El casting del Segundo Informe: cuando el pasado reparte los papeles del presente

El casting del Segundo Informe: cuando el pasado reparte los papeles del presente

14/09/2026

 

Por Roberto Uscanga Hernández


Doscientos cuarenta y cuatro consultorios del IMSS-Bienestar para enero de 2027. Mil quinientos sesenta y dos millones de pesos en crédito para agua, movilidad y seguridad en Mérida. Un catálogo que suma puerto, tren de carga, gasoducto, universidades, vivienda y plantas de generación eléctrica. Con esos números encima de la mesa, cualquiera pensaría que el Segundo Informe de la gira de Claudia Sheinbaum en Yucatán, "Honestidad y Resultados", se organizó para explicar qué se hizo. Para algún agudo observador, sin embargo, el evento se organizó como un casting: quién puede invocar a Carrillo Puerto, quién se queda con el papel principal y quién apenas alcanza a dejar constancia de que sigue en el elenco rumbo a 2027.

Vale decir, antes de entrar al fondo, que no hay nada ilegítimo en que un acto de este tipo mezcle historia y política. Toda gira presidencial hace casting con su propio pasado, y sería ingenuo exigirle a Mérida un rigor contable que ningún informe de este formato ofrece en ningún estado del país.

No estuvo mal que Claudia Sheinbaum haya hablado de Canek, de Hidalgo, de Carrillo Puerto y del henequén antes de hablar de consultorios. El asunto es que ese casting de la herencia —quién hereda la autoridad moral de esos nombres— importó más, esa tarde, que quién puede demostrar un resultado ejecutado: el viejo predominio de la retórica sobre los hechos, el eufemismo del viejo PRI sobre la realidad.

La presidenta abrió con un dato de identidad —el orgullo de ser mexicano subió, según dijo, de 58% en 1990 a 90% hoy— y colocó enseguida la soberanía frente a la presión de Estados Unidos en temas de seguridad y narcotráfico. Es un papel que ella domina y que, en su terreno, resulta eficaz: cuando la nación está en escena, la pregunta sobre resultados locales espera entre bambalinas. Defender la soberanía del país es, para cualquier presidenta, un terreno legítimo. Esa misma luz, tan legítima en lo nacional, funcionó en Mérida como reflector que dejaba en penumbra la revisión de obra.

Ahí aparece el patrón que este espacio de 8 AM ha documentado ya, con el caso de la energía y con la respuesta a Coparmex: el gobierno estatal se queda con la mejor escena sin reescribir una sola línea del guion federal; le basta reencuadrarla.

Joaquín Díaz Mena llegó a esta audición con un papel modesto pero verificable: el crédito de 1,562 millones de pesos para agua, movilidad y seguridad en la zona metropolitana. Sheinbaum respondió con una frase breve de respaldo al proyecto hídrico. Bastó ese diálogo de segundos para que el comunicado oficial lo convirtiera en "respaldo federal" al Plan Bienestar Metropolitano, y a ese respaldo federal, en aval al Renacimiento Maya. Ascender de comparsa a protagonista con una sola línea prestada es, hay que reconocerlo, buena dirección de escena. Lo que no resuelve es la pregunta que un crédito de esa magnitud exige: qué mapa, qué calendario y qué mecanismo público permitirán a Mérida comprobar, dentro de un año, si el agua llegó o si solo llegó el comunicado.

Con Carrillo Puerto ocurre un casting más difícil de auditar, porque no deja cifras. Nadie tuvo que decirle a nadie que Díaz Mena hace el papel del heredero. Bastó ponerlo en la misma escena, hablar de pueblo y de justicia social, y dejar que el público hiciera el resto del casting por su cuenta. Es una transferencia de prestigio que no exige probar equivalencia de obra ni de circunstancia —y por eso mismo no debería cobrarse indefinidamente sin que el actor produzca, tarde o temprano, su propia evidencia de gobierno—. La historia puede prestarle a alguien un buen papel. No construye una tubería ni cierra un expediente clínico en el O'Horán.

Debajo del escenario principal corría un casting de reparto, menos vistoso pero igual de calculado. Naomi Peniche, Óscar Brito y Samuel Lizama documentaron su presencia en el acto. No hablaron desde el templete ni necesitaban hacerlo: en la lógica de la sucesión, aparecer en la escena y publicarlo es la forma más barata de decir que uno sigue en el elenco. Es un gesto que no garantiza ningún papel protagónico en 2027, pero que empieza a pesar cuando se repite entre quienes sí salieron en cuadro y se nota, como ausencia, entre quienes no. Veremos si ese mismo casting se repite en la tradicional ceremonia del "Grito" en Palacio este martes. Era lo que se esperaba, pero la pasarela se adelantó este año.

Lo que queda pendiente, otra vez, es distinguir entre lo que ya se filmó y lo que todavía es guion: "Se hará", "se apoyará", "entrará en funcionamiento" fueron las líneas dominantes de la tarde. Ninguna es ilegítima en un discurso que también busca proyectar futuro. Pero ningún catálogo de anuncios sustituye la escena que un informe debería estar en condiciones de mostrar: esto ya se filmó, y aquí está la toma. Mientras esa escena no llegue, cada visita presidencial seguirá repartiendo los mismos papeles —soberanía para la presidencia, respaldo para el gobernador, comparsa para los aspirantes— y el único personaje que de verdad le importa a quien abre la llave o pide una cita en el IMSS-Bienestar seguirá esperando su turno de entrar a cuadro.

En otras palabras, el evento dejó una interrogante sin responder en el Teatro Siglo XXI: más allá de quién se queda con el papel de heredero de Carrillo Puerto, la pregunta pendiente en Yucatán es quién está dispuesto a salir a escena sin guion prestado.