El púlpito de la página 4

El púlpito de la página 4

22/09/2026

Por Roberto Uscanga Hernández


Como publicamos ayer en 8 AM, el Diario de Yucatán abrió su edición con una llamada de primera plana poco habitual en la grilla local: “Admite errores en su derrota”. La promesa apuntaba a la página 4 y, hay que decirlo, era mayor que la nota de rutina. En una cultura política que suele resolver la derrota con silencio táctico o con la coartada de siempre, el rotativo anunciaba algo distinto: el balance maduro de Renán Barrera Concha, la mirada sin maquillaje al espejo después del descalabro de 2024.

Anticipábamos que la entrevista traería mucho posicionamiento y poco expediente. La edición de ayer permite ya comprobarlo con el texto en la mano: la escena elegida para el reencuentro no es un detalle menor. Barrera no compareció acorralado; entró al Museo del Diario de Yucatán con camisa blanca pulcramente fajada, pantalón de mezclilla oscura, gesto sereno y porte atlético.

A su alrededor, los anfitriones del Diario no actuaban como fiscales. Lo acompañaban por las salas del museo, entre linotipos, prensas y portadas que alguna vez fijaron en tinta los ascensos y las caídas del poder peninsular. El recorrido cumplía una función silenciosa: antes de que pronunciara una sola frase, lo arropaba con historia, respetabilidad y el peso simbólico de una casa editorial que acaba de cumplir cien años.

Ese paseo importaba porque convertía la entrevista en algo más que una conversación. Era también una escenografía. Una manera de decir que la voz que venía a hablar del tropiezo debía escucharse como la de un actor todavía digno de ser recibido entre las vitrinas de la memoria pública.

Y entonces, frase por frase, los errores empezaron a nombrarse y, apenas nombrados, a viajar. Preguntado por lo que hizo mal, no apareció primero una decisión suya, sino el paisaje: el proceso, dijo, estuvo lleno de arenas movedizas, y la arena movediza no diseña estrategias ni redacta mensajes; simplemente hunde.

La derrota misma perdió nombre y rostro: quedó comprimida en la fórmula “el resultado local ya conocido”, como si el triunfo de Huacho Díaz Mena fuera apenas un dato ambiental. Y cuando por fin llegó el error prometido desde la portada —reconoció que le faltó el diseño de un equipo de campaña—, la frase no alcanzó a completarse antes de cambiar de dueño: lo que faltó, dijo, fue un equipo que quisiera que él ganara. El error nació suyo y murió ajeno en la misma oración.

La paradoja se vuelve más visible porque Barrera no describe su campaña como un desastre, sino como una campaña buena, con debates ganados y un rival, dice, más accidentado que él. Si la pieza central funcionó, la falla tiene que estar en otro lado, y ese otro lado tiene nombre: recordó el momento en que pidió al entonces gobernador Mauricio Vila que la estructura estatal operara para él y ahí, según su relato, comenzaron las diferencias.

Más adelante confesó algo todavía más revelador sin proponérselo: que en casi una década al frente de Mérida nunca tuvo del todo a los dirigentes panistas como piezas propias, que respondían a otros grupos y equilibrios. Él mismo puso la imagen exacta para ese hueco: una candidatura a gobernador sin operación territorial alineada es, dijo, como una estrella de Navidad sin las esferas que completan el árbol hasta la base. La metáfora confiesa más de lo que pretende: arriba está la estrella; abajo, siempre, la culpa de quienes no sostuvieron.

El desplazamiento llega hasta el elector cuando explica el peso de los programas sociales del Renacimiento Maya: nadie en su sano juicio, sugiere, habría votado en contra de su propia vida. Y entonces asoma la frase que debía sonar a renuncia principista —“aquí viene una decisión personal y moral: obtener el poder a costa de lo que sea, o perderlo respetando lo que tú crees que debes de hacer”—, pero que llega tarde para sonar inocente. No apareció cuando las candidaturas del PAN se decidían desde arriba y él era el beneficiario; aparece ahora, cuando la lista ya no lo incluye y su exclusión necesita un nombre más noble que agravio.

Nada de esto se queda en 2024. La propia página 4 lo advierte con su encabezado: “La corona en riesgo”, con la alcaldía de Mérida —la joya que el panismo ha defendido por generaciones— amenazada por la misma división de liderazgos que Barrera describe. Lo que empezó como autopsia de una derrota pasada terminó instalando un aviso sobre 2027, y ese giro no es casual: la nota trae, al final, la palabra “Continuará”, con lo mismo que advertimos ayer: el señalamiento más directo a Vila, al grupo de Jorge Romero, Elías Lixa y Roger Torres, la advertencia velada a Cecilia Patrón y quizá, después, la justificación del tema de sus restaurantes como “operador de negocios”.

Hoy, cuando se queja del “voto cruzado”, revela lo que no había revelado cuando anunció, hace varios meses, que ya había digerido el tema de su derrota y su nueva figura sin hacerse alguna operación gástrica: la confesión de que muchas personas, en la calle, conocían más a Cecilia Patrón que al propio Renán Barrera. La confesión oculta de aquel que se acostumbró, luego de la pandemia, a salir en la foto y a regresar a su camioneta. A plantar a un rosario de candidatos a alcaldes en su campaña —Tixpéhual, Muna, etcétera— y hasta sugerir que terminaría su campaña antes de lo previsto para poder realizar un viaje a Europa en vísperas de Navidad.

Y aunque la portada prometió el expediente de un error, la página 4 entregó, en cambio, el expediente de una inocencia: nueve o diez desplazamientos distintos, cada uno impecablemente redactado, que llevan la responsabilidad del candidato al terreno, del terreno al equipo, del equipo a la estructura, de la estructura a los grupos y de los grupos al elector, sin que en ningún tramo del recorrido quede una decisión suya sosteniendo el peso completo de la derrota.

Sin ninguna decisión suya que le obligue a reconocer que la congruencia tiene costos que él no desea pagar, como, por ejemplo, explicarle a quienes votaron por él por qué, en 2011, denunció a funcionarios de la Secretaría de Fomento Agropecuario y Pesquero de Yucatán —encabezada entonces por Alejandro Menéndez Bojórquez— por un presunto fraude de casi tres millones de pesos en perjuicio de la Fundación Produce Yucatán, para después contratarlo como su operador político de campaña alterna.

Queda por verse si en una tercera entrega se atreve por fin a dejar quieto alguno de esos errores el tiempo suficiente para que alguien responda por él, o si también esta vez el lector tendrá que seguirlo viajando de párrafo en párrafo hasta perderle el rastro.