“Huachivón”

“Huachivón”

28/11/2023

En el cenit de su soberbia, Ivonne Ortega impulsó una marca de ropa: Ibónica, que incluía elementos textiles tradicionales en prendas con cortes modernos. Ella y la entonces alcaldesa Angélica Araujo fueron las principales maniquíes de este emprendimiento fallido. 

En realidad, la artífice de esta estrategia fue Gabriela López, mercadóloga de cabecera de la ex gobernadora. Su papel en esta historia de corte y confección se reveló cuando un reportero del Diario de Yucatán, Hansel Vargas, la exhibió en los camerinos de una pasarela. 

La popularidad de Ivonne Ortega y Angélica Araujo se descosió con el paso de los años; sus administraciones compartieron la misma mala calidad y el cuestionable buen gusto que las prendas de Ibónica. Fueron gobiernos —y ropa— de una sola puesta, fast clothes

La ex gobernadora recaló en Movimiento Ciudadano, franquicia política hoy cuestionada de ser comparsa de Morena. Precisamente a ese partido igual irrumpió la mercadóloga López, al igual que otros colaboradores de Ivonne Ortega, como Luis Hevia, Pablo Castro, Antonio Homá y Alaine López.

La presencia de los ivonnistas en Morena, en específico en el equipo de Joaquín, Huacho, Díaz Mena, es aplastante, tanto en la forma como en el fondo. Antiguos funcionarios del Ivonnatose ocupan tanto de la operación política como de la imagen y comunicación del candidato a la gubernatura.

En días recientes, analistas políticos han mostrado los paralelismos del primer spot de Ivonne Ortega —estrenado en 2006— con el de Huacho Díaz. Haciendo a un lado a sus protagonistas, el discurso es casi una calca: en ambos hay elementos melodramáticos y se ponen los cimientos de una falsa mitología. Ambos spots tienen el sello de Gabriela López. 

El control de la mercadóloga en la campaña de Díaz Mena va incluso más allá que la simple construcción del discurso. Como sucedió con la ex gobernadora Ortega y su ropa Ibónica, según ha trascendido Huacho ya cambió su guardarropas en fución a la estrategia dictada en su war room ivonnista

”Desde hace varias semanas, […] Díaz Mena viste con pulcras guayaberas y filipinas y redujo el uso de las camisas y chalecos con los emblemas de Bienestar. Y no se trata de un súbito cambio […] relacionado con la moda, sino que […] es parte del guión que le ha impuesto su nueva asesora en imagen y mercadotecnia política, Gabriela López…”.

(Diario de Yucatán, 5 de septiembre)

El sello de la mercadóloga igual es evidente en los elementos con los que se presenta Díaz Mena. Como Ivonne Ortega, él se presenta como un hombre del pueblo, sencillo, que viene de abajo. En los dos casos, tales aseveraciones no eran verdad, pues ambos provienen de familias con añejos vínculos con la política y el poder. 

Ser señores feudales de municipios como Dzemul y San Felipe, respectivamente, es totalmente contrario a venir de abajo: son parte de la casta que el mismo Andrés Manuel López Obrador critica y combate. Al tirar redes para pescar a priistas, el mismo Díaz Mena recordó que su padre fue dos veces alcalde del PRI en su municipio natal.  

Después de su administración de claroscuros, Ivonne Ortega ha intentado sacudirse de la imagen superficial con la que la revistió Gabriela López. Ha sido un proceso largo y complicado. Aún así, en el imaginario de muchísimos yucatecos se recuerda su paso como un episodio surrealista, de excesos y malos resultados. 

Tanto que, a pesar de haber conseguido la franquicia de MC para Yucatán, no es Ivonne Ortega la que aparece públicamente en el escenario político local, sino personas estrechamente vinculadas a ella y a su proyecto, como Vida Gómez. Ivonne Ortega fue, fugazmente, profeta en su tierra; ya no. Para muchos, fue un cometa de mal augurio.

Aún con ese antecedente, Díaz Mena le dio luz verde a la artífice Loñópez de hacer y deshacer. Como si estuviera en el laboratorio de Víctor Frankenstein, la mercadóloga ha puesto sobre el frío y aséptico metal de la mesa de operaciones diversos miembros para darle vida a un “Huachivón”, una criatura creíble para las próximas elecciones.

En ese aspecto, Gabriela López la tiene sencilla: Díaz Mena es moldeable: en sus manos podrá ser dócil arcilla. A Huacho no le impide el pudor de la situación. Si en el pasado elogió a Ricardo Anaya y a Mauricio Vila —con tanta pasión que convencía—, en el presente puede elogiar, sin remordimiento, a Rommel Pacheco o a Jorge Carlos Ramírez. Hasta los músculos tienen memoria; él no. 

Ahí está, por ejemplo, esa alianza antinatura con Raúl Paz, el supuesto causante por el que el hoy morenista abandonó al PAN. Paz le arrebató a Díaz Mena el curul en el Senado a Díaz Mena en una conspiración en los pasillos de los headquarters nacionales del PAN; ahí, en lo oscurito, Paz pactó con el entonces presidente de ese partido, Damián Zepeda. Ahora, los dos ex panistas reniegan juntos de sus orígenes. 

La narrativa de Gabriela López tendrá que enterrar bajo tierra la poca química que se ha mostrado entre Díaz Mena y el morenismo pura sangre, que se refleja también en la relación entre el candidato y López Obrador. A pesar de que asegura que es cercano al patriarca, sus únicas fotos juntos son de él, parado en la calle, saludando al presidente, en su suburban; hasta los reporteros del Por Esto! tienen imágenes que muestran mayor cercanía con el mandatario. 

Gabriela López apuesta por una campaña en la que lo emocional sepulte lo racional; una ”blitzkrieg” que no dé tiempo de asimilar la verdad. El objetivo es nublar la mirada con lágrimas que broten con briznas de medias verdades, barrer ideologías, capturar desmemoriados. Para ella —y para su producto— ganar lo amerita; como siempre, el fin justifica los medios. 

De lograr su objetivo, los yucatecos podremos ya prever lo que sucederá después.