BILLETAZOS DE IMPUNIDAD
Por Jesús Silva-Herzog Márquez, en Reforma
A billetazos de impunidad la presidenta pretende comprar la unidad de su partido. Tan insegura se encuentra todavía de su liderazgo que está dispuesta a pagar altísimas cantidades a la red de extorsionadores que el patriarca encumbró. Para Sheinbaum no se trata solamente de una decisión electoral. La competencia con la oposición no le quita el sueño. Lo que la inquieta es la posibilidad de una rebelión interna. Un partido de brazos cruzados le haría un inmenso daño. Por eso se muestra dispuesta a proteger a los barones del partido y emplea todos los instrumentos de su extraordinario poder para garantizar su impunidad. A los secretarios del gobierno anterior, a sus enviados diplomáticos, a sus compadres y parientes se atreve de pronto a marcarles alguna distancia. Pero de inmediato les ofrece garantías de que la ley no los incomodará en lo más mínimo. Las investigaciones del huachicol fiscal se cerraron tan pronto apuntaban a las alturas de la Secretaría de Marina, el desplazamiento del coordinador morenista fue un castigo de frío, no de ley. No se le molestó siquiera con una pregunta sobre su vínculo con el funcionario que resultó la cabeza de una organización criminal. No se hizo ninguna investigación sobre la escandalosa incoherencia de sus declaraciones administrativas. Como único castigo, el alejamiento del primer círculo del poder.
Ningún ejemplo tan escandaloso como la permanencia del funcionario de la SEP que describe la política educativa de este sexenio como una imperdonable traición al movimiento. Resulta difícil imaginar algún otro gobierno que se comportara de esa manera ante una denuncia que viene desde dentro. Un funcionario del gobierno de Claudia Sheinbaum ha declarado públicamente que el gobierno de Claudia Sheinbaum traiciona eso que llaman graciosamente "humanismo mexicano". La acusación es la más grave que pudiera imaginarse dentro de la secta. El burócrata se coloca como defensor de la pureza ideológica y llama infiel a la jefa del estado mexicano. Seguro de su blindaje, el autor de los bodrios de texto gratuitos convoca a la insurrección magisterial, y lo hace desde su oficina en el gobierno federal. La presidenta Sheinbaum decide no escuchar la amenaza, ignorar el llamado a la rebeldía y dejar al insurrecto en su escritorio y con su quincena intacta.
El propósito de la unidad no proviene de un mero cálculo electoral. Se trata de una estrategia de gobierno, de una confesión de debilidad. El ejecutivo más poderoso de las últimas décadas se percibe frágil. Vulnerable, sobre todo, a las extorsiones que vienen de dentro. Por ello, más que ganar elecciones, lo que busca la presidenta es garantizar la gobernabilidad en el país a través de una cadena de concesiones. Si hay un reflejo distinguible en la política de Sheinbaum es ese: ceder, conceder. De la misma manera que actúa frente a Trump, es decir, cediendo y cediendo, se comporta frente a los poderes reales dentro de su coalición. Ese es, hasta el momento, el resorte primario de la presidencia de Sheinbaum. Afuera y adentro: ceder.
La moneda de la impunidad es, desde luego, la justicia selectiva. A unos se premia, a otros se les aleja. A quienes se persigue es siempre a los prescindibles. El lema es claro: en la aplicación de la ley, por el bien de la unidad, primero los débiles. A quienes carecen de conexiones políticas, a quienes están fuera del circuito del padrino, puede aplicarse con toda severidad la ley. El caso del tren interoceánico es indignante. En la maraña de irresponsabilidades criminales, un conductor es elegido para cargar con la culpa de decenas de muertes. El castigo del personaje más débil es empleado para justificar el discurso de que la ley es igual para todos y que la presidenta se toma la justicia en serio. El crimen del tren pone en práctica la doctrina oficial de la impunidad.
Una de las consecuencias de tener una fiscalía dependiente es que cada decisión que venga de ese órgano ha de ser interpretada como una decisión presidencial. Al no haber ningún margen de autonomía, debe entenderse que la persecución del delito es, de manera directa, instrucción del ejecutivo. Cuando la fiscalía persigue a unos y protege a otros es la presidencia la que carga con la responsabilidad política de la acción y la omisión.
COREOGRAFÍA
Por Denise Dresser, en Reforma
Casi cada mes se repite la coreografía. La presidenta Claudia Sheinbaum se sienta con empresarios, líderes de la inversión privada, cámaras y consejos. Hay fotos, aplausos y promesas. Se anuncian nuevos montos, nuevas "estrategias", nuevas versiones -cada vez más recicladas- del Plan México. Se vende optimismo. Se invoca el nearshoring. Se jura crecimiento. Y, sin embargo, el país no despega. Los anuncios no se convierten en inversión. La inversión no se convierte en crecimiento. El ritual se repite; el resultado, no.
México vive una paradoja incómoda: nunca había sido tan importante para Estados Unidos y nunca había desaprovechado tanto esa ventaja. Somos el principal socio comercial de EEUU, el eslabón clave de la relocalización industrial, el país con geografía privilegiada y mano de obra abundante. Pero la economía está aletargada, somnolienta, con un pulso apenas perceptible.
Las cifras son un balde de agua fría. En 2025, el crecimiento del PIB alcanzó sólo 0.7 por ciento, frente al año anterior de 1.1%, y esto mientras el gobierno insistía en que podríamos llegar a 1.5%. En los primeros siete meses del año pasado, la actividad económica acumulada fue de 0.1%. El oficialismo celebró el dato del PIB -apenas por encima del margen de error- como si no revelara una situación delicada.
¿Por qué esta desconexión entre discurso y realidad? Porque el principal obstáculo al crecimiento no es un misterio global ni una conspiración externa. Es una decisión doméstica: la incertidumbre convertida en política pública. Una incertidumbre propiciada en el propio gobierno y se filtra por la vía fiscal, judicial y regulatoria, hasta volver tóxica cualquier apuesta de largo plazo. Ahí están los resultados: SEMAR declara desiertos los concursos para concesionar durante los Dos Polos de Desarrollo para el Bienestar en Chiapas.
La inversión lo delata. Tras meses de contracción, en noviembre se recuperó con un crecimiento mensual de 0.4%, aunque mantuvo una caída anual del 5.7%. La privada es menor que en 2024; la pública, un desastre. Sin inversión no hay crecimiento. Y no hay inversión cuando el Estado juega a la ruleta con las reglas.
El mensaje fiscal que hoy reciben empresarios -excepto los privilegiados y protegidos por el régimen- es sencillo y alarmante: cumple hoy y quizá mañana cambien la interpretación; planea con cuidado porque el criterio puede ser retroactivo; confía, pero ten liquidez por si llega una auditoría interminable; invierte, pero prepárate para litigios largos y costosos. No se trata de si las empresas deben pagar impuestos -claro que deben-, sino de cómo se cobran, cuándo y con qué reglas. Nadie invierte a ciegas o ante cambios constantes.
A eso se suma un clima institucional cada vez más frágil: reforma judicial, desaparición de contrapesos, debilitamiento del amparo, tentaciones de retroactividad. Todo eleva el costo percibido de invertir en México. Y ocurre justo cuando se acerca la revisión del T-MEC en 2026. El reloj corre; el gobierno titubea.
El telón de fondo fiscal empeora la escena. El déficit púbico en 2025 fue 4.8% del PIB. La deuda ya equivale a 57% del PIB. La "consolidación" se logró a machetazos: desplomando la inversión pública. Las presiones no desaparecen: pensiones, subsidios, transferencias. Una mitad es obligación legal; la otra, obligación política. Para sostener su base electoral, el gobierno necesita recursos. Y esos recursos salen, cada vez más, de sacrificar el futuro productivo del país.
Ésta es una de las mayores debilidades del inicio del sexenio de Sheinbaum. No sólo económica, también política. Un gobierno que presume diálogo con empresarios pero desconfía de la inversión privada; que promete certidumbre mientras fabrica incertidumbre; que anuncia planes sin corregir los incentivos que los vuelven inviables; que se reúne con economistas independientes después de que el daño ya está hecho.
México no carece de oportunidades. Carece de reglas creíbles. La geografía abre puertas; las inversiones deciden si se cruzan. Mientras el gobierno siga espantando a la inversión -por acción u omisión-, los anuncios seguirán siendo eso: ruido. Mientras el gobierno siga confundiendo la puesta en escena con la certidumbre y la predecibilidad, la inversión seguirá esperando fuera del salón. Porque lo que hoy se repite no es una estrategia de desarrollo, sino una coreografía vacía: mucho movimiento, mucha música, muchas fotos. Y un baile que lleva a alguna parte.
LOS ABUSOS Y EL DESGASTE
Por Raymundo Riva Palacio, en El Financiero
Las imágenes son poderosas. Andrea Chávez en el salón de belleza del Senado, arreglándose el peinado. El contexto aplasta: soberbia, arrogancia y privilegios. Lo que antes condenaban, ahora se lo apropiaron. La crítica los devora sin que puedan sacudirse el desprecio y descrédito que los baña, un búmeran de la estigmatización que impulsaron por años, que se ha estrellado en sus caras.
Chávez no es la única senadora que usa el salón en el Senado, donde este tipo de facilidades, que pueden verse en función de sus labores, más que privilegios, quedó como símbolo de un abuso a costa de los contribuyentes, arrastrada por un grupo con desprestigio que gana densidad cada día y por su protagonismo arrogante.
Fueron epílogo de una semana de figuras del régimen metidas en un chapoteadero.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, desesperada porque la alteración de sus cifras sobre inseguridad no puede modificar la percepción de su desgobierno, demandó el silencio de los medios, umbral de la censura, con argumentos mentirosos sobre lo que se hacía en el pasado, olvidando que su antecesora dijo en su momento que el éxito de su estrategia de seguridad era la buena percepción que tenían de ella los capitalinos.
Pero nada como el caso de la gobernadora de Campeche Layda Sansores, el más corrosivo de todos, no por su estridencia, sino porque hoy gobierna como si Morena fuera un adversario más. La fractura de su propio grupo parlamentario, el uso político del aparato del Estado y la normalización del conflicto permanente, han convertido a Campeche en un laboratorio del desgaste interno. Sansores no sólo confronta a la oposición, sino a su partido, a la prensa, a la crítica y, en el proceso, convierte a Morena en rehén de su estilo personal.
Morena no enfrenta hoy su principal desgaste en la acera de enfrente. Tampoco en Washington, ni en los mercados. Ni siquiera en los errores heredados del pasado. El mayor daño se lo están provocando algunos de sus propios cuadros, con actos y declaraciones que no sólo erosionan la narrativa de superioridad moral, sino que exhiben algo más delicado: la pérdida de disciplina política y de conciencia del poder que ejercen. Se está desgastando sola, desde dentro, por una combinación peligrosa de soberbia, falta de contención política y un protagonismo personal que ya no distingue entre el proyecto y el ego.
Brugada, Chávez y Sansores no forman un bloque, ni responden a una misma lógica o comparten agendas. Pero sus comportamientos, vistos en conjunto, proyectan una imagen inquietante para un movimiento que llegó al poder prometiendo ser distinto. Sus casos comparten un hilo conductor: la incapacidad -o la negativa- de entender que el poder no se ejerce sin costos cuando se hace de espaldas a la percepción pública y a la disciplina política.
Brugada juega en otra liga. Representa a la militancia dura, a la lógica de partido hegemónico en la Ciudad de México. No ha protagonizado escándalos, pero representa el otro problema de Morena: la reproducción de un poder territorial que ya se siente propietario del proyecto. Su fortaleza en la capital no le resta votos hoy en día, pero sí alimenta la percepción de que Morena empieza a parecerse demasiado a aquello que prometió erradicar: estructuras cerradas, candidaturas decididas en círculos reducidos y una narrativa de inevitabilidad. No daña por exceso, sino por acumulación. No dinamita a Morena, pero tampoco la oxigena.
Chávez encarna el error clásico del político joven que confunde visibilidad con impunidad. Los señalamientos por actos anticipados de campaña y el uso simbólicamente explosivo de recursos sensibles -como ambulancias- no sólo exhiben una falta de criterio, sino algo más grave: la idea de que las reglas son flexibles cuando se es parte del movimiento correcto. Morena ha construido su legitimidad sobre una supuesta superioridad ética. Cada vez que uno de los suyos actúa como si esa ética fuera opcional, el daño es doble.
Sansores es el caso más grave de la última semana. No fue por una declaración, sino por un estilo de gobierno que ha fracturado a Morena desde dentro. Conflictos con su propia bancada, endeudamiento opaco, confrontación permanente y el uso de herramientas legales como armas políticas. Campeche se ha convertido en el nido de algo que Morena decía no ser: autoritarismo envuelto en retórica de justicia. Ahí el daño no es simbólico; es estructural.
El problema para Morena no es que existan errores, todos los partidos los cometen. Tampoco que Morena tenga figuras polémicas; todos los partidos las tienen. El problema es que construyó su legitimidad sobre la idea de ser moralmente distinto. Cada acto de soberbia, cada abuso de poder, cada conflicto interno mal gestionado no se mide como error político, sino como traición al relato fundacional.
Durante años, el liderazgo carismático de Andrés Manuel López Obrador funcionó como árbitro, muro de contención y justificación. Hoy ese liderazgo ya no opera igual. Morena sigue siendo electoralmente fuerte, pero cuando el poder se ejerce sin límites internos, empieza a corroer. Y esa erosión no se combate con discursos. Se combate con control, con autocrítica y, sobre todo, con memoria de por qué llegaron al poder, que hoy, muchos de sus cuadros parecen haberlo olvidado.
CLAUDIA, LA REFORMA ELECTORAL Y UN ENORME SEGURO DE VIDA
Por Salvador Camarena, en El Financiero
La presidenta Claudia Sheinbaum actúa convencida de que la política social protege al sistema. Y al lanzar la reforma, por los sectarios pasos dados hasta hoy, el ambiente está aún más enrarecido.
¿Para qué quiere una reforma electoral la presidenta Claudia Sheinbaum? La cercanía del plazo para presentar la iniciativa aumenta la duda. Con el actual sistema, Morena ha ganado casi todo lo que ha querido; entonces, qué necesidad.
La mandataria dijo la semana pasada que la sociedad se va a sorprender cuando, en cosa de días, dé a conocer el proyecto de una decisión que le ha confrontado con sus aliados y le acarrea duras descalificaciones de sus opositores.
Independientemente de que utilice la reforma para patear un año la segunda parte de la elección judicial, o para adelantar la revocación de mandato y subirse ella a la boleta, y como la decisión parece tomada, hay que insistir: de fondo, para qué.
En otros momentos, otros presidentes decidieron reformas político-electorales. En la coyuntura actual es muy oportuna una reflexión recogida en el libro ¿Cómo llegamos aquí?*, de Luis Farías Mackey. Farías Mackey cita un pasaje de “Vivir en el Sistema. Relato periodístico testimonial de un hombre estigmatizado por el poder” (UNAM, 2011), tesis de licenciatura de esa periodista excepcional que es Martha Anaya.
José López Portillo quería que Jesús Reyes Heroles fuera su secretario de Gobernación. Éste tenía dudas, y las compartía con sus asesores. Aceptó el encargo tras convencer a JLP de que realizara una reforma política.
Aquí el recuento de Reyes Heroles, y su argumento para desbaratar las resistencias a la reforma política por parte de un López Portillo que recibía un país en crisis y confrontado tras el estrambótico sexenio de Luis Echeverría Álvarez: “No crees en esto porque piensas que el proyecto económico te va a salir tan bien que entonces el conflicto económico, social y político se va a resolver por la bonanza económica y sus significaciones; y entonces tú ves mi proyecto como el proyecto de alguien preocupón, que está hablando de dinosaurios alados que no van a existir; porque si entra dinero, habrá derrama y todo caminará como en jauja, cuál problema político, se acabó el conflicto. Yo no creo en eso, pero si te sale, en efecto, mi propuesta es una locura.
“Pero te ofrezco esto como red de protección por si aquello no te sale. Porque si no te sale tu propuesta económica, ¡agárrate!, porque la izquierda va a estar afuera, puesto que la reforma política no va a existir, y vas a tener el dilema de echar mano de la represión. Y van a haber enfrentamientos con las derechas ante la situación de la izquierda.
“Entonces, no la tomes porque te entusiasme, tómala como un seguro. Y no me preguntes, pero yo creo que esto te va a salvar. Sí, eso que irrita oírlo. Así como no creo en tu proyecto económico porque creo que se va a quebrar, entiendo que tú tienes escepticismo de esto. ¡Cómpralo como un seguro de vida!
“¡Y lo compró!
“Pero eso sí, todavía me insistió en su proyecto económico.
Me dijo: ‘Pero va a funcionar, Jesús’”.
El país, ya se sabe, quebró con López Portillo. Acaso no se deshilvanó en medio de estallidos sociales porque sí existió la reforma de Reyes Heroles.
Hoy la presidenta actúa convencida de que la política social protege al sistema. Y al lanzar la reforma, por los sectarios pasos dados hasta hoy, el ambiente está aún más enrarecido.
La reforma que necesita la presidenta es una que, al hacer más pareja la cancha contenga, los excesos de sus correligionarios. Favorecer desde una ley y las instituciones a su movimiento, desataría aún más los apetitos corruptores.
Garantizar que otros pueden ganar obliga a la contención. El seguro de vida que necesita la mandataria es una reforma que fortalezca al sistema abriéndolo. Sobre todo en un contexto donde la economía no levanta, la amenaza de Trump no es retórica y el crimen organizado resentirá con feas tarascadas el fin de los abrazos.
Sólo así se entendería que la presidenta quiera gastar su capital político, ése que creció luego de que concretó el desplazamiento a Adán Augusto del liderazgo en el Senado.
Hacer más democrático al sistema sí sería una gran sorpresa. Y un seguro ante contingencias.
TEQUILA Y EL NUEVO CRIMEN MEXICANO
Por Héctor Aguilar Camín, en Milenio
Las drogas quedaron atrás como el crimen mayor de México. El nuevo crimen que azota el país es más grande y más ubicuo. Es ya una especie de Estado paralelo, ilegal, que saquea y oprime a los ciudadanos, incrustado en las redes del Estado legal que debería combatirlo.
México está gobernado, y oprimido, por la mezcla de esos dos órdenes de poder, indisociables y cómplices en zonas de país cada vez más extensas.
El arquetipo de jefe criminal mexicano dejó de ser El Capo del Narco, Miguel Ángel Félix Gallardo, o Joaquín El Chapo Guzmán, que se dedicaban al tráfico de drogas y mataban para asegurar rutas y plazas de su comercio.
El nuevo arquetipo de jefe criminal es el que mata y oprime para construir autoridades criminales, que desplazan o absorben al Estado legal en determinados territorios y ejercen desde ahí su negocio dominante: la extorsión de la sociedad.
El nuevo prototipo está encarnado a la perfección en el detenido presidente municipal de Tequila, Diego Rivera, en cuya nómina de delitos no se ponía el sol y cuyo orden criminal había suplido al orden legal en un rico y rentable municipio.
Diego Rivera tenía una Secretaría de Hacienda paralela que le cobraba contribuciones ilegales a todo mundo: 20 mil pesos mensuales a vendedores artesanales, 150 mil a dueños de vinaterías, 7 millones a gasolineros y tequileros.
A todos los amenazaba con clausuras y castigos con la policía municipal y con un grupo adjunto de sicarios expertos en el cobro de piso.
El alcalde se había apropiado por capricho soberano del Museo del Tequila, patrimonio cultural del municipio, para volverlo su oficina, y había establecido un régimen de impuestos prediales desorbitados, hijos de su libre ocurrencia.
Sabemos ahora que el mini-Estado criminal de Tequila era sólo un eslabón de un Estado criminal más grande, el Cártel Jalisco Nueva Generación, a cuyo jefe, Nemesio Oseguera, El Mencho, el alcalde de Tequila le pagaba una cuota anual de 40 millones de pesos.
El nuevo crimen mexicano no sólo quiere vender drogas. Quiere suplir al Estado y extorsionar a la sociedad. Es su nueva naturaleza, gobernar para sí, capturar el Estado, criminalizar todo lo que quede a su alcance.
TEQUILA ES LA PUNTA DEL ICEBERG
Por Salvador García Soto, en El Universal
El del narcoalcalde morenista de Tequila, Diego Rivera Navarro, dista mucho de ser un caso aislado o excepcional en México; por el contrario, el modus operandi de ese munícipe de Jalisco, se repite en otras alcaldías de distintos estados de la República, donde el poder municipal, primera instancia de gobierno que tienen los ciudadanos, está rendido y entregado a los grupos del narcotráfico que, en cuando no los imponen y apoyan electoralmente, los convencen y someten con la ley de “plata o plomo” que hoy amedrenta y asesina a los presidentes municipales del país.
Lo mismo en Jalisco que en Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Tamaulipas, Sinaloa, Oaxaca o en muchas otras entidades federativas de México, los tentáculos de los capos y cárteles de la droga han capturado a los municipios y a sus gobernantes que, sin apoyo de los gobernadores, que en la mayoría de los casos eluden su responsabilidad bajo el argumento de que “son delitos federales” o de plano protegen al narco en sus estados, quedan abandonados a su suerte y deben decidir entre gobernar y desafiar a los narcos o de plano ser baleados y asesinados por su rebeldía.
No es gratuito que en México asesinen a un alcalde cada 2 meses y medio, según las alarmantes cifras de una revisión realizada por EL UNIVERSAL en noviembre de 2025, y que arroja que del año 2000 a la fecha han sido asesinados de manera violenta 119 presidentes municipales de todas las regiones y estados de la República, siendo el sexenio de Peña Nieto el que más asesinatos tuvo con 42 munícipes asesinado; Felipe Calderón con 37; López Obrador con 26 y en el primer año de la presidenta Claudia Sheinbaum han matado a 10 presidentes municipales.
Si el paradigmático caso de Carlos Manzo, en Uruapan, demostró la realidad de muchos alcaldes que exponen su vida por no querer someterse al imperio criminal en sus municipios, ahora el escándalo de Tequila confirma que los cárteles de la droga, como el Jalisco Nueva Generación, ahora ya no se desgastan queriendo coptar o someter a los alcaldes que se niegan a trabajar para ellos, sino que capos como Nemesio Oseguera El Mencho ya seleccionan a sus propios candidatos, gente que trabaja para ellos, y los coloca o impone a los partidos, en este caso en Morena, para que los hagan candidatos y una vez en el cargo ya no gobiernan para el municipio, sino para extorsionar, cobrar cuotas y disponer de los recursos municipales para sus jefes narcos.
¿Cuántos alcaldes más como Diego Rivera Navarro habrá en otros municipios y estados trabajando y colaborando, justo ahora, en toda la República mexicana? La base de la pirámide de la narcopolítica en México se ha construido sobre las alcaldías que fueron el primer nivel de gobierno que logró someter y controlar el narcotráfico. De ahí siguieron los gobernadores, que ya hay varios señalados de haber sido financiados por los cárteles y de tener vínculos directos, y encima de ellos solo está la Presidencia de la República, y los Poderes Legislativo y Judicial.
Es por eso que cualquier estrategia que busque comenzar a desmantelar las redes de protección política del narco mexicano, tendría que empezar por una revisión a fondo de las presidencias municipales y sus titulares, porque tal y como lo demuestra el caso de Tequila y su narcoalcalde que le entregaba cuotas millonarias al CJNG, producto de sus extorsiones y saqueo del erario municipal, y que incluso tenía a integrantes de ese cártel en la nómina, los municipios, sobre todo los que generan más riqueza ya sea por turismo, comercio o producción agrícola e industrial, hoy son vistos como “minas de oro” por el crimen organizado.
Tan solo la semana pasada en distintos hechos, atentaron contra la alcaldesa de Ayotoxco, Puebla, mientras viajaba en su camioneta a la CDMX; al alcalde de Temoac, Morelos, lo emboscaron a balazos en una gasolinería; al presidente de Banderilla, Veracruz, le balearon su casa y al de Zacualpan, también en la entidad veracruzana, lo intentaron matar a tiros junto con su esposa de regreso de Xalapa. ¿Cuántos alcaldes más tendrán que morir y ser sacrificados por resistirse al control del narco? ¿Cuántos municipios más tendrán que ceder sus funciones y su autoridad a los cárteles de la droga?
Tequila y su alcalde narco son apenas la punta del iceberg de un fenómeno de claudicación y abandono del Estado mexicano y de las autoridades estatales y federales al nivel de gobierno más cercano a la gente; pero también son la prueba de que la narcopolítica, esa que empezó en los tiempos del PRI, que mantuvieron intacta los gobiernos del PAN y que se continuó y potenció con los gobiernos de Morena y la política de “abrazos, no balazos” de López Obrador, hoy sigue avanzando y carcomiendo, como un cáncer, las estructuras políticas y de gobierno en México.
¿Cómo negar entonces que México no está siendo gobernado en amplias regiones y territorios por los cárteles de la droga si los partidos políticos están postulando ya a sus operadores e integrantes para ocupar posiciones de gobierno en los municipios, mientras siguen atacando a aquellos alcaldes que no se someten a su imperio criminal?
NOTAS INDISCRETAS… Y mientras el país mira asombrado el rostro de la narcopolítica en Tequila y en Jalisco, la otra cara violenta del narcotráfico se sigue asomando con todo su horror en Sinaloa. Mientras la búsqueda de los 10 mineros desaparecidos de La Concordia llevó al descubrimiento de una nueva fosa clandestina en las inmediaciones de la mina Vizla Silver, donde secuestraron a los trabajadores desde el pasado 23 de enero, confirmándose ya la identidad de dos de los mineros secuestrados. Ahora hay muchos más cuerpos enterrados en esa fosa donde se teme que puedan aparecer más cuerpos de los ocho mineros restantes, cuyo paradero sigue siendo desconocido para familiares y autoridades. Todavía no se salía del horror del secuestro y desaparición de los 10 mineros, cuando se supo de otra desaparición, esta de una familia de turistas del Estado de México que estaban vacacionando en Mazatlán. De los seis integrantes de la familia que fueron secuestrados, ayer las autoridades lograron encontrar a una mujer de 38 años y a una niña de 9, pero seguían sin saber el paradero de cuatro hombres, Omar, Gregorio y Javier Ramírez Sabino, además de Oscar García Hernández. Si a eso se le añade el ataque armado a los dos diputados de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres y Elizabeth Montoya, el pasado 28 de enero, está claro que el costo de no haber sofocado o terminado ya con la guerra narca que vive Sinaloa desde hace un año cuatro meses, está siendo demasiado alto y la entidad productiva del Pacífico sigue pagando los costos de la indecisión e indefinición del gobierno de Claudia Sheinbaum para poner fin a la disputa entre los Mayos y los Chapos que sigue desangrando a Sinaloa y a sus habitantes… Por primera vez en la historia del Super Bowl y sus espectáculos de medio tiempo, el de ayer de Bad Bunny fue un show totalmente en español y en el que, más que la música o el estilo del cantante puertorriqueño que divide opiniones, el mensaje de fondo, que es un mensaje poderoso, es que mientras Donald Trump y su milicia armada del ICE detienen, denigran y asesinan a los migrantes latinos, en el espectáculo de televisión más visto del planeta, la cultura latina, con su representante más popular en la música juvenil, fueron ensalzados y llevados a todo el planeta como muestra de talento, cultura y aportación a la riqueza de los Estados Unidos. Fue tan fuerte el mensaje latino que mando Benito Antonio Martínez Ocasio con su música y su idioma en el corazón de la cultura estadounidense, que anoche, apenas unos minutos después de que terminó, el presidente Donald Trump ya estaba reaccionado en sus redes sociales: “Nadie entiende una sola palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que están viendo en todo Estados Unidos y en todo el mundo. Este 'show' es solo una bofetada en la cara para nuestro país, que está estableciendo nuevos estándares y récords todos los días (...) Absolutamente terrible, uno de los peores ¡DE LA HISTORIA! No tiene ningún sentido, es una afrenta a la Grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de Éxito, Creatividad ni Excelencia”, dijo el mandatario estadounidense. Y es que mientras Trump y sus políticas xenofóbicas proclaman y practican una limpieza étnica en su país, un joven puertorriqueño de 31 años, al que siguen cientos de millones de jóvenes en todo el planeta, cantó totalmente en español y cerró su participación expropiando el lema oficial de los Estados Unidos, “God Bless America” para recordar que América son los 35 países y territorios del continente americano, a los que mencionó uno a uno por su nombre, reivindicando el gentilicio que nos expropiaron los norteamericanos. La reacción de Trump, sin que haya habido ninguna mención u ofensa particular para él, es la confirmación del poder que tuvo el espectáculo latino y americano de Bad Bunny… Paran los dados. La semana arranca con Serpiente. Cautela.
MÉXICO VISTO DESDE WASHINGTON
Por Jorge Fernández Menéndez, en Excélsior
En el foro sobre narcoterrorismo en el que estuve esta semana en Washington, organizado por la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), uno de los más importantes centros de operación y apoyo de Donald Trump y del partido republicano, donde pudimos hablar con muchos personajes importantes de ese movimiento respecto a la relación de Estados Unidos con México en el ámbito.
Una de ellas es Mercedes Schlapp, que fue directora de comunicación estratégica de la Casa Blanca con George W. Bush y en el primer gobierno de Trump. Su esposo, Matt Schlapp, es el presidente de la Unión Conservadora Estadunidense, fue el director de estrategia política con Trump y encabeza una de las principales consultoras privadas que trabajan con la Casa Blanca. Esto es parte de lo que nos dijo Mercedes Schlapp, muy cercana además al secretario de Estado, Marco Rubio.
“El presidente Trump, dice Mercedes, entiende perfectamente que hay que parar la entrada de drogas a Estados Unidos. Es una prioridad, porque hemos visto miles de muertes aquí en Estados Unidos y bajo el presidente Biden no se hizo nada para tratar de controlar la seguridad en la frontera. No hicieron nada para parar a los narcotraficantes. Éste es un momento clave en nuestras naciones, para promover la seguridad en México y la seguridad en Estados Unidos. Pero hay que hacerlo unidos, no podemos hacerlo separados.
“El secretario Marco Rubio, continúa Schlapp, entiende perfectamente que la relación con México es muy importante en la lucha contra los narcotraficantes. Para él, es una prioridad no permitir que los narcotraficantes dominen la economía en países como México. El presidente Trump en Venezuela decidió que había que destruir las lanchas que transportaban drogas para no permitir que entraran al país y eso es lo que vamos a hacer. Está tomando acciones militares. Lo estratégico es saber que esto es una guerra contra estos terroristas y es la prioridad. No se plantea entrar militarmente a México, sino buscar la manera de destruir a estos cárteles que, como sabemos, han hecho tanto daño en tantas comunidades, en tantas familias.
“Yo creo, dice la exdirectora de Estrategia de Comunicación de la Casa Blanca, que éste es el momento de hacer crecer la relación con México, de buscar la manera de también decirle al gobierno mexicano que tiene que hacer más, que no pueden quedarse en el medio, que hay que hacer más en la cooperación con los Estados Unidos, para terminar con estos narcotraficantes.
“El problema, concluye Schlapp, es que todavía los cárteles tienen poder en muchas regiones de México. Matan, asesinan a políticos, dominan las comunidades y amenazan a personas. Y entonces, claro, las personas tienen miedo, no quieren meterse en esta lucha contra los narcotraficantes. ¿Hasta qué punto vamos a seguir permitiendo esto? Lo que sí sabemos es que el presidente Trump no tiene miedo, él quiere acabar con los narcotraficantes. Él decidió llamar a estas organizaciones como terroristas. Y entonces hay que poner sanciones, hay que derrotarlos porque ya se han organizado en muchos países, pero aquí en Estados Unidos no vamos a permitir que entre la droga”.
Hasta ahí parte de la plática con Mercedes Schlapp. Hablamos también con el coronel retirado del ejército estadunidense Sergio de la Peña, que fue subsecretario de Defensa para el hemisferio occidental en el primer gobierno de Donald Trump y jefe de división del Comando Norte. Conoce particularmente bien México porque el coronel De la Peña nació en Chihuahua. Es interesante porque la suya es una visión de la colaboración desde el ángulo militar.
“Cuando establecimos la Dirección de Asuntos Internacionales en el Comando Norte, me dijo el coronel De la Peña, el nivel de cooperación que teníamos era tremendo. Y pienso que la manera en cual se utilizan las Fuerzas Armadas en México es una determinación del gobierno mexicano. Pero pienso que se puede hacer mucho más, no sólo con la Sedena, sino también con la Semar, como lo hemos hecho en el pasado. Y pienso que eso se está llevando a cabo en este momento.
“Es esencial, afirma De la Peña, que eso se lleve a cabo, que continúe porque hay que controlar estos grupos delictivos, porque ya no se trata sólo del narcotráfico, ahora vemos que son muchos negocios, se trata de tráfico de personas, de contrabando de combustible, se trata del aguacate, de los limones, de terrenos, de todo tipo de cosas. Y cuando se fortalecen estos grupos tienen influencia política. Y, obviamente, ésa es una de las preocupaciones que ha mencionado en muchas ocasiones el presidente Trump, porque él sabe que este dinero no se queda solamente entre los grupos delictivos, sino que compra influencia política.
“Por eso, insiste De la Peña, mientras haya esa protección, la corrupción corrompe todo y causa todo tipo de daños, que tienen segundos y terceros efectos. Todo esto se tiene que atacar, porque si no hay seguridad en México, la inversión será menor. Necesitamos ver una colaboración más amplia para que en ambos lados de la frontera empecemos a desmantelar estos grupos”.
Le pregunté al coronel De la Peña si veía viable que México y Estados Unidos pudieran hacer operativos conjuntos en territorio mexicano. “El presidente Trump, sostuvo, constantemente ha indicado que él favorece tener más colaboración, incluyendo el uso de las fuerzas militares de Estados Unidos. Tiene que haber un acuerdo por parte del gobierno de México con el de Estados Unidos para ello, pero todo está dentro del marco de lo posible”.
SAÚL MONREAL, GANARLE A LA VACA
Por Ciro Gómez Leyva, en Excélsior
Saúl Monreal dejó la presidencia municipal de Fresnillo a finales de 2023, cuando la ciudad se eternizaba en la violencia y era nacionalmente famosa al ser evaluada por sus habitantes como la más insegura en donde vivir. Pero esa realidad no tenía consecuencias: Saúl había ganado incluso la reelección. En varias regiones del país se asentaba la convicción de que el todopoderoso Morena podía ganar las elecciones hasta con una vaca de candidato —expresión acuñada en Guerrero en 2021, luego de que el INE le quitara la candidatura de gobernador a Félix Salgado Macedonio y, aun así, arrasaron postulando a su hija—. No hay nada particularmente sobresaliente en la carrera de Saúl Monreal alcalde o senador. Se mueve, sin embargo, como si fuera una gran estrella. Ayer, en una asamblea estatal, insistió en que él debe ser el candidato del movimiento en Zacatecas el próximo año. “Yo voy a ir hasta donde ustedes quieren que vaya”, dijo, engreído, ante un puñado de incondicionales. Es probable que Morena lo rechace por el tema del nepotismo. Saúl se vería entonces, quizá por primera vez, ante una disyuntiva adulta, una de verdad: romper con Morena e ir con otro partido para demostrar que, en su Zacatecas, puede vencer a la vaca que le pongan enfrente. Aunque eso es algo que no parece cuadrar con la personalidad del pequeñito de los Monreal.
MITOS SOBRE LA INFORMALIDAD
Por Viri Ríos, en Milenio
Con el bajo crecimiento estimado para el año es común escuchar el diagnóstico de que es imposible crecer porque “la mitad de la economía es informal y no paga impuestos” y ello supone una competencia desleal que impide que el empresario formal sea competitivo.
El problema con estas aseveraciones es que son falsas e incompletas. Vamos por partes.
Primero, es mentira que la mitad de la economía sea informal. El dato que sustenta esta aseveración suele provenir de una mala interpretación de la “tasa de informalidad”, un dato que reporta el Inegi cada trimestre y que, en efecto, ronda el 55 por ciento.
El problema es que ese dato no significa que 55 por ciento de la economía mexicana sean negocios informales (entendidos como aquellos que no están formalmente constituidos y no pagan impuestos). En realidad, lo que ese dato significa es que la mitad de las personas que trabajan lo hacen sin tener acceso al IMSS, independientemente de si lo hacen en empresas formalmente constituidas.
Como se puede comprobar en los tabulados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de Inegi, solo 13 por ciento de las personas ocupadas realmente laboran en empresas informales, es decir, son empleados o empleadores en empresas del sector informal, que no están formalmente constituidas y no pagan impuestos. El resto (esto es la abismal mayoría de ese 55 por ciento que frecuentemente se cita) son trabajadores que laboran en empresas formales, pero no tienen IMSS, o son trabajadores por cuenta propia (e.g. plomeros), trabajadoras del hogar, agricultores o gente que trabaja sin paga.
Este dato concuerda con la medición del tamaño de la economía informal del Inegi, el cual reporta que solo 11 por ciento del PIB de la economía mexicana proviene del sector informal (25 por ciento del PIB proviene de la suma del sector informal con trabajadores sin IMSS, trabajadores por cuenta propia, trabajadoras del hogar, agricultores, etc.).
Por supuesto que es un problema que 11 por ciento del PIB y 13 por ciento de los trabajadores/empleadores operen en el sector informal, pero el dato dista mucho de ser la mitad de la economía, como los empresarios suelen dar por hecho.
Más aún, como en su momento demostró el trabajo del economista Jaime Ross, ahora continuado por académicos como Carlos Ibarra Niño de la Udlap, la informalidad más que ser una causa del bajo crecimiento es un síntoma de este y se explica en gran medida por la falta de inversión privada y pública que ha habido desde los 80.
Es decir, la informalidad existe porque los negocios no se han atrevido a invertir en crecer y por ello no han podido absorber como empleados formales a la gente que hoy labora en la informalidad.
Las razones para esa baja inversión ameritan una discusión exclusiva, pero pueden trazarse a la falta de una reforma fiscal (que permita inversión pública), la existencia de monopolios y oligopolios de todo tipo (sobre todo el bancario), la sobrevaluación del tipo de cambio (que impide competir), y la ausencia de una política industrial y de innovación de largo plazo (que canalice el emprendedurismo).
¿POR QUÉ SE PUEDE ABARATAR AÚN MÁS EL DÓLAR?
Por Enrique Quintana, en El Financiero
Diversos expertos ya advertían desde el comienzo de este año que el sesgo hacia un dólar más débil podía prolongarse, precisamente por la combinación de trayectoria de tasas y preocupación por la autonomía de la autoridad monetaria.
El dólar siempre ha sido mucho más que una moneda: es la expresión financiera de la credibilidad de Estados Unidos. Y cuando esa credibilidad se agrieta, el tipo de cambio lo termina reflejando.
En estos días, una de las preguntas más relevantes es: ¿cuánto más puede debilitarse el billete verde si el gobierno de Trump insiste en mezclar política, déficit y banca central?
La nominación de Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal a partir de mayo es un parteaguas porque reabre la discusión sobre la independencia del banco central. La lectura inicial fue de alivio: Warsh es un exgobernador de la Fed con reputación de ‘halcón’, es decir, duro contra inflación.
Pero ese alivio durará poco si su trayectoria termina subordinada al deseo presidencial de recortar tasas con prisa. Diversos expertos ya advertían desde el comienzo de este año que el sesgo hacia un dólar más débil podía prolongarse, precisamente por la combinación de trayectoria de tasas y preocupación por la autonomía de la autoridad monetaria.
Hay, al menos, cuatro fuerzas que empujan al dólar más hacia la debilidad que hacia la fortaleza.
La primera es la aritmética macroeconómica. Estados Unidos cerró 2024 con un déficit fiscal cercano al 6.4% del PIB, un nivel que históricamente era más propio de las recesiones. Esa realidad, combinada con un déficit externo persistente —los llamados déficits gemelos—, exige financiamiento constante del resto del mundo.
Y el mundo hoy es menos paciente: la posición de inversión internacional neta ronda los –22 billones (trillions) de dólares, lo que convierte a Estados Unidos en el mayor deudor externo del planeta.
Cuando el deudor estructural decide además elevar el ruido político, el mercado cobra una prima, y una parte de esa prima se expresa por la vía de un tipo de cambio más débil.
Si la macro ya presiona, la política monetaria podría agravar el cuadro. Esa es la segunda fuerza. Si Warsh abraza recortes agresivos como Trump ha pedido, el efecto es directo: menor diferencial de tasas frente a Europa y otras economías, salida de capital de corto plazo y, por tanto, presión adicional sobre el dólar.
Algunos piensan que la inteligencia artificial detonará un auge de productividad que permitiría bajar las tasas sin riesgos inflacionarios. Pero una encuesta de economistas del Financial Times y la Universidad de Chicago revelaba ya que la mayoría duda de que la IA justifique recortes gratuitos en el corto plazo.
Si se baja el costo del dinero antes de tiempo, lo más probable es que crezcan las dudas sobre la posibilidad de controlar la inflación y, con ella, sobre la moneda.
La tercera fuerza es quizá la más inquietante: el deterioro del refugio automático. En abril de 2025, tras el anuncio de los aranceles recíprocos, cayeron al mismo tiempo acciones, bonos del Tesoro y dólar, un patrón más típico de mercados emergentes que del emisor de la moneda de reserva global.
The Economist ha documentado cómo, cuando el origen del ruido es la propia política estadounidense, los bonos del Tesoro dejan de funcionar como paraguas en la tormenta. A esto se suma un cambio en la composición del dinero extranjero: más exposición a renta variable y, por tanto, más incentivo a cubrir el riesgo cambiario. Cubrir significa vender dólares en el margen, lo que amplifica la debilidad.
La cuarta fuerza es estructural: la diversificación gradual de reservas. Según datos del FMI, la participación del dólar en las reservas de los bancos centrales en el mundo ha caído del 71% a finales de los noventa a cerca del 57% en 2024, cediendo terreno al euro, al renminbi y, sobre todo, al oro.
Nadie está listo para destronar al dólar mañana, pero en el mercado cambiario manda la demanda marginal, no la nostalgia.
Nada de lo anterior implica un colapso inminente. Estados Unidos todavía ofrece el mercado más profundo y líquido del planeta. Pero esa fortaleza ya no es un cheque en blanco.
Si Warsh termina aplicando recortes acelerados para complacer a Trump, con inflación aún por encima de la meta y con un sistema político indulgente con el déficit, el dólar tendrá que ajustarse. No por falta de poder, sino por una confianza desgastada con demasiada ligereza.
Para México, la implicación es doble. Un dólar más débil abarata importaciones y ayuda a contener la inflación interna, pero también reduce el valor en pesos de las remesas y puede restar competitividad a los exportadores si el ajuste cambiario coincide con una desaceleración de la demanda estadounidense.
Hoy, el escenario más probable hacia delante es un dólar más débil y mayores dificultades para acelerar el crecimiento de nuestra economía.
No son buenas noticias para nosotros.