 

El 24 de mayo de 1928, Nathalie Mann, hija del afamado actor de Broadway Louis Mann, escandalizó a la prensa neoyorquina cuando se reveló que se había divorciado en Mérida del gerente general de la Hood-Falco Company, Bernard Schreiber, para casarse con Louis Wersba, un fabricante de ropa. 

En Boston, estalló otro escándalo cuando se supo que en agosto de 1931  Ralph H. Howes, presidente del afamado Instituto Tecnológico de Massachussets, obtuvo un acta de divorcio en Mérida para separarse de la señora Hannah Cushman Howes, presidenta del Círculo de Poesía de Estados Unidos. The New York Times dio cuenta de cómo el divorcio obtenido en la capital yucateca le sirvió para casarse de manera inmediata con la novelista Grace Startwell Mason.

El caso llegó a la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos en un largo juicio con alegatos en el sentido de que un libro de la novelista dedicado a Ralph Howes detonó el inicio de un romance del constructor hacia la novelista.

En el último día de abril de 1934, la agencia de noticias Associated Press lanzó un cable desde la ciudad de Mérida para el mundo entero: “Residentes de Mérida, México, identifican a una mujer en un hotel como la estrella de cine Katherine Hepburn. Dicen que buscaría un divorcio”.

Así tituló la noticia el periódico New York Times el 1 de mayo de 1934, sacudiendo los tinteros de los periodistas de Hollywood que apenas un año antes la habían cubierto con la reseña del Oscar a la Mejor Actriz por su actuación en la película “Gloria de un día”.

En ese filme, la actriz, considerada como uno de los “tesoros artísticos de la nación estadounidense”, interpretó precisamente el papel de una actriz que actúa en un teatro de poca repercusión pero que sueña con triunfar en Broadway.

Katherine Hepburn estaba casada con un amigo de la universidad, Ludlow Ogden Smith, hombre de negocios de la clase alta de Filadelfia, al que había conocido mientras estudiaba en el Bryn Mawr.  La pareja se casó el 12 de diciembre de 1928, cuando ella tenía 21 y él 29.

Aunque había decidido no seguir con su carrera tras una serie de fracasos y malas críticas, finalmente, informada por la crema y nata neoyorquina de que en Yucatán existían leyes holgadas que le permitirían un divorcio “express”,  decidió venir al Mayab acompañada de su amiga Laura Harding.

Tomó el barco de transporte de la Armada Estadounidense, el S.S. Orizaba, que entre las dos guerras mundiales sirvió para transporte de civiles cubriendo la ruta Nueva York-La Habana y Progreso. Fue la misma embarcación donde el poeta estadounidense Hart Crane decidiera poner fin a su vida saltando desde su cubierta de popa al mar mientras navegaba frente a las costas de Florida. 

Mientras la suegra de Katherine Hepburt, la señora Ludlow Smith,  negaba al New York Times que su nuera estuviera en la capital yucateca pues “la última vez que supo de ella es que estaba en Nueva York”, la actriz ya había llegado a Progreso, donde según declaró a los medios internacionales,  había conseguido “un buen bronceado”.

Para no llamar la atención se registró en el hotel Itzá de Mérida con el nombre de la sirvienta de su amiga Laura Harding, Katharine Smith, pues aunque el divorcio se iba a dar en términos amistosos, había que manejar las cosas con cuidado. 

Después de visitar Chichén Itzá, Uxmal y luego de pasar varios días en la hacienda Mucuyché, Katherine Hepburt se declaró “sorprendida y favorablemente impresionada por la cultura y la civilización del Yucatán antiguo y moderno”. 

La actriz estadounidense llegó al Registro Civil yucateco, según The New York Times, en un caluroso 8 de mayo de 1934 y pasó a engrosar las decenas de registros de divorcios de extranjeros; que ya constituían toda una industria turística que beneficiaba también a los turisteros cubanos. 

Después de firmar el divorcio,  tomó un vuelo que la condujo a La Habana y de allá, otro más a Nueva York. Aunque un juez norteamericano eliminó la restricción para casarse en 300 días, ella nunca se volvió a casar. 

El turismo de divorcios en Yucatán se vino abajo cuando finalmente, años más tarde, la Suprema Corte de Justicia de México los consideró inconstitucionales. Por otro lado, luego de la ejecución de Carrillo Puerto se introdujeron más restricciones a la ley de divorcios, prohibiéndose que se realizara sin el consentimiento de una de las partes. 

Sin embargo esto no impidió que más norteamericanos siguieran llegando a Mérida para divorciarse. Hoy en día, funcionarios de la oficina central Registro Civil de Mérida han encontrado actas de divorcio de norteamericanos de aquella época y esperan dar pronto con el acta que puso fin al matrimonio de la famosa actriz con su amigo de la escuela.

Así finalizó una etapa de la industria turística que pasó de largo en Yucatán pero no para los extranjeros que aun recuerdan a Katherine Hepburt en su papel de Jean Harlow, mencionar esta práctica común entre la alta sociedad neoyorquina.

En una escena, la actriz le responde al actor Spencer Tracy, con quien se dice tuvo un largo romance informal durante el rodaje de una película. En algunas líneas, ella le dice: “Descubrí que mi divorcio yucateco no era bueno”. 

Atea, abierta promotora del control de la natalidad y el aborto, de su propia personalidad autónoma, Hepburn siempre expresó su gratitud hacia su primer y único marido por su apoyo moral y espiritual en los primeros días de su carrera, y en su autobiografía se calificó a sí misma como “un terrible cerdo” por haber explotado su amor de ese modo.

Paradójicamente el divorcio en Mérida no los separó. Ambos permanecieron como amigos hasta la muerte de Smith, su único esposo, en 1979.