Opinión

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10/06/2026

IDENTIFICADOR : COL.01 TÍTULO : LA LUZ ÉPICA DEL ESTADIO AZTECA AUTOR : JORGE VALDANO MEDIO : EL PAÍS FECHA : 10 Jun 2026 LECTURA : 11 MIN TEMA : DEPORTES / MUNDIAL 2026 FUENTE : https://elpais.com

Para el mundo es simplemente "el Azteca", pero el periodista Ángel Fernández lo bautizó con precisión barrial como "El Coloso de Santa Úrsula", porque se levanta en la colonia de Santa Úrsula Coapa, en la alcaldía de Coyoacán. Fernández tenía talento para las metáforas memorables. En una transmisión llegó a decir que el nombre del futbolista alemán Hans-Peter Brieguel, significaba "Ferrocarriles nacionales alemanes". Como tuve que perseguir a Brieguel durante todo el partido en la Final del 86, puedo dar fe de la exactitud de la metáfora. Era una locomotora que me hizo trajinar a fondo las dos bandas del campo en un ida y vuelta sufriente que me sirvió para conocer aún mejor el estadio Azteca. Hay una percepción personal, posiblemente divinizada, que se me impone: los partidos jugados en el Azteca tienen una luz épica. Las dos finales de la Copa del Mundo que albergó se jugaron a las 12 del mediodía, sobre los 2.200 metros de altitud en los que se levanta la Ciudad de México. El sol caía a plomo sobre los jugadores e iluminaba cada brizna de césped. Aquella luz parecía tamizada por una gasa invisible que embellecía y mitificaba el juego. ¿Efecto de la altitud? ¿Del estadio mismo, olla gigantesca que descompone los rayos? ¿O, poniéndonos definitivamente románticos, de la presencia en el escenario de Pelé y Maradona? Los dos, en la cima de sus carreras, requerían una luz a la medida de sus leyendas. La construcción del estadio comenzó en 1962 y fue inaugurado el 29 de mayo de 1966 con un partido entre el América y el Torino. Fue hijo de un tiempo en que México quería proyectar su aspiración de grandeza mientras la televisión empezaba a descubrir el deporte como espectáculo global. Esperaban los Juegos Olímpicos del 68 y el Mundial del 70. ¿Qué mejor oportunidad? El edificio fue encargado al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, responsable de obras que expresaban poder real y simbólico en la Ciudad de México, como la nueva Basílica de Guadalupe, el Palacio Legislativo o el Museo de Antropología. Cuenta Juan Villoro que Ramírez Vázquez otorgó especial relevancia al diseño exterior del estadio, "sostenido por inmensas grecas de concreto cuya geometría aludía a los frisos de las pirámides aztecas". Por dentro, el diseño es igualmente admirable: desde cualquier rincón de su majestuosa estructura el espectáculo se ve sin interferencias. El Azteca también refleja las contradicciones del país que lo alberga. En vísperas de este Mundial hubo dudas sobre si la ambiciosa remodelación llegaría a tiempo a la inauguración. Se reabrió en marzo con un partido amistoso entre México-Portugal, siempre imponente, pero con obras todavía inacabadas. Se supone que el Mundial lo verá terminado y tan dispuesto como siempre. Lo que tiene es nuevo nombre: Estadio Banorte, banco responsable del crédito de 2.100 millones de pesos (102,9 millones de euros), coste de la remodelación. La reacción popular fue inmediata: "Pónganle como quieran, siempre seguirá siendo el Azteca". Hay símbolos que la gente se resiste a perder y los defiende desde la palabra, arma gratuita y a veces invencible. Pero es otra evidencia de que el negocio avanza al galope y el romanticismo lo persigue al paso. Conocí el Azteca en persona veinte años después de su inauguración y llevo cuarenta viéndolo desde todos los rincones. No me acostumbro. Como canta Andrés Calamaro en Estadio Azteca, la primera vez que lo vi, "me quedé mudo". Fue en la inauguración del Mundial 86, como parte de la delegación de Argentina, para ver un anodino Italia-Bulgaria, nuestros rivales de grupo. La organización no tuvo muchas deferencias con nosotros y nos sentaron en localidades altas. Es una manera de decir. Porque el estadio esta excavado por debajo del nivel de la calle. Uno entra descendiendo a ese cráter inmenso que no atenuó mi primera sensación, que fue de vértigo. Sentí la certeza de que, si tropezaba, me recogerían en el césped. La mole de hormigón con gradas verticales intimidaba físicamente. Aquella fiesta inaugural tuvo un prolegómeno que no supe interpretar. El estadio entero silbó el discurso de apertura de Miguel de la Madrid, presidente de México. Pensé que era la factura que la gente le pasaba por la insuficiente respuesta del gobierno al gran terremoto de 1985 que, entre cosas más trágicas, puso en peligro la organización del Mundial. El tiempo me aclaro que aquello era el principio del fin del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que durante 75 años había gobernado el país. El Azteca operando como ágora y el fútbol, como siempre, enmarcando, cuando no anticipando, los latidos sociales. La segunda vez que pisé el Azteca, fue el día previo a un partido. Allí estaba esperándonos, con todo su poderío arquitectónico, el gran estadio, vacío como una advertencia. Como éramos futbolistas y no arquitectos, abandonamos las piedras y nos interesamos por la hierba, que desde arriba parecía un billar. Lejos de ser híbrido, como ahora, visto de cerca el césped estaba largo, desigual, más maleza que hierba. Impropio de un Mundial. Así que nos dijimos que en ese campo no se podía jugar al fútbol. Los futbolistas tenemos tendencia a buscar excusas antes de los partidos para colgar las inseguridades. La tercera vez que pisé el Azteca fue para jugar. Se me vino encima la historia. Había llorado viendo a Pelé por televisión levantando la Copa del Mundo de 1970 con un fútbol deslumbrante que elevaba el juego y hacía del Azteca un escenario mitológico. Desde aquel día, el salvaje fútbol empezó a parecerme, también, una de las bellas artes. Clodoaldo, Gerson, Jairzinho, Pelé, Rivelino, Tostao… hasta la fonética de aquel Brasil era hermosa. Pero el Azteca no pertenece solo al fútbol. Por su escenario han pasado Michael Jackson y Paul McCartney, o combates de boxeo ante cien mil fanáticos como el de Julio César Chávez y Greg Haugen, e incluso la visita de Juan Pablo II, que ofició una misa. Más recientemente lo llenaron Shakira, RBD y Bad Bunny. El estadio fue y sigue siendo un lugar que expresa lo que la cultura tiene de espectáculo. El fútbol, sin embargo, es su especialidad y parece estar bendecido por su caótico dios. Entre sus gestas destaca el partido del siglo entre Italia y Alemania, en la semifinal de 1970, que terminó 4-3 con una prórroga delirante y con Beckenbauer jugando con el brazo en cabestrillo sin perder un gramo de su elegancia. Otra historia relevante se la tragó el olvido. En 1971, más de cien mil aficionados abarrotaron el Azteca para asistir a la final del Mundial Femenino de Fútbol entre México y Dinamarca. La FIFA no reconoció el evento, pero aquello fue un anticipo de la transformación y el crecimiento que tendría el fútbol femenino décadas después. Tener éxito antes de tiempo no parece contar para las estadísticas. Si desde arriba el estadio impresiona, desde abajo te hace sentir futbolista de los pies a la cabeza. Exactamente por vivir una experiencia así había hecho del fútbol mi profesión. Levantas la vista y aquello es una montaña de gente que hace física la frase que define al fútbol como pasión de multitudes. En aquellos días, y en el Azteca, nació la ola, un festejo colectivo que diluye las fronteras entre los dos equipos en una misma coreografía. Pero en el partido que me esperaba no había ola que atenuara la rivalidad de una guerra reciente que el fútbol parecía reavivar. En las gradas, la coreografía entre las dos hinchadas era a puñetazos. Porque mi primer partido en el Azteca fue nada menos que el Argentina-Inglaterra, con Malvinas al fondo, en el que Maradona hizo un monumento a la astucia bautizado como la Mano de Dios y otro al virtuosismo, que no necesita patente, porque le basta con ser considerado el mejor gol de la historia del fútbol. Goles que atraviesan los tiempos y le dieron al estadio otro salto de gloria. Al parecer, en ese césped sí que había una manera de jugar bien. Pelé y Maradona nacieron grandes, pero se consagraron como reyes del fútbol por aclamación popular en el Azteca. ¿Qué más se le puede pedir a un estadio? Entre los dos marcaron a fuego cuarenta años de fútbol, pero fue en un día y en un lugar, donde la genialidad sacó todo su sentido de la oportunidad y su poder de exhibición. Se hicieron memoria para siempre en el Azteca. Solo por eso el estadio debería ser un lugar de peregrinación para los amantes del fútbol. Siempre me sorprendió que el Azteca no celebrara su propia historia con un museo a la altura de su leyenda. A un estadio la condición de legendario se la da la gente, el juego, los genios que hicieron del Azteca un mito romántico. También la visión empresarial de Emilio Azcárraga Milmo (el Tigre), dueño de Televisa y del club América, donde su equipo actúa como local en el campeonato mexicano. Al principio, fue un recinto para 83.264 espectadores sentados, aunque hasta cuatro remodelaciones fueron modificando el número. A la final del 86 asistieron 114.600 personas, muchos de pie. Ahora la cifra oficial habla de 87.400. Los 631 palcos primigenio, tienen tantas capas como la historia del estadio y hablan del talento empresarial de Azcárraga padre que, para financiar el estadio, vendió los derechos de uso de esos palcos por 99 años. Pero incluso las grandes obras tienen sus intrigas. La ingeniería financiera puso ahora los palcos en disputa: ¿valdrían esos derechos adquiridos para mirar los partidos del Mundial? Finalmente, sí fueron respetados por FIFA. El Azteca como monumento, como espectáculo, como negocio y como cumbre del fútbol, será el único estadio del mundo en albergar tres Mundiales. Será en la jornada inaugural del próximo Mundial, aunque muchos pensamos que merecería otra final histórica. La Final, partido 104 del campeonato, se jugará en el MetLife Stadium, en East Rutherford, New Jersey, en el área metropolitana de New York, donde otros deportes (sede habitual de equipos de la NFL), le prestaran su estadio al fútbol. El Azteca mirará desde lejos los nuevos artificios. Ahora con piel comercial bajo el nombre de estadio Banorte, aunque la FIFA hará valer sus derechos y durante el Mundial se llamará Estadio Ciudad de México. Bailan los nombres, llegan patrocinadores, se instalan nuevas pantallas, se modernizan las tribunas, se digitaliza el estadio, cambia el fútbol. Pero el Azteca mantiene la memoria y abrirá el Mundial con aspecto joven, pero con el orgullo de un viejo sabio que lo ha visto todo.


IDENTIFICADOR : COL.02 TÍTULO : MÉXICO 2026: NERVIOS PREPARTO AUTOR : SALVADOR CAMARENA MEDIO : EL PAÍS FECHA : 10 Jun 2026 LECTURA : 7 MIN TEMA : POLÍTICA NACIONAL / MUNDIAL 2026 FUENTE : https://elpais.com

Llamémosle nervios preparto. La Ciudad de México, única sede que podrá presumir tres inauguraciones mundialistas, está que se come las uñas en horas previas a su nueva cita por hospedar un Mundial. Los chilangos estamos otra vez de parto; y a pesar de la experiencia de México 70 y 86, parecemos primerizos a las puertas del sanatorio, con gritos y jaloneos por doquier. A final de cuentas, todo saldrá bien. Porque cuando un mexicano dice "mi casa es su casa" no solo es cortesía: nos hacemos cargo de que, de tomarnos la palabra, las visitas nos verán hasta las costillas de esos grandes y pequeños desvaríos que hacen de la vida en México una cosa irrepetible. Y en México 26 le hemos echado unas ganas muy, pero muy intensas a llegar a la inauguración del Mundial hechos un bonito desgarriate. Las crónicas de lo disfuncional, sobre todo para la urbe que concentra más partidos en suelo mexicano además del inaugural, están por doquier y no hace falta ya, al cuarto para las doce del silbatazo inicial, un texto más que abone al lamento del hubiera sido y no fue, al íbamos a brillar estelarmente, pero nos chingamos la rodilla. En realidad, lo que ocurrió es que, parafraseando esa filosofía del derrotismo nacional de "jugamos como nunca y perdimos como siempre", es que en esta ocasión otra vez nos esforzamos lo habitual, es decir, mediocremente, pero a la mera hora pondremos todo el corazón para que el mundo, ese que nos verá en las pantallas y sus delegados que en forma de turistas o prensa internacional nos observarán en directo, vean que a pesar de todo valemos mucho, pero mucho la pena. México vale la pena de un metro sin mantenimiento y unas lastimosas calles porque, al mismo tiempo puedes, en ocasión del Mundial, ir a una exposición de Annie Leibovitz que, cuarenta años después, retoma un concepto que trabajó para México 86. Si eso no fuera suficiente, estará en Antropología, un museo que aguanta dignamente el paso del tiempo y la mediocridad de la cultura obradorista. Y cruzando Reforma, el esplendor de Frida, Diego, María Izquierdo, entre otros tesoros de la polémica colección Gelman, aguardan al visitante en el Museo de Arte Moderno. Para quienes busquen aventura artística que incluya ver Xochimilco, acaba de reabrir el Dolores Olmedo en La Noria: redondea la oferta irrepetible de arte del siglo XX. Si no hubiera futbol, la cantidad de galerías y museos además de los mencionados aguantan por sí solos como pretexto para visitar la antigua Tenochtitlán. Cuando las visitas aterricen en el Miguel Hidalgo verán una de las expresiones más rupestres de la gestión pública del movimiento político que comenzó a gobernar en 2018. La terminal aérea recibe improvisada mano de gato y todo estará sostenido con alfileres. No es la mejor cara, es la que hay. La buena noticia es que la proverbial amabilidad mexicana ayudará al recién llegado a sortear ese laberinto. Sorteada la primera prueba, como a tantos otros miles de turistas que cada año se aventuran en la urbe chilanga, les espera una oferta gastronómica tan variada y singular como pocas en el mundo. Del Pujol al Rosetta, del Quintonil al Contramar, de los tacos de la Once Mil a los del Villamelón, del Cardenal en cualquiera de sus sucursales al Voraz en la Roma. La lista solo crece por semana, así que resumirla es injusto para tantos establecimientos. Todo eso estará ahí antes y después del jueves al mediodía, el instante que más preocupa a autoridades, comentaristas deportivos, columnistas y aficionados. El emplazamiento de diversos colectivos de condicionar el Mundial a que sean atendidas sus causas no solo es entendible, sino lógico. El Gobierno lleva años de cerrazón y ahora se da cuenta de que las barreras de acero no hacen desaparecer los problemas. México atraviesa una coyuntura crítica. El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum batalla por disculpar a una camada de gobernantes obradoristas engolosinados, indolentes, disfuncionales y dispendiosos. Todo le cae a la mandataria. No hay gobernador que le ayude, no existe espíritu de cuerpo en el obradorismo. Nadie le ayuda, ella ha de sacar todas las castañas del fuego. Por eso la capital luce saturada de manifestantes y se anuncian más para el jueves, día de la inauguración. Si la única ventanilla es la presidencial, una ocasión de máxima visibilidad como lo es el Mundial hará que colectivos que requieren atención gubernamental busquen rentabilizar la obligación del gobierno de procurar total armonía en las calles y las plazas. Grupos como los maestros de la CNTE, los normalistas de Ayotzinapa, madres buscadoras de desaparecidos e incluso quienes reivindican la causa de movimientos que derivaron en sangrientas represiones como en 1968 y en 1971, de la que justamente este 10 de junio se cumplen 55 años, son parte de lo que es la capital y no iban a irse a su casa justo cuando pueden elevar la voz y ser más visibles que nunca. Lo harán y lo más previsible es que se retirarán. El juego del gato y el ratón perfecto, presión en la calle y negociación en los despachos, una tensión que pondrá a prueba los nervios de un Gobierno al que le falta mucha mano izquierda, pero no conciencia de que aguantar es clave. ¿Era concebible un Mundial mexicano con un prólogo donde las carencias sociales, la falta de justicia y los reclamos democráticos se aparcaran? No en este país, menos en este momento. México vive una discusión de alto voltaje desde antes del 2018 y particularmente a partir de entonces. Es parte de lo que nos da identidad, así también acarrea costos. Hay justo ahora una periodista desaparecida en Veracruz y una gobernadora en ese Estado que no pierde ocasión de emitir frívolas declaraciones en crisis de seguridad. El Mundial nos importa, reclamar que Roxana Guzmán aparezca, mucho más. Qué mejor momento para exigir al Gobierno que agote todo esfuerzo que cuando está por dar la bienvenida a dignatarios internacionales. Las tradiciones mexicanas maravillarán a nuestros huéspedes lo mismo que el carácter festivo que desplegaremos, no solo por triunfos de nuestro seleccionado, en las calles de esta caótica ciudad. ¿Estamos listos para el Mundial? Tanto como cuando miles vienen a disfrutar la Fórmula 1, o un partido de la NFL o de las Grandes Ligas en el estadio Harp. Sí. Estamos listos y con ánimo que no olvida la tragedia de Sinaloa pero que también sabe que hasta a Sinaloa le caería bien una selección mexicana que avance a las siguientes rondas.


IDENTIFICADOR : COL.03 TÍTULO : CUANDO EL MUNDIAL TE JUEGA EN CONTRA AUTOR : CARLOS LORET DE MOLA MEDIO : EL UNIVERSAL FECHA : 10 Jun 2026 LECTURA : 7 MIN TEMA : POLÍTICA NACIONAL / MUNDIAL 2026 FUENTE : https://www.eluniversal.com.mx

Recuerdo cuando viajé a Río de Janeiro para cubrir el Mundial de Fútbol en 2014. Estaba ilusionado por conocer Brasil. En ese momento, se presentaba ante el mundo como el "milagro latinoamericano" del que tanto se hablaba en la prensa internacional. El ejemplo de cómo el gigante de la región había saltado a la modernidad, a convertirse en una nación cosmopolita bajo el mando del carismático izquierdista Lula Da Silva y la mujer a la que él había impulsado para sucederlo, Dilma Rousseff, la primera mujer presidenta en Brasil, que no era carismática, pero se presentaba como la eficiente administradora del éxito de su icónico antecesor. Era un fiasco. Me llevé una sorpresa desagradable y por lo que conversé con cientos de periodistas y visitantes durante esas semanas, ellos también se la llevaron: Días antes del Mundial las marchas contra el gobierno ocuparon los titulares. Los maestros aprovecharon la coyuntura para pedir dinero. Hubo huelgas de trabajadores del Metro y de los autobuses. Y la población en general, marcadamente estudiantes, salieron a la calle a protestar por la deuda en la que había incurrido el país para financiar la Copa. Me sorprendió en un país casi genéticamente futbolero un descontento tan generalizado. Pero lo peor fue la infraestructura. Los estadios se retrasaron tanto que con las prisas murieron albañiles, despertando una gran indignación pública. Varios se inauguraron con pintura fresca, inacabados. También los aeropuertos. Hubo uno que empezó a operar horas antes del primer partido en esa sede. Llovió y las vías de acceso se inundaron. Aparecieron en la terminal bichos de dimensiones amazónicas. Para la espera no había restaurantes ni tiendas. A veces era bajo toldos de plástico improvisados. En varias terminales el abordaje se hacía caminando sobre las pistas y siguiendo las instrucciones de un trabajador que te preguntaba a dónde ibas y a partir de esa información te decía a qué avión subirte. Como central camionera, pero sin margen de error: una distracción y podías terminar a tres mil kilómetros de tu destino. Las vialidades también colapsaron. Moverse de un punto a otro de Río de Janeiro podía demorar tres horas. Lula y Dilma se habían presentado al mundo como los izquierdistas transformadores. Los modernizadores con justicia social. Era un cuento. Un invento. Ese castillo de humo se desvaneció en ese verano del 2014. Después de ese Mundial, a Brasil se le vio como un país dividido y con grandes problemas. Dilma pasó de ser una líder internacional respetada, a aparecer como desconectada de su propia población. Dentro, su popularidad también se vio afectada. Los paralelismos con México 2026 los puede establecer con facilidad quien lea esta columna. Ser anfitrión de una Copa del Mundo puede volverse un arma de doble filo. Para la marca-país y para sus gobernantes. Hoy México tiene fama de ser un destino turístico envidiable. La Ciudad de México está de moda en el mundo. Y encima, la presidenta Sheinbaum goza de una buena imagen internacional por ser la primera mujer presidenta de un país icónicamente machista y por hacerse la fama de haber sabido domar a Trump (las actualizaciones tardan en permear en la opinión pública internacional, debo apuntar). Todo eso está en juego. Tantos reflectores encima pueden terminar por penetrar las cortinas de humo y la inagotable saliva mañanera que sostiene el proyecto político. A ver cuál es el saldo de Sheinbaum en el Mundial. Por lo pronto, para la inauguración tuvo miedo. No va a ir al estadio. No quiso exponerse. A Dilma la abuchearon tanto en la inauguración como en la final. Se ve que tomó nota.


IDENTIFICADOR : COL.04 TÍTULO : ENSAYO REBELDE AUTOR : RAYMUNDO RIVA PALACIO MEDIO : EL FINANCIERO FECHA : 10 Jun 2026 LECTURA : 7 MIN TEMA : POLÍTICA NACIONAL / SEGURIDAD FUENTE : https://www.elfinanciero.com.mx

Todo apunta a que, finalmente, el gobierno federal encontró la punta de la madeja para resolver la tensión que la coordinadora magisterial, la CNTE, creó en la Ciudad de México en vísperas de la inauguración del Mundial de Futbol. Dos hechos lo explican: la detección de 59 petardos que transportaba una célula radical dentro del Comité Estudiantil de la Escuela Normal en Ayotzinapa, y el matiz en el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la violencia en las movilizaciones de los maestros, al dejar de hablar únicamente de la "ultraderecha" como única responsable, sumando a la "ultraizquierda", y afirmando sin pruebas, pero también sin dudas, que "los extremos se juntan". Desde que regresó la CNTE a la capital federal a finales de mayo, su estrategia fue elevar los costos al gobierno mediante amagos de un sabotaje al Mundial, por lo cual alteraron su viejo calendario de movilización, presión y negociación, para ajustarlo a los tiempos de la fiesta futbolera. La violencia en la Ciudad de México fue acompañada por las disidencias magisteriales en Oaxaca y Guerrero, que lograron que los medios internacionales proyectaran lo que la presidenta dio acuse de recibo ayer: caos e ingobernabilidad. Pero detrás de la disidencia magisterial, expuesta sutilmente por el gobierno federal, operó el Ejército Popular Revolucionario (EPR), que aprovechó las condiciones de un mal manejo político para resolver la crisis con la CNTE, e intentar un foco insurreccional durante la jornada de lucha anunciada en el marco del contexto del Mundial, que tuviera como objetivo "que se visibilice la situación de los trabajadores de México a nivel internacional", como expusieron en la edición de junio de su periódico El Insurgente. La CNTE, que es un grupo de presión, también es parte de un amplio frente de masas ligado al EPR, un grupo armado que fue reducido en los primeros 15 años del siglo, pero que no ha claudicado ni dejado de pugnar por las condiciones de un cambio de régimen. Representan el ala dura radical de una izquierda que considera que los gobiernos de la '4T', con Sheinbaum o Andrés Manuel López Obrador, son "juntas administrativas", con un carácter capitalista y burgués, como reiteraron en El Insurgente. En la misma edición publicaron un largo ensayo de apoyo a la CNTE en su reclamo de la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, a la que se opone el gobierno, mostrando "cómo la administración actual se aferra a la defensa del interés de los monopolios, en este caso de la firma Black Rock, quien controla gran parte de los fondos de pensión de los trabajadores de la educación. Un fondo financiero de inversión que concentra el capital monopolista transnacional que está ligado a la junta administrativa actual y particularmente a la formación académica y la carrera política de la mandataria federal". La CNTE nació en Chiapas, pero Oaxaca, donde se encuentra la Sección 22, es donde late su corazón insurreccional. Históricamente, los liderazgos de la 22 han estado orgánicamente ligados al EPR, que la maneja como su frente de masas, cuya estrategia táctica es ampliar sus bases de apoyo y forjar alianzas en el mundo de las instituciones. El EPR tiene también un pie en la normal en Ayotzinapa, particularmente en los comités vinculados con los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos en septiembre de 2014 en Iguala, que se sumaron desde el lunes a las movilizaciones en la capital federal. El EPR no es el único que tiene un pie plantado en la normal "Isidro Burgos". En el apartado 9 de la recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sobre la desaparición de los estudiantes —junto al caso Colosio, quizás la mejor y más profunda investigación sobre un crimen en México—, se documentó la infiltración de la normal, además del EPR, del más militarista Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), una escisión del primero con vasos comunicantes con el crimen organizado en Guerrero; grupos delincuenciales como Los Ardillos, la fuerza oscura dominante en ese estado; el Ejército y el Centro Nacional de Inteligencia. De acuerdo con el comunicado oficial sobre el aseguramiento de los 59 petardos, fue resultado de una denuncia "anónima", que ocultó que se debió a un trabajo coordinado de las áreas de inteligencia del Estado mexicano este lunes. El cruce de información de inteligencia permitió saber que esos petardos eran parte de un millar que pensaban utilizar en estos días. La parte civil había fracasado en entender el problema con la CNTE, pero al entrar las áreas de inteligencia coordinadamente, se fue cuadrando la información, como el hecho de que los grupos armados y su frente de masas tiene bodegas en la Ciudad de México donde almacenan los pertrechos que utilizan el los tramos radicales de sus movilizaciones. De ahí surgieron las detenciones de Jesús García Estrada, El Colmillo, señalado en los informes de inteligencia como presidente del Comité de Lucha en Ayotzinapa, y responsable de coordinar la logística y distribución de los explosivos, y de Juan Miguel Hernández Carbajal, El Mamado, que armó "los otros desaparecidos de Ayotzinapa", tras separarse de los dos grupos en los que se encuentran divididos los padres de los 43 normalistas. El EPR tiene su centro de pensamiento estratégico en la Universidad de la Costa, una universidad pública en Pinotepa Nacional, y aunque no está orgánicamente vinculada con la guerrilla, actúan en esa región donde los movimientos sociales luchan contra las desapariciones forzadas realizadas por los gobiernos de Morena, que es otra de las denuncias recurrentes de la organización armada. También, junto con el ERPI, tiene lazos históricos con la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero —siempre la ha negado—, que está afiliada a la CNTE. No hay evidencias de que el EPR pretendiera brotes de violencia armada en la Ciudad de México, sino utilizar la vitrina de la movilización para denunciar algo que está sucediendo ante nuestros ojos donde el país no está reparando: el fortalecimiento de leyes que pretenden mayor control social, como la cédula de identidad con datos biométricos, y el registro obligatorio de celulares, junto con la criminalización de la lucha popular, "que facilite una respuesta represiva". Esta, pese a las presiones de un sector duro en la '4T', no se dio pese a las provocaciones, como observó la presidenta, que pudo haber ya encontrado los resortes para acabar con esta crisis.


IDENTIFICADOR : COL.05 TÍTULO : DEBILIDAD AUTOR : DENISE MAERKER MEDIO : MILENIO FECHA : 10 Jun 2026 LECTURA : 4 MIN TEMA : POLÍTICA NACIONAL / ESTADO Y GOBERNABILIDAD FUENTE : https://www.milenio.com

¿Qué revela que la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) sea capaz de acorralar, como lo hace, al gobierno, chantajeándolo y sometiéndolo? Que la principal característica del Estado mexicano es su debilidad, no su fuerza. La fuerza de un Estado se mide por su relativa autonomía respecto a los grupos de poder legales e ilegales que cohabitan en una sociedad (sindicatos, empresarios, mafias). ¿Puede un gobierno imponer una política pública que afecte intereses de grupos poderosos económica o socialmente? ¿Tiene un control territorial autónomo? ¿Tiene un poder de administración y de gestión propios? La verdad es que, el régimen priista no construyó una estructura administrativa amplia, autónoma y económicamente sustentada en recursos fiscales, que le permitiera definir políticas públicas, negociando sí con los grupos afectados y organizados, pero preservando su capacidad última de imponer una visión del interés general del país. Pocos rubros revelan esto de forma tan transparente como el tema de la educación. En lugar de crear una burocracia propia (cuesta mucho dinero) para gestionar las relaciones laborales con los maestros y que definiera la política educativa, propició la formación de una organización sindical (SNTE) a la que procedió luego a entregarle la gestión del aparato administrativo y educativo. Acabó siendo un grupo de maestros beneficiados por una dirigencia impuesta y respaldada por el régimen, los que fueron ocupando las posiciones de la administración local y federal que hubieran debido corresponder a una burocracia institucional y autónoma. A cambio de esa abdicación, el régimen se las arregló para, sin tener que cobrar impuestos (para eso también se necesita autonomía), obtener la lealtad incondicional de la camarilla sindical (que se benefició económicamente) y se aseguró el control político sobre los maestros y su transformación en herramienta electoral cuando así se requiriera. Lo mismo hizo el régimen priista en Pemex con el sindicato petrolero, y lo mismo hicieron los sucesivos gobiernos con el agua: dieron concesiones, o hicieron pozos, que luego entregaron a ejidos, a comunidades y a particulares para que los gestionaran. Cuando el agua empezó a faltar descubrieron que hacía tiempo que había sido privatizada. Lo mismo hicieron en materia de seguridad; delegaron la seguridad en grupos de poder locales vinculados al PRI que, con el tiempo, fueron cooptados, y se convirtieron en instrumentos de las mafias que hoy asolan al país. Y lo cierto es que, por comodidad, conveniencia e incapacidad, ni los panistas, ni los perredistas, ni los morenistas, cuando han sido gobierno, lograron, quizá ni intentaron, aumentar la capacidad autónoma del Estado. Prefirieron no moverle, porque cualquier cambio, además de que exige un esfuerzo hercúleo, es potencialmente explosivo, y temen se vuelva inmanejable. El resultado es lo que todos vemos: grupos poco representativos de los verdaderos y legítimos intereses de sus agremiados, pero con el control suficiente sobre ellos, para movilizarlos y desafiar así periódicamente a un Estado, que cede, sin con ello mejorar de fondo las condiciones de los trabajadores, ni aumentar su control sobre la gestión de los recursos, ni la definición de las prioridades (educativas en este caso), pero perpetuando, eso sí, el poder de los dirigentes sobre sus agremiados, y por ende, sobre el propio Estado.


IDENTIFICADOR : COL.06 TÍTULO : QUÉ EXPLICA EL FRACASO DE MORENA EN COAHUILA AUTOR : VIRI RÍOS MEDIO : EL PAÍS FECHA : 10 Jun 2026 LECTURA : 6 MIN TEMA : POLÍTICA NACIONAL / ELECCIONES FUENTE : https://elpais.com

Desde su fundación, Morena ha crecido con la rapidez de una hiedra. En cuatro años, conquistó la presidencia. En cuatro más, tuvo la mayoría de los gobernadores. En dos más, la mayoría calificada en ambas cámaras. Hoy su expectativa de voto es de cuatro a uno. En todo el país, Morena ha destrozado a su oposición. Excepto en Coahuila. Coahuila es el único Estado que ha sido gobernado 97 años consecutivos por el PRI y el único que, al día de hoy, pone de rodillas a Morena. Y es que vale la pena ser claro. Lo que sucedió este domingo no fue solo una elección local, fue la consolidación de un régimen político al mando de Manolo Jiménez, gobernador de Coahuila y uno de los políticos más astutos con que cuenta este país. Jiménez es un gobernador legítimamente querido. El segundo que genera más confianza del país. El quinto con mejor evaluación de desempeño. Pero también es un hombre del poder que controla su Congreso local y que ha logrado hacerse de una prensa local mansa y un poder judicial a modo. El gobernador de Coahuila tiene de su lado una serie de programas sociales que le aseguran una base de apoyo y que derrotan a los de Morena. El secreto es la constancia. El PRI-Gobierno de Coahuila toca y habla con la gente todos los días. Lo hace mediante la afiliación a La Mera Mera, una tarjeta de descuentos, pero sobre todo a través de su programa estrella Mejora Coahuila, una organización territorial finamente tejida que realiza innumerables asambleas de barrio para regalar impermeabilizantes, lentes, enseres domésticos y alimentos a bajo costo. A esto hay que agregar un sistema electoral pensado para el éxito del PRI. Elecciones casi cada año —para nunca enfriar el territorio—, procesos no concurrentes con la federación —para movilizar sin competencia— y, he aquí la mayor genialidad, una marca independiente del PRI. El PRI que no es PRI. El PRI de Coahuila ha logrado hacerse de una marca independiente del PRI nacional. El coahuilense no asocia al PRI local con Alito Moreno o la corrupción del Grupo Atlacomulco. En Coahuila, el PRI es un Gobierno que da resultados y, sobre todo —aquí está la clave—, uno que le asegura no convertirse en uno de esos Estados gobernados por Morena. Mucho del imaginario político coahuilense se gesta en observar el maravilloso experimento natural que es La Laguna, una ciudad comprendida por Torreón, un municipio gobernado por el PRI de Coahuila, y Gómez Palacio, que es liderado por Morena de Durango. Los votantes suelen percibir al primero como más seguro, ordenado y mejor gobernado que al segundo. Muchos coahuilenses votan de forma esencialmente comparativa. Los votantes se sienten satisfechos porque su economía va mejor que la de muchos Estados y su incidencia delictiva es menor que la de todos sus vecinos. Las diferencias son abismales. Mientras que en Saltillo solo 17% de la población se siente insegura, en Durango el dato sube a 45%. En Coahuila no manda el crimen. Las mesas de seguridad funcionan, las fiscalías son relativamente eficientes e incluso, a nivel federal, se tiene una interlocución de confianza entre la federación y el Estado, algo que solo sucede en un puñado de casos. Sería un error, sin embargo, asumir que la dramática derrota de Morena en Coahuila se debe solo al fino actuar de la maquinaria priísta. También se debe y sobre todo a la torpeza de su dirigencia. Los errores cometidos el año pasado en Durango se repitieron aquí cual calca. La dirigencia llegó a organizar las elecciones con una metodología preconcebida y firme, sin conocer al Estado y desconfiando de los cuadros locales. El resultado fue la creación de comités burocráticos, que no tienen capacidad real de movilización territorial, y enorme fricción. Hubo incapacidad para disponer de recursos, información y división entre huestes federales y locales. La selección de candidatos fue un desastre. Morena se armó mayormente con cuadros de expriístas, gente de confianza de Andrés Manuel López Beltrán y perfiles de poca monta. El resultado fue derrotas que, en algunos distritos, llegaron a ser de tres a uno en favor del PRI. El discurso de Morena tampoco funcionó. No en el norte. Achacar al PRI y al PAN, dos partidos federales en andrajos, los malos manejos del país ya suena tedioso e irresponsable. Morena es a todas luces el poder. No es una esperanza de cambio, como lo era en 2018, sino un Gobierno que ya debe dar resultados. Todo lo anterior bosqueja una radiografía de cómo las oposiciones están encontrando maneras de volverse más competitivas. Una mezcla de políticas locales con amplia capacidad de movilización, narrativas comparativas potentes y, sobre todo, buen gobierno. El PRI de Coahuila se mantiene en el poder porque, debe reconocerse, ha creado un Gobierno que da confianza y resultados. Si Morena no logra hacer lo mismo, y pronto, en años subsecuentes lo veremos decrecer.


IDENTIFICADOR : COL.07 TÍTULO : TAN LEJOS, TAN CERCA AUTOR : DULCE MARÍA SAURI RIANCHO MEDIO : DIARIO DE YUCATÁN FECHA : 10 Jun 2026 LECTURA : 6 MIN TEMA : POLÍTICA REGIONAL / ELECCIONES FUENTE : https://www.yucatan.com.mx

Mérida se encuentra a 2,050 kilómetros de Saltillo. Una mira al Golfo de México; la otra, en el norte del país, comparte más de quinientos kilómetros de frontera con Texas. A simple vista parecen mundos distintos. Sin embargo, Yucatán y Coahuila tienen más semejanzas de las que suelen reconocerse. Ambas fueron regiones periféricas de la Nueva España, alejadas de los grandes centros de poder virreinal. Las dos desarrollaron una fuerte tradición federalista, alimentada tanto por convicción política como por necesidad práctica. En momentos decisivos de la historia nacional aportaron proyectos propios: de Coahuila surgió el constitucionalismo que enfrentó a Victoriano Huerta; en Yucatán florecieron experiencias pioneras de legislación social y protección de los sectores más vulnerables. También compartieron una pluralidad política relativamente temprana. El PAN encontró en ambos estados algunos de sus bastiones más sólidos fuera del centro del país. En distintos momentos conquistó sus principales ciudades y disputó con éxito el poder estatal en Yucatán. La alternancia dejó de ser una posibilidad remota mucho antes que en otras entidades. Sin embargo, Coahuila se conserva, a la fecha, como la única entidad federativa que ha sido gobernada por el PRI o sus antecedentes desde 1929, de manera ininterrumpida. Durante las últimas décadas, Yucatán y Coahuila han construido además un activo que hoy escasea en gran parte del territorio nacional: la seguridad pública. En Yucatán se ha mantenido durante años como una característica distintiva. Coahuila la recuperó después de atravesar algunos de los episodios más dolorosos de violencia asociados al crimen organizado, incluidos los acontecimientos de Allende. En ambos casos, la ciudadanía sabe que se trata de una conquista valiosa y frágil. Por eso resulta interesante observar lo ocurrido el domingo pasado en Coahuila. La elección de diputaciones locales era el único proceso electoral del país en 2026. En circunstancias normales habría tenido un interés predominantemente estatal. Sin embargo, la competencia entre el PRI gobernante y Morena la convirtió en una prueba observada con atención desde muchos rincones del país. Los resultados preliminares apuntan a una victoria amplia del PRI en los dieciséis distritos locales. Morena quedó en segundo lugar en todos ellos. Más sorprendente aún fue el desempeño de las otras fuerzas políticas. El PAN lucha por conservar su registro estatal; Movimiento Ciudadano no logró capitalizar la cercanía con Nuevo León; el Partido Verde evidenció las dificultades que enfrenta cuando compite lejos de la sombra protectora de Morena. La reacción fue inmediata. No faltaron quienes vieron en los resultados la prueba de una supuesta resurrección del PRI. Como militante priista, celebro el triunfo de mis compañeras y compañeros coahuilenses. Ganaron una elección difícil y demostraron que el trabajo territorial, buenos candidatos y candidatas, una organización eficaz y un gobierno bien evaluado siguen teniendo valor en las urnas. Pero conviene moderar el entusiasmo. En 2023 el PRI también ganó los dieciséis distritos locales y retuvo la gubernatura. Sin embargo, apenas un año después, Morena obtuvo la mayoría de los distritos federales, ganó las dos senadurías de mayoría y se impuso ampliamente en la elección presidencial dentro del propio estado. Los mismos electores que respaldaron una opción en una elección favorecieron otra distinta en la siguiente. Esa es una de las enseñanzas más importantes de Coahuila. Las democracias no otorgan triunfos perpetuos. Ningún partido recibe escrituras de propiedad sobre el voto ciudadano. Lo que hoy parece una fortaleza inexpugnable puede convertirse mañana en una posición vulnerable. Desde luego, Morena conserva ventajas significativas. El control del gobierno federal le proporciona instrumentos políticos, presupuestales y territoriales que ningún partido opositor posee. También enfrenta desafíos propios, entre ellos la creciente presión derivada de los conflictos de seguridad pública y de la relación con Estados Unidos. Nada de ello garantiza el resultado de 2027. Pero tampoco permite dar por concluida la competencia. Quizá por eso vale la pena mirar hacia Coahuila desde Yucatán. Los dos estados saben que la seguridad no surge espontáneamente; se construye durante años y puede deteriorarse con rapidez. Los dos han experimentado alternancias políticas. Los dos conocen la diferencia entre una victoria electoral y una adhesión permanente. Faltan menos de doce meses para las elecciones de 2027. Coahuila no ofrece una profecía sobre el futuro. Ofrece algo más útil: una lección de prudencia. En política, como en la vida, las victorias importantes nunca son para siempre. Hay que volver a ganarlas una y otra vez. Deseos. Que el jueves 11 de junio se inaugure el Mundial de Fútbol en paz. Que quienes legítimamente quieren manifestarse, logren hacerlo y visibilizar sus causas. Que millones de familias de México y el mundo disfruten un evento largamente esperado. Que de mañana jueves al domingo 19 de julio, la fiesta mundialista muestre que las naciones pueden disputar en el terreno de juego y, al término, darse la mano.