EL TRONO DE LAS BAYONETAS
Por Neguib Simón Farah, en el Diario de Yucatán
Se le atribuye a Napoleón una frase tan breve como demoledora: “Podrás hacer un trono sobre bayonetas… pero no podrás permanecer sentado mucho tiempo”.
Más allá de la discusión histórica sobre su autoría exacta, la sentencia conserva una vigencia inquietante. Es una advertencia que atraviesa siglos, ideologías y fronteras: el poder sostenido únicamente por la fuerza, el miedo o la imposición es, por definición, inestable.
A lo largo de la historia, los gobiernos han intentado perpetuarse desmontando aquello que los limita. Primero se desacreditan los contrapesos, luego se somete o silencia a la prensa, se relativiza la verdad, se gobierna con medias verdades y se normaliza la mentira como herramienta política.
Más tarde, las instituciones autónomas —incómodas porque no obedecen— se vuelven prescindibles. Todo se justifica en nombre del orden, de la eficiencia o de una supuesta voluntad popular reinterpretada desde el poder. El problema es que ese tipo de construcción no descansa sobre legitimidad, sino sobre presión. No se apoya en confianza, sino en temor. No busca consenso, sino obediencia. Y la obediencia forzada, tarde o temprano, se agota.
La democracia no es perfecta. Los contrapesos incomodan. La libertad de expresión molesta. Las instituciones autónomas estorban. Pero precisamente ahí radica su valor: en su capacidad de decir “no”, de corregir excesos, de evitar que el poder se confunda con la verdad o que la mayoría momentánea se convierta en tiranía permanente.
Cuando todo eso desaparece, el gobierno puede parecer fuerte… pero solo en apariencia. En realidad, se vuelve frágil, porque ha eliminado los amortiguadores que evitaban su colapso.
Lo mismo ocurre fuera de la política.
En las empresas, el liderazgo que se impone a base de miedo, amenazas o silencios forzados puede lograr resultados inmediatos, pero destruye el compromiso, la creatividad y la lealtad.
Las organizaciones donde nadie se atreve a disentir son las primeras en cometer errores fatales. Un jefe que solo manda, pero no escucha, termina gobernando un desierto.
En las familias sucede algo similar. La autoridad que se ejerce desde la imposición absoluta, sin diálogo ni respeto, puede imponer disciplina temporal, pero rompe vínculos profundos. Los hijos obedecen mientras no pueden elegir; en cuanto pueden, se alejan. El control sin amor no educa: fractura.
La lógica es la misma en todos los ámbitos: la fuerza puede construir un trono, pero no puede sostenerlo. Ningún proyecto —político, empresarial o personal— sobrevive mucho tiempo cuando se funda en el miedo, la mentira o la eliminación del otro.
La verdadera estabilidad no nace de la imposición, sino de la legitimidad. No del silencio, sino de la pluralidad. No de la fuerza, sino de la confianza.
Porque al final, quien necesita bayonetas para sostenerse no gobierna: resiste. Y quien solo resiste, inevitablemente, termina cayendo.
NUDO GORDIANO DE 2026
Por Othón Baños Ramírez, en el Diario de Yucatán
Este año 2026 que comienza viene con bajas expectativas de crecimiento económico y peor aún respecto a los niveles de bienestar de las familias mexicanas.
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum presume que México es el segundo país con bajo desempleo, -cosa que es muy cuestionable- la mayor parte de los analistas prevén un crecimiento económico de 1% del PIB nacional.
Factores como la incertidumbre global, la inflación y los retos internos, incluyendo la inversión y el consumo, limitan el potencial de expansión. Asalariados, funcionarios, jubilados, desempleados, pequeños empresarios, entre otros, todos a la vez expresan temor a un mañana incierto.
La inseguridad —de todo tipo— es hoy la palabra clave. La inseguridad en México es actualmente una de las preocupaciones más apremiantes para la sociedad. Se manifiesta no solo en el ámbito de la violencia y la delincuencia, sino también en la falta de certeza respecto al empleo, la economía y el bienestar social.
Esta inseguridad multidimensional se percibe en todos los sectores, desde las grandes empresas hasta los pequeños negocios.
Actores sociales y ciudadanos comparten el temor a un futuro incierto y a la precarización de sus condiciones de vida.
Además, la inseguridad laboral y social se ve agravada por la alta informalidad, ya que una parte considerable de la población carece de acceso a servicios básicos y protección social.
Todo esto contribuye a un ambiente donde la incertidumbre predomina y el sentimiento de vulnerabilidad es generalizado, impactando tanto la confianza en las instituciones como el ánimo de la población.
Una cifra basta para comprender la magnitud del nudo gordiano mexicano. En México, el sector informal representa una parte significativa de la economía.
Según datos recientes del Inegi, aproximadamente el 55% de la población ocupada trabaja en condiciones de informalidad, lo que equivale a más de 30 millones de personas.
Esta magnitud de la informalidad implica que una gran proporción de la fuerza laboral carece de acceso a seguridad social, prestaciones y protección laboral, lo que agrava la incertidumbre y limita las posibilidades de desarrollo económico y bienestar para millones de familias mexicanas.
A causa de lo anterior, el sentido del futuro se ha invertido. Ya no corre como un tiempo abierto al progreso profesional, a la prosperidad, sino como un tiempo aleatorio de crisis.
Totalmente incierto. Todo parece inseguro en todo momento. Es sobre un terreno de vulnerabilidad que se despliegan las expectativas generacionales.
Los estudios especializados sostienen que son muy pocos los mexicanos que salen adelante, en un sentido más riguroso y no conforme a las estadísticas que miden la pobreza.
Mientras la población trabajadora vive en unas condiciones de fragilidad, el discurso político dirigido a los jóvenes no consigue darles confianza en el porvenir.
Hay que reconocer que en el discurso político el pasado cuenta hoy más que el futuro. Esto a pesar de que para nada tenemos un pasado glorioso o de jauja.
El uso político del pasado por parte del gobierno actual en México se manifiesta en la constante evocación de etapas históricas y promesas incumplidas para justificar o legitimar acciones presentes.
Las autoridades suelen recurrir a la narrativa de un pasado plagado de corrupción, desigualdad y abandono social para contrastar sus políticas y reforzar la idea de que representan un cambio verdadero.
Esta estrategia permite al gobierno posicionarse como heredero de una lucha histórica por la justicia social, apelando a la memoria colectiva y a la nostalgia de tiempos mejores o ideales aún no alcanzados.
Al enfatizar el pasado, el discurso gubernamental busca generar cohesión en torno a un proyecto nacional y, al mismo tiempo, desviar la atención de las incertidumbres y desafíos actuales, como la inseguridad, la informalidad laboral y la falta de perspectivas de futuro.
Así, el pasado se convierte en una herramienta política para movilizar emociones, consolidar bases de apoyo y, en ocasiones, evitar el escrutinio crítico sobre los resultados presentes.
VIDAS DE PERIODISTAS
Por Jorge Zepeda Patterson, en El País
Hace 33 años conocí a José Rubén Zamora, empresario y periodista fundador del diario Siglo Veintiuno de Guatemala. No recuerdo si fue una reunión del Comité de Protección de Periodistas u otra organización parecida, la que nos convocó en aquel país a directores de diversos diarios de América Latina. Lo que no olvido es que hicimos migas de inmediato y no solo porque los diarios que habíamos fundado con meses de separación se llamaban igual. También nos identificamos porque los dos proyectos, uno en Guatemala y el otro en Guadalajara, intentaban remover el anquilosamiento de la prensa tradicional con un periodismo de denuncia e investigación con una nueva generación de jóvenes profesionales. Los dos “siglos” consiguieron su propósito de ventilar la conversación pública, crearon nuevos lectores e irritaron a los poderosos, aunque ambos terminaron por perder el nombre: en 1996 las diferencias editoriales con el resto de los accionistas llevaron a Zamora a desprenderse y fundar El Periódico; y por razones similares en 1997 nosotros debimos hacerlo en Guadalajara y creamos el diario Público.
Nunca más volví a verlo, aunque de tanto en tanto sabía de él. En ocasiones porque algún recuento sobre el nuevo periodismo mencionaba a ambos proyectos; en otras, porque al recibir un premio o distinción, alguno de nosotros, nos enterábamos de que uno o dos años antes había pasado por allí alguno de los suyos. Pero a la postre, la historia terminó muy diferente, para desgracia del periodismo guatemalteco.
En 2022, Rubén Zamora fue detenido bajo cargos de lavado de dinero, tras una transacción cercana a los 25.000 dólares, producto de la venta de un cuadro con el que el director pretendía pagar la nómina de El Periódico. Los poderes fácticos y el entonces mandatario Alejandro Giammattei aprovecharon la oportunidad para desquitarse por las incesantes denuncias de corrupción entre funcionarios y oligarcas publicadas por el diario. En un juicio plagado de irregularidades, Zamora fue condenado a seis años de prisión, la publicación terminó cerrando y colaboradores e incluso abogados de su causa recibieron sentencias. La venganza no se detuvo allí. El encarcelamiento del periodista fue convertido en un calvario, posteriormente documentado por organizaciones de derechos humanos internacionales: privación de sueño y de servicios básicos, confinamiento, infestación deliberada de bichos en su celda. “Tenía gusanos recorriendo el interior de mis brazos”. La llamada Fundación contra el Terrorismo, formada por políticos, empresarios y militares, presionó entre los jueces allegados para que su esposa e hijos fuesen inculpados con algún delito y obligar así al detenido a negociar la libertad de sus familiares aceptando culpas, desdiciéndose de sus investigaciones periodísticas y “confesar” que habían sido inventadas. No solo se trataba de acabar profesionalmente con él, también de quitarse de encima el desprestigio internacional que ha provocado la persecución política del periodista. La familia se vió obligada a abandonar el país para evitar ser utilizada en su contra.
En enero del año pasado, la llegada a la presidencia de Bernardo Arévalo, del Movimiento Semilla de tendencia progresista, favoreció la situación de Zamora, al menos parcialmente. En octubre de ese año, luego de un intrincado proceso judicial, el periodista consiguió el beneficio de “casa por cárcel”, un gusto que duró solo unos meses, pues un juzgado revirtió esa decisión en marzo de este año. Con todo, algo ha cambiado. Si bien el sistema judicial está en manos de los grupos más conservadores del país, que incluso han puesto contra la pared al nuevo Gobierno gracias a una andanada de litigios, la gestión de las cárceles es responsabilidad del Ejecutivo. Eso ha permitido otorgar a Zamora condiciones más llevaderas. Lo peor no son los cuatro años de sentencia por desahogar, sino la vulnerabilidad en la que se encuentra con tribunales sospechosos de servir a esos poderosos que El Periódico exhibió durante tantos años.
Recuerdo a José Rubén como un hombre culto, de conversación fácil y de fino sentido del humor. En algún momento de represión y censura en los años noventa, sustituyó el nombre Siglo Veintiuno con el de Siglo Catorce y, con ironía, algunas páginas fueron publicadas en negro. El testimonio de quienes ahora han podido visitarlo da cuenta de que eso no ha cambiado. Sin ninguna vocación por el martirologio, confiesa que en algún momento se desplomó y se sintió perdido, pero al menos no cedió a la voluntad de sus captores. Hoy celebra conocer de nuevo lo que es una regadera y un shampoo, recorre lo que calcula son 10 kilómetros diarios en su celda de 2x5 y afirma que cuando salga continuará su denuncia en contra de la corrupción, aunque sea por otra vía.
Esta semana estuve en Guatemala, pero a más de tres décadas de distancia de nuestro encuentro no me sentí con derecho a solicitar una visita. Sin embargo, una vez que se me hizo presente la prisión, a poca distancia de mis trayectos, no he podido dejar de pensar en su suerte, en la vulnerabilidad del periodismo frente al poder, en la precariedad de los destinos sujetos a los vaivenes políticos de cada país. En el hecho de que los siglos 21 pudieron haber terminado de otra manera.
El terrorista de Veracruz
Es un misterio en qué escenario el fiscal de un Gobierno progresista, como se supone que sería el de Veracruz, puede fincar una acusación por terrorismo a un periodista, incluso tratándose de un comunicador que cubre la llamada nota roja. En la mañanera de este lunes, Claudia Sheinbaum mostró su extrañeza, llamó a las autoridades locales a revisar el caso y rechazó cualquier forma de censura a la libertad de expresión. Menos mal. Pero más allá de subsanar una arbitrariedad tan absurda o preguntarnos qué está pasando en Veracruz, el hecho es una llamada de atención a los excesos a los que puede conducir la mezcla de poder e ineptitud. Una reflexión necesaria para un movimiento cargado de tantos ideales, pero también de tanto poder.
ESCUCHAR
Por Federico Reyes Heroles, en Excélsior
Burla a la burguesía española de finales del XIX; un excedente de cosecha de uva asociado con la buena suerte. El origen no es claro. Pero la tradición se ha extendido: los 12 propósitos del año. Millones lo practican y puede ser un buen momento para la introspección personal y para socializar un problema. Hay deseos personales que pueden convertirse en propósitos ciudadanos. Propongo uno que, creo, nos beneficiaría como personas y como sociedad.
André Maurois, ese gran novelista y pensador francés, miembro de la Academia, escribió en 1939 un libro bellísimo, caído en el olvido. El título pareciera pretencioso y, a la vez, cruzado por la ingenuidad: Un arte de vivir. Su nombre original era Émile Salomon Wilhelm Herzog. La segunda Guerra Mundial, daba inicio. Vio venir el horror. Retomó a Pascal: “bien pensar” como responsabilidad para salvar a las civilizaciones. Hacerlo supone reconocer prejuicios, errores, los alcances de la ciencia, pero no buscar recetas. La esencia: saber escuchar.
José Elías Romero Apis nos lo recordó en estas páginas. Por muy diferentes motivos, las nuevas tecnologías juegan un papel preponderante –ver Batalla por la atención de Mario Campos–, el resultado es que las interrupciones son ya la mecánica preponderante de lo que debiera ser una conversación. Resultado: “mesas gallinero” (ver Registro, Alfaguara, 2020). Todos hablan, nadie escucha, no hay conversación. Ocurre a nivel personal, pero también social. Comenté con Pepe, hemos llegado al extremo de la autointerrupción, la expresión barroca de no terminar nada, ni siquiera nuestro propio pensamiento. Pensar requiere tiempo, ello reclama primero escuchar, ponderar, informarse. Si no tenemos qué aportar es mejor el silencio. Pero sólo con el “bien pensar” se puede llegar a la mejor formulación posible.
Con mucha frecuencia los debates radiofónicos o televisivos son inentendibles. A muchos de los conductores que tratan de mantener una línea argumental (Pascal Beltrán del Río, López Dóriga, Loret, la gran Adriana Pérez Cañedo, Leonardo Curzio, Pepe Cárdenas, Gabriela Warkentin, Paco Zea, Azucena Uresti, Ciro Gómez Leyva y muchos otros), que convocan a debates entre el oficialismo y la oposición, se les imponen los naufragios de la descalificación, la reiteración de las mentiras. Las infinitas interrupciones cancelan cualquier avance en el razonamiento. Los debates legislativos ya también son “asambleas gallinero”. Justo ahí donde se decide el futuro de nuestro país. Las múltiples marchas de todo tipo –productores agrícolas, transportistas, madres buscadoras, trabajadores del sistema de salud, del judicial, de maestros y un sinfín más– son muestra de que no se escucha.
La respuesta del oficialismo ya es cansina: los obscuros intereses de los enemigos, los traidores, los vendepatrias, etcétera. Antes de escuchar ya se tiene el denuesto del diccionario oficialista. Se olvida que las mejores decisiones se toman entre muchos. La pluralidad en las Cámaras, no es sólo un asunto de justicia electoral, es también de calidad argumentativa. Más mentes con perspectivas distintas piensan mejor. Decisiones centrales para México, han sido tomadas con una prisa ofensiva para los legisladores. Una burla: no tuvieron tiempo de leer los proyectos. En un ambiente exacerbado intencionalmente, el elemento esencial del razonamiento, saber escuchar, languidece.
Exponer todas las mañanas a la Presidenta, por varias horas, a recibir cuestionamientos muy diversos, a los cuales con frecuencia no tiene respuesta y debería tenerla, no es escuchar. De hecho, provoca desconfianza, los números no cuadran. Aumentan las clases medias –de las que tanto desconfiaban–, pero las carencias se disparan (¿?).
Miguel Limón sabe escuchar. Que una de las uvas sea un propósito individual y colectivo, rescatemos el arte de escuchar.
¿REFORMA ELECTORAL PARA QUÉ Y PARA QUIÉN?
Por José Woldenberg, en El Universal
Para el año próximo el gobierno anunció una nueva reforma electoral. La presidenta nombró una comisión con solo miembros de su equipo de gobierno. Hay que recordar, porque hace falta, que las últimas reformas en la materia (1994, 1996, 2007 y 2014) fueron negociadas y elaboradas por el conjunto de los partidos políticos con asientos en el Poder Legislativo. Se trató y logró que fueran reformas de consenso porque se entendió que se trataba del marco normativo que debe modelar la competencia (y también la convivencia) de la diversidad política. No es un campo más, sino aquel que permite que, de inicio, la diversidad de opciones esté de acuerdo con las reglas del juego.
Ahora, lo peor que puede suceder es que con las mayorías artificiales que el oficialismo armó en las Cámaras del Congreso se aprueben modificaciones a la medida del gobierno y su coalición sin tomar en cuenta las necesidades y exigencias de las oposiciones. Recordemos una vez más que en el pasado fueron precisamente las oposiciones sucesivas las que fueron el acicate de modificaciones progresivas que permitieron la inclusión de fuerzas políticas a las que se mantenía marginadas del mundo electoral institucional, las que lucharon por autoridades (administrativas y jurisdiccionales) capaces de ofrecer garantías de imparcialidad y las que demandaron condiciones equitativas en la competencia, entre muchas otras. Y esas reformas de consenso honran a los gobiernos de entonces por haberlas aceptado.
Por supuesto, habrá que esperar la propuesta de reforma, pero si sigue los pasos de las presentadas por el expresidente López Obrador, será un eslabón más del proceso de autocratización que vive el país. Podría ser la cereza envenenada del pastel que se ha venido cocinando, luego de la desaparición del Poder Judicial para edificar uno alineado al oficialismo, de la destrucción de varios órganos autónomos del Estado para reconcentrar sus facultades en el Ejecutivo, de la super sobrerrepresentación de la coalición gobernante en la Cámara de Diputados, de la adscripción de la Guardia Nacional a la Sedena, del incremento de las causales para aplicar la prisión preventiva oficiosa, y no le sigo.
Por lo menos habría que lograr reformas que convengan a todos, a la mayoría y las minorías, a la diversidad política que modela al país, al gobierno -si tuviera una visión de mediano plazo- y las oposiciones. Y ellas podrían ser las siguientes:
1. Que los votos se traduzcan de manera exacta en escaños en las Cámaras del Congreso; que cada partido y coalición tenga tantos representantes como adhesiones ciudadanas logradas en las urnas.
2. Reforzar los mecanismos de elección de consejeros y magistrados para que los mismos sean capaces de ofrecer garantías de imparcialidad, lo cual solo es posible si trabajan de manera autónoma.
3. La preservación de los sistemas electorales profesionales que han mostrado eficiencia en su labor, además de independencia en relación a las distintas fuerzas políticas.
4. La multiplicación de las condiciones para que los comicios se desarrollen de una manera equitativa, es decir, que los diferentes partidos y coaliciones tengan los recursos necesarios para que las contiendas sean auténticas.
5. La defensa del esquema federalista de organización electoral no solo porque dice la Constitución que somos una república federal, sino porque su centralización en un solo organismo multiplicaría de manera desproporcionada las tareas de ese instituto nacional.
EL 'EVENTO' DEL TREN
Por Sergio Sarmiento, en Reforma
Como todas las obras de la 4T, el Tren Interoceánico se ha inaugurado varias veces. Quizá la ceremonia que más deba interesarnos es la del 22 de diciembre de 2023, cuando el expresidente López Obrador inauguró la Línea Z de pasajeros desde Salina Cruz, Oaxaca. "Necesitamos dejar un futuro con posibilidades de desarrollo para las nuevas generaciones -dijo-. Hay que pensar en los que vienen detrás de nosotros. Para ellos es este proyecto".
La obra estuvo a cargo de la Secretaría de Marina. El director general del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec fue, desde enero de 2023, el entonces vicealmirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, hoy almirante y secretario de Marina. Sin embargo, apenas dos años y seis días después de la inauguración, el Tren Interoceánico sufrió un descarrilamiento cerca de Nizanda, Oaxaca, que ha dejado 13 muertos y 98 heridos. La cuenta de X de la Secretaría de Marina se refirió primero a la tragedia como "un evento ferroviario"; posteriormente empezó a identificarlo como un "accidente".
La Fiscalía General de la República, la Fiscalía de Oaxaca y la Agencia Reguladora del Transporte han abierto investigaciones. Es importante que las hagan bien, porque hay dudas sobre su independencia. Después del desplome de la Línea 12 del Metro en la Ciudad de México el 3 de mayo de 2021, la presidenta Sheinbaum, entonces jefa de gobierno, contrató un peritaje de la empresa noruega DNV, que después rechazó porque sus conclusiones no coincidían con las de ella. Posteriormente, la información técnica de la línea fue reservada.
No tenemos hasta el momento forma de conocer las razones del descarrilamiento del Tren Interoceánico. Sin embargo, están registrados en la vía siete accidentes previos: colisiones con vehículos automotores sin víctimas mortales. El Tren Maya, un proyecto distinto, ha tenido dos descarrilamientos, sin víctimas, en movimientos de baja velocidad.
Tanto el Tren Maya como el Interoceánico fueron impulsados por el expresidente López Obrador, empeñado en revivir los ferrocarriles de pasajeros que se fueron quedando sin viajeros, al no ser competitivos frente a autobuses y aviones, hasta desaparecer casi completamente a fines del siglo XX. Las dos vías férreas se construyeron sin estudios previos de factibilidad ni proyectos ejecutivos. Ni la Marina, que construyó el Interoceánico, ni la Secretaría de la Defensa, que estuvo a cargo del Tren Maya, tenían experiencia previa. Los contratos se repartieron de manera discrecional, y por lo menos algunos se asignaron a empresas relacionadas con los hijos del presidente López Obrador. Fue el caso de las firmas de Jorge Amílcar Olán, quien suministró balasto para el Tren Maya. Ha circulado una grabación de Pedro Salazar Beltrán, primo de los hijos López Beltrán del expresidente, quien le dice a Amílcar Olán que "hay que pasarle su mochada" al laboratorio para analizar el balasto, y añade: "Ya cuando se descarrile el tren, ya va a ser otro pedo...". Gonzalo López Beltrán "colaboró como honorífico" en el Interoceánico, según AMLO.
Habrá que esperar a las investigaciones sobre el accidente del 28 de diciembre. Ojalá se lleven a cabo con independencia y honestidad. También deberíamos exigir que la información técnica no se oculte, como ocurrió con la Línea 12 del Metro capitalino. Aunque supongo que, si el gobierno hubiera querido transparencia, no habría pedido la construcción de los trenes a la Marina y la Defensa.
AUSENTE
El gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, no apareció ayer en la mañanera cuando el secretario de Marina, el subsecretario de Derechos Humanos y el director del IMSS-Bienestar se enlazaron desde la zona de la tragedia. La Presidenta dijo que el gobernador había estado atento, pero no explicó su ausencia.
UN AÑO DE 'DEALS'
Por René Lankenau, en Milenio
Este 2025 arrancó con Trump amenazando con paralizar el comercio internacional entre México y EU. Fueron meses muy complicados, de mucha incertidumbre para la comunidad empresarial de este país. Luego vino una desaceleración en el consumo y con ello muchas empresas empezaron a reflejar en sus resultados menores ventas y en general un panorama menos optimista, particularmente cuando se compara con cómo fueron los años pospandemia.
En lo personal creo que 2025 sobresale por haber sido un año en el que vimos varias transacciones muy significativas en varias de las empresas más grandes en México. Resaltamos aquí las seis que consideramos más significativas:
ASUR sale de compras. La operadora de aeropuertos hizo al menos dos transacciones muy importantes este año. Primero, en verano, compraron tiendas en los aeropuertos de Nueva York, Los Ángeles y Chicago (pagaron por estas concesiones casi 300 millones de dólares). Luego, en noviembre, anunciaron un deal de casi mil millones de dólares para quedarse con el control de 20 aeropuertos, ahora ubicados en Brasil, Ecuador, Costa Rica y Curaçao. ASUR es, sin duda, una de las empresas mexicanas que más ha crecido a lo largo de los últimos 15 años: pasaron de ingresos de 3 mil 131 millones de pesos en 2009 a 31 mil 332 millones el año pasado.
La reconfiguración de Herdez. Una empresa que tiene más de 100 años y sigue en plena evolución. En 2025 separaron las más de 600 sucursales de Nutrisa, Moyo y Chilim Balam (que están ahora en una firma pública, independiente) y además le vendieron a McCormick 25% de McCormick de México —y por eso les pagaron 750 millones de dólares.
Nace Grupo Águilas. Ollamani y General Atlantic, una firma de inversión de EU, serán ahora los propietarios de una nueva organización dentro de la cual están el Club América, el estadio Banorte y algunas propiedades ubicadas alrededor del estadio. Ollamani se queda con 51% y General Atlantic con el 49% restante, en una transacción que le asigna un valor de 490 millones de dólares a la nueva empresa.
La fusión de Volaris y Viva Aerobus. A punto de terminarse el año y sorprende a todo mundo el anuncio de Volaris y Viva Aerobus: las dos aerolíneas más grandes en México están en proceso de fusionarse a nivel holding (esto lo explicamos con más detalle en la columna de la semana pasada).
La venta de Prolec. En octubre, y en plena fiebre por la construcción de data centers, GE Vernova acordó pagarle a Xignux 5 mil 275 millones de dólares para quedarse con el 50% de Prolec GE que aún no tenía. Con sede en Monterrey, Xignux es una de las empresas privadas más grandes en este país; es uno de los eventos de liquidez más grandes en la historia reciente.
Banamex regresa a manos mexicanas. Después de tres años desde que anunciaran su intención de separar a Banamex, en diciembre se hizo oficial el acuerdo por medio del cual Fernando Chico Pardo tomaba las riendas de uno de los bancos más grandes en este país.
Es importante destacar que el impacto de todas estas transacciones lo veremos apenas en 2026. ¿Será que Hérdez usará esos recursos para meterse a otro negocio? ¿Que la venta de Prolec detonará la creación de más family offices en Monterrey? ¿Que detrás de la llegada de una firma de inversión a las Águilas, veremos más transacciones de ese tipo? ¿O que el próximo año Banamex, ya con un nuevo dueño a la cabeza, regresa a ser un banco que amenaza el liderazgo de los otros gigantes de la banca en este país?
No tengo duda que, en términos empresariales, viene un año muy interesante.