El altar de los vivos

El altar de los vivos

01/11/2026

Por Roberto Ponce Medina


En mi casa el altar se pone el 31 por la tarde, como lo ponía mi madre: la foto de los que se fueron, el xec, la vela, el pib. Este año puse a mi mujer, a mis padres y, en una esquina, a don Carlos Castillo Peraza, que no era de la familia pero sí de la casa. Uno pone en el altar a los que ya no pueden defenderse. Por eso me llamó la atención el altar que armó mi partido esta semana, porque le puso vela a alguien que está viva, gobierna y, según el periódico de siempre, gana por treinta puntos.

Recapitulo. El lunes seguíamos celebrando la encuesta. El martes, un portal de la capital publicó que la dirigencia nacional de Acción Nacional evalúa al coordinador de nuestros diputados en San Lázaro para competir por Mérida, "por los problemas de la gestión" de la alcaldesa. No lo dijo un adversario. Lo dijo alguien de adentro que habló con un reportero, que es la forma en que mi partido ha dado siempre las noticias que no se atreve a dar de frente.

Pongamos las dos cosas juntas, que es lo que nadie quiere hacer. Si la alcaldesa gana por treinta, buscarle relevo es una ingratitud. Si hay que buscarle relevo, la encuesta era un pib de utilería. Las dos no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Y sin embargo mi partido las sostuvo en la misma semana, con la misma mano.

Yo entiendo la mecánica, porque la vi funcionar durante cuarenta años. El exgobernador ofreció desde el Senado su apoyo "único e incondicional". En las casas de mi rumbo sabemos leer esa frase: cuando un apoyo necesita dos adjetivos, es porque tiene condiciones. El excandidato, desde su casa, rompió en agosto con el dirigente nacional, llamó traidor al senador y a la alcaldesa le dijo lo que le dijo, que no repito porque mi madre me educó. Y el dirigente estatal, entre uno y otro, perdió a su secretaria general, que 48 horas después ya despachaba en la Comuna, como para que no se le vaya. Tres cabezas, ninguna voz, y ahora una cuarta foto que alguien ya está enmarcando en la Ciudad de México.

Lo que me indigna no es la grilla. La grilla es el pan de cada día desde que Gómez Morín fundó esto. Me indigna la cobardía del método. En el panismo que yo conocí, si alguien creía que un gobierno iba mal, lo decía en la asamblea, con su nombre, y se atenía a perder la votación. Hoy se dice en un portal, sin nombre, mientras se abraza a la señora en la conferencia del lunes. Eso no es doctrina. Es el modo de los que aprendieron política en una oficina de gobierno y no en una casilla.

Y la señora, hay que decirlo, ayudó a armar su propio altar. Agradeció en público el respaldo de quien ya no tiene cargo en Yucatán, en su propia conferencia de prensa, como quien recibe permiso. Despidió a dos funcionarios de primera línea y lo llamó ajuste administrativo. Una alcaldesa que pide permiso en voz alta le está diciendo a la ciudad de quién es la candidatura. Y en mi partido, el que da el permiso también puede quitarlo. Eso es lo que leyó la dirigencia nacional, y por eso ya anda midiendo cajas.

Hay una regla del Hanal Pixán que todos los yucatecos conocemos: al altar no se le pone foto de un vivo, porque trae mala suerte. Mi partido la rompió esta semana. Le puso vela a su propia alcaldesa, le dejó el pib caliente y empezó a buscar en la cocina quién se lo come. Si ella gana en junio, tendrá que gobernar con los que ya le midieron la caja. Si pierde, los mismos dirán que lo advirtieron en octubre.

Don Carlos decía que un partido que no sabe honrar a sus vivos no merece a sus muertos. Nosotros, por lo visto, hemos aprendido a hacer las dos cosas mal en la misma semana.