XXV MISTERIO. LA OLEADA OVNI DE HOMÚN

XXV MISTERIO. LA OLEADA OVNI DE HOMÚN

01/08/2022

Por El Conde de Montecristo

El pasado 18 de julio, en esta temporada veraniega, el profesor universitario y artista plástico Javier Barrera Perera publicó en la red social de Facebook cinco fotografías en las que describe una experiencia a la que calificó como la más extraña y aterradora que haya tenido ante sus ojos, un evento “muy raro que pareciera sacado de alguna película de ciencia ficción”.

En su post, describe que cuando estaba viajando de madrugada por la carretera costera (en sus comentarios apuntó que se dirigía rumbo a Chuburná Puerto a bordo de su automóvil) observó al final de camino, en el horizonte, “una especie de explosiones incandescentes que sucedían en intervalos irregulares”.

“Al principio pensé que se trataba de fuegos artificiales, pero poco a poco las luces se pusieron mas intensas y destellaban de manera muy rápida borrándome esa idea.  En cierto momento vi que una especie de cilindro muy luminoso se separaba de las explosiones y se posó frente a mi por un tiempo prolongado generando una especie de zumbido metálico bajito, casi inaudible”.

“Lo que sucedió después sin duda ha sido una de las experiencias mas impresionantes que he vivido; ese cilindro empezó a moverse rapidísimo, serpenteando en el cielo creando elipses que formaban una especie de signos con luz para finalmente volar sobre mi varias veces en una especie de ida y vuelta muy violenta. Intenté alejarme corriendo de ahí pero estaba aterrado y paralizado.”

 De repente, agrega,  el cilindro ya no regresó y las luces se fueron apagando poco a poco hasta quedar  en silencio regresando todo a la normalidad.

Las respuestas en la red del profesor universitario, quien creció por el rumbo del “Aguacate”, en pleno centro de Mérida, no se hicieron esperar. 

Como a Barrera Perera, encuentros de esta naturaleza se plasman en las redes locales con enfoques anecdóticos que no pasarían  de una experiencia fugaz e individual,  de no ser por otros similares, que han permanecido grabados en la memoria colectiva peninsular y que ahora son motivo de investigación periodística y antropológica.

Expertos y espeleólogos yucatecos como Sergio Grosjean han indagado por información para documentar el fenómeno OVNI desde ésta perspectiva, en particular con la llamada oleada OVNI de Homún que se remonta a la década de los setentas y de la que varias generaciones de yucatecos recuerdan en una época donde no existían las redes sociales y los teléfonos celulares.

Grosjean participó en labores de limpieza y saneamiento de la laguna de Yalahau, uno de los cuerpos de agua visibles más grandes de Yucatán y ubicada a cinco kilómetros de Homún.

Este sitio fue el epicentro de las crónicas de prensa local que hablaban abiertamente sobre avistamientos como la de la noche del 13 de mayo de 1975 , en la que se relataba como un grupo de más de 100 personas pudo observar al menos diez pequeñas naves espaciales salir de una nave mayor (nodriza), similar a la que relató en sus redes el profesor Barrera Pereira.

En lugar de compartir en redes sociales, las noticias corrían como reguero de pólvora entre familiares, amigos y compañeros de escuela luego de que más de un centenar de personas que presenciaron este fenómeno regresaran con sus amigos. Ya eran  dos semanas de apariciones continuas y cada vez más gente acudía al sitio.

Para aquel entonces, ya se organizaban excursiones a Homún y las generaciones de aquella época ya hablaban de oleadas ovni en  Perú, Guatemala, Colombia, Estados Unidos y Canadá.

Todo inició cuando unos campesinos aseguraron haber visto unas “luces extrañas” que descendían y ascendían en este lugar. Pero no eran solamente campesinos.

Era el mes de mayo de ese año  y a la casa del Conde llegó don Marcos Quetzal, corresponsal de Novedades en Cuzamá, municipio vecino de Homún, cargando en un sabucán de color azul, una extraña pieza metálica plateada pero de peso muy liviano, pero con forma de esponja submarina.

Don Marcos, padre de una familia numerosa, relató a su compadre, papá del Conde, cómo se internó en uno de los montes cercanos a su casa para recoger restos de algo que no se puede describir porque no se conocía: un trozo de metal más ligero que el aluminio, similar al plástico, pero de color plateado brillante que semejaba un brócoli gigante, cuyo tallo estaba formado por una superposición de cavidades rectangulares alargadas pero que en la parte superior tenía forma de esponja marina, llena de microcavidades imposibles de haber sido talladas o fabricadas por el hombre.

No olía a nada. Y al contacto con la luz despedía tonalidades irregulares que ningún otro material en la tierrra era capaz de producir. Luego de volver a envolverlo, en papel periódico del mismo diario donde trabajaba, don Marcos se fue a la redacción del rotativo en la calle 64, el cual publicó al día siguiente fotografías de dicha pieza junto a otras crónicas de los avistamientos en Homún, que ya se habían vuelto famosos en toda la Península.

La pieza se mandó a analizar y a los pocos días se publicó una nota con firma de Luis Ramírez Aznar, con la fotografía del objeto encontrado por Marcos Quetzal en la que describía cómo se degradaba hasta tomar una forma plástica y de tela. El título de la nota fue “Raro residuo plástico cayó ardiendo en los planteles del sureste de Yucatán”.

En esas mismas fechas ya se había publicado una nota del reportero Víctor Tenreiro en la que se aprecia a un grupo de jóvenes en un avistamiento en Homún. La fotografía de José Martínez muestra una imagen de una luz en el cielo gracias a unos lentes especiales que colocó a su cámara. El título de la noticia, a cuatro columnas era el siguiente: “Extraños objetos luminosos continúan apareciendo en el municipio de Homún”.

Los relatos indicaban que los avistamientos eran cosa de todos los días y hubo versiones de que la nave especial con luces blancas se acercaba lentamente y permanecía “estacionada” a unos 300 metros de altura por encima de la laguna de Yalahau.

La tradición oral y escrita en Yucatán sobre los temas de conversación en cafés, cantinas, bares y centros de reunión era tan poderosa que muchos lugareños llegaron a relacionar la aparición de estos aparatos como una operación del servicio secreto británico ante el anuncio de la visita que la reina Isabel haría a Yucatán, en febrero de 1975.

Un reflejo de esta relatoría  fue llevada al teatro regional por el actor cómico regional Héctor “Cholo” Herrera con su una obra titulada “Los platillos de Homún… y queso”, que era una parodia de este incidente tan comentado en la región.

Los trabajos de investigación sobre ésta época singular fueron recogidos hace tres años por el antropólogo y periodista Faulo Sánchez Novelo, quien documentó la narración periodística de aquella época. Otro periodista cultural, Ariel Avilés Marín, confirmó que esos sucesos sucedieron en las noches de 1975.

En la narrativa de aquellos sucesos se dice que el autor J.J. Benítez basó lo investigado en Yucatán para publicar su obra “Ricky B”, en la que un autobús sufre un misterioso accidente en 1975 y varios pasajeros fallecen. Ricky B. sobrevive y confiesa su secreto: no es humana, procede de las estrellas y ha tomado posesión de uno de los cuerpos resucitándolo. Su confidente no la cree hasta que Ricky B. desaparece en una extraña nave.

En julio de 2019, cuando el Departamento de Defensa  de los Estados Unidos de América  reveló por primera vez la investigación sobre el fenómeno de las aeronaves extragalácticas y la presencia de extraterrestres en nuestro planeta, Francisco Chi Lavadores, decano de los locutores de Yucatán, narró su experiencia junto a otros periodistas y de lo que vivió en aquel lejano 1975.

  “Yo era productor ejecutivo del áreas de noticias del entonces canal 3 de televisión XHYTV del Grupo Sipse y en esa lejana época los vecinos de la comisaría de San Isidro Ochil, municipio de Homún reportaron observar en el cielo presuntos platillos voladores que irradiaban luces multicolores y realizaban diversas maniobras mientras cruzaban el firmamento.”

Recuerda que  Televisa y revistas nacionales mandaron corresponsales a Yucatán para darle cobertura a este caso, lo cual tuvo mucha relevancia a pesar de que no existía el internet ni las redes sociales, lo que sin duda hubiera catapultado aún más la difusión de esta oleada.

Chi Lavadores narró como con la ayuda de unos campesinos, el equipo formado por los camarógrafos Ricardo Rosado Pech, Florentino Sulú Díaz y José Alberto Sánchez López, se adentraron al monte para ubicar el sitio en el que descendían los ovnis y tras recorrer más de 10 kilómetros a través de brechas, llegaron a una antigua sascabera en la cual vieron evidencias de la presencia sideral.

En ese punto, agrega, descubrieron como estaba recién quemada la maleza en un diámetro de 50 metros que supuestamente ocasionó el fuego y el calor que despedían los motores de uno de los ovnis al aterrizar, mismos que desaparecían durante el día.

“Lamentablemente no conservé las imágenes que tomé de este testimonio, pues durante el huracán “Gilberto”(1988) se dañó una alto porcentaje de mis archivos gráficos”.

La noche anterior habían observado las naves en el cielo nocturno de Homún.

“Según los pobladores, previo a exhibirse las naves extraterrestres, se interrumpía la energía eléctrica del lugar y sitios aledaños, de tal forma que al suceder esto, nerviosos aguardamos el ansiado momento y efectivamente, poco después vimos que a lo lejos atravesaban el cielo unos objetos  que volaban a una altura considerable, los cuales despedían luces que cambiaban de color.”

“Se movían en silencio, no se escuchaba ruido alguno, aparecían y desaparecían por momentos, luego se quedaban fijos en el aire y tras 15 ó 20 minutos se dejaban de ver y las cosas retornaban a la normalidad en medio del susto, sorpresa, incredulidad y adrenalina a tal grado que muchos de los presentes no salíamos del asombro.”

Este inusual hecho, relata, se repitió durante las noches siguientes, tal vez una semana o un poco más, pero llamó la atención de los medios nacionales y extranjeros cuyos  respectivos corresponsales no tardaron en llegar, pues el fenómeno ovni estaba desatado en todo el mundo y se hablaba de avistamientos en diversos países y más aún, se mencionaban casos de encuentros cercanos con seres de otras galaxias.

Los escépticos nos tildaron de locos  y que fuimos víctimas de alucinaciones, pero hace más de 45 años atrás fuimos muchos los que dimos fe de los OVNIS en Homún, pues incluso, el radar del aeropuerto internacional de Mérida “Manuel Crecencio Rejón”  los registró y los encargados de la torre de control aseguraron que a esa hora no habían aviones cercanos con los cuales podrían ser confundidos, relata.

La prensa local consigna que a finales de los años ochentas se dio otra oleada, en la ciudad de Mérida, específicamente en los límites de las comisarías de Sitpach y Cholul, y en el 2004, con otra aparición en Ticul, en ese mismo mes de julio con un video difundido a los medios por el joven César Mata, de un ovni circulando a baja altura por el rumbo de la colonia San Juan de esa ciudad ubicada al sur del estado.

Un año después Jaime Maussán vino a Mérida para hacer mediciones “radiológicas” luego de que el video del “alien del fraccionamiento del Parque” se hiciera viral, cuando lo viral significaba circular un video en celulares analógicos vía mensaje. El personaje también viajó al municipio de Ichmul para investigar misteriosos objetos que cayeron la noche del 22 de septiembre de 2013 y que fue recogido por varios medios nacionales como Univisión y Grupo Imagen, entre otros.

En el año 2015 un grupo de jóvenes encabezados por Alejandro Flores y Alejandro Aguilar Mendiola formaron, al igual que las películas de cazatornados,  un grupo de caza ovnis con un convoy de vehículos dotados con equipamiento especial. Visitaron Ticul, Dzan, en Muna e intentaron rastrear la presencia extraterreste en el cenote Sabakha en Sacalum, donde supuestamente se habían visto apariciones.

Casi 50 años han pasado de la fiebre por los ovnis en Homún. Como recuerdo de aquella época, hoy existe en la calle 14, entre 15 y 19, el tendejón “OVNI”, cuyo propietario, aseguran, vivió de cerca los fantásticos sucesos nocturnos en los que, como expresó el profesor Javier Barrera, luego de su experiencia en Chuburná, parecen imposibles:

“Amigos, dijo, estamos tan ocupados en nuestros pobres asuntos, que nos parece imposible que alguien, allá arriba, vigile nuestros pasos y, laborioso y metódico, planee la conquista del planeta Tierra. Sólo la noche ha sido capaz, con su oscuridad y su silencio, de crear las condiciones para que los marcianos, los selenitas y demás seres que habitan el universo, tengan cabida en nuestra imaginación.”