PRIMERA COLUMNA, por César Pompeyo
Sentado en la modernizada banca de la Plaza Grande que don Mauricio Vila le reformó poco antes de irse al Senado, don César Pompeyo disfrutaba, bajo la sombra de un frondoso maculís, las páginas de un viejo ejemplar de Don Quijote de la Mancha.
En la mañana húmeda había llegado al famoso episodio de los molinos de viento cuando apareció el reportero con su libreta bajo el brazo.
—Buenos días, don César. ¿Leyendo a Cervantes?
—Siempre es útil, reportero.
—¿Por qué?
—Porque enseña que a veces uno ve gigantes donde sólo hay molinos y otras veces no ve el problema que tiene enfrente.
—Hoy amaneció muy político, don César.
—Te recuerdo que estás en la Plaza Grande, reportero. Acá todo termina siendo político, como el cierre de las plazas comerciales.
—Ah, ¿se refiere a la molestia de los comerciantes? No me sorprende, don César. Dicen que nunca entendieron si el mensaje de don Huacho Díaz fue una orden, una recomendación o una sugerencia con voz firme. Hasta se habla de un “vahído” que sufrió don Armando Chapur ante la noticia.
—Mira, reportero, cuando la gente tiene que preguntarle a la venerable Cámara de Comercio qué quiso decir el gobierno, el mensaje ya nació confundido. Ya habrás leído el episodio de los batanes, cuando Don Quijote y Sancho escuchan unos estruendos aterradores y pasan horas imaginando peligros formidables. Al amanecer descubren que el ruido provenía de unos simples mazos movidos por el agua.
—¿Por qué esa lectura, don César? —preguntó el reportero.
—Porque me recordó lo ocurrido con la suspensión de actividades.
—¿Por las lluvias?
—No, reportero. Por la confusión. Cuando nadie sabe exactamente qué está ocurriendo, cada quien imagina algo distinto.
—Se dice que muchos negocios cerraron.
—Y otros no —respondió don César—. Algunos bancos operaron normalmente. Y otros bajaron cortinas. En Plaza Fiesta, Gran Plaza, Harbor y hasta en el vetusto Bazar San Juan, que fundó Ricardo Dájer, hablan de pérdidas importantes.
—¿Y de cuánto fueron las pérdidas? —preguntó el reportero.
—Es tu trabajo averiguarlo. Ni los mismos comerciantes lo saben. Tu periódico lo publicó: dijo don José Molina Casares que todavía están haciendo el diagnóstico.
—¿De la salud de don Armando Chapur?
—Reportero, te confundiste de Plaza Grande. No estamos hablando de trascendidos —espetó don César.
—Ah, se refiere a las pérdidas económicas por la suspensión de labores.
—No, reportero —contestó don César, ya impaciente porque la moderna banca comenzaba a calentarse por el sol—. Me refiero al famoso préstamo de 1,500 millones de pesos para el agua potable de Mérida.
—¿También están haciendo diagnóstico?
—Eso parece. Pero nadie lo sabe.
—¿Y qué tiene que ver?
—Que en este gobierno primero se anuncia, después se explica y finalmente se averigua exactamente de qué se trata. Lo dijo con toda claridad una diputada morenista en el Congreso. Y los empresarios parecen estar felices de integrar un Consejo Consultivo de Anuncios del Presupuesto.
—Eso es injusto, don César. No todo está podrido en Dinamarca...
—No digo que sea injusto, reportero. Nada más digo que se parece mucho a la Cueva de Montesinos, cuando después de bajar por ella, Don Quijote regresa contando historias extraordinarias que nadie puede verificar. Y los demás personajes dudan si realmente vio algo o si todo ocurrió en su imaginación.
—Pero el presidente del Consejo Coordinador Empresarial dijo que todavía no hay cifras consolidadas.
—Y tiene razón —contestó don César—. Pero hay pérdidas suficientes para que todos hablen de ellas e insuficientes para que alguien se atreva todavía a ponerles número, pues ellos mismos avalaron la suspensión que anunció el gobernador.
—Don César, algunos comerciantes también cuestionan que las lluvias fuertes llegaron hasta la tarde. Y dicen que perdieron prácticamente toda una mañana y la mitad de la tarde en ventas, lo cual explica el enojo. También hay quienes cuestionan a los organismos empresariales por haber respaldado la medida.
—Eso ya forma parte del debate.
—¿Cuál debate?
—El de quién representa a quién cuando aparecen las contingencias.
—Don César... —se rascó la cabeza el reportero, como dudando qué más preguntar.
—Dime.
—¿Usted cree que las pérdidas económicas también habrán afectado a los restaurantes de Renán Barrera?
Don César cerró el libro, bajó lentamente los lentes y observó al reportero como maestro de primaria que acaba de descubrir una distracción en el salón.
—Reportero...
—¿Sí?
—No te distraigas.
—¿Por qué?
—Porque estás mezclando capítulos distintos de la novela.
—Pero es política.
—Precisamente.
—Entonces...
—Reportero, ¿estás casado? Acuérdate de la bendición sacerdotal.
—¿Cuál?
—La que anda circulando en ciertos círculos panistas.
—No la conozco.
—Dice así: “Lo que Panchito Torres ha unido en el PAN, que no lo separe Renán”.
—Eso suena más a homilía que a análisis político.
—En Yucatán a veces es difícil distinguir una cosa de la otra.
—Entonces mejor regreso al clima.
—Hazlo, por favor, y no me distraigas de lo importante.
—¿Y qué es lo importante?
—Lo importante es muchas veces algo muy sencillo, reportero: cuando se aproxima una tormenta, la gente necesita saber exactamente qué hacer. Especialmente cuando tenemos a un gobernador que se olvida de que su carrera política inició precisamente durante el paso del huracán Isidoro. Ironías de la Cueva de Montesinos.
—¿Y si las instrucciones no son claras?
—Entonces los molinos empiezan a parecer gigantes.
—¿Y los gigantes?
—Terminan pareciendo errores de comunicación.
Don César dio por terminada la conversación y volvió a abrir el libro de Cervantes. El reportero pidió un Uber para Helados Polito. En el 101 aniversario de su periódico no tuvo oportunidad de saborearlos. La Plaza Grande permanecía tranquila. Los comerciantes seguían haciendo cuentas. Y los políticos, como siempre, seguían haciendo cálculos.